sábado, 16 de diciembre de 2017

Día 1 Viaje Alaska (29/08): vuelo ida Bilbao - Anchorage con escala de varias horas en Frankfurt


El primer día del viaje iba a ser muy largo: el avión salía desde Bilbao a las 6:45 y tras una escala en Frankfurt de varias horas llegaríamos a Anchorage alrededor de las 16 de la tarde hora local, o lo que es lo mismo, a las 2 de la mañana hora de España. A partir de ahí quedaría ir a recoger la caravana, hacer una gran compra para proveernos de todo lo necesario y buscar un sitio aceptable donde pasar la noche. En resumen, más de 24 horas sin dormir.

De hecho el viaje comenzó la tarde anterior ya que la noche previa al vuelo dormimos en casa de unos amigos en Barakaldo (mil gracias Cris y Pedro!!). Ese día nos levantamos sobre las 4:15, ya que el aeropuerto de Bilbao abre a las 5 de la mañana y a menos veinte habíamos reservado un taxi con Epictransfers. No solemos coger muchos taxis y nunca habíamos reservado a través de Internet, pero siendo para esas horas nos pareció lo mejor y fue un acierto: a la hora acordada nos estaba esperando en la puerta de casa y en menos de 15 minutos estábamos en el aeropuerto. Nosotros habíamos hecho el pago en el momento de la reserva (dan opción de cancelación gratuita hasta 24 horas antes del viaje) por lo que no tuvimos que entregar nada más.

Una vez en el aeropuerto tocaba facturar y desayunar y esto último lo hicimos en la única cafetería que había abierta antes de pasar el control de seguridad con los precios habituales de aeropuerto: colacao a 2,50 €, menú a 7 €...

La primera parte del vuelo Bilbao - Frankfurt estaba operado por Lufthansa, pero como habíamos comprado el billete completo en Condor nos dieron todas las tarjetas de embarque al facturar y no tuvimos que preocuparnos de la maleta hasta el destino final.

En este primer trayecto, que salió puntual, nos dieron desayuno gratis, una especie de mini-trenza con bebida a elegir entre zumo, té, café y agua y llegamos a Frankfurt sobre las 9. El aeropuerto internacional de Frankfurt es impresionante, probablemente de los más grandes por los que hemos pasado hasta ahora. De hecho, el avión tras aterrizar cruza una autovía por encima para llegar a la terminal y en varias zonas del moderno edificio de salidas hay zonas audiovisuales, duchas, consolas de videojuegos, etc.



Como nuestro siguiente vuelo no salía hasta las cuatro de la tarde y hacía buen día decidimos acercarnos al centro de Frankfurt para hacer más amena la espera. No habíamos buscado mucho, sólo que había trenes de cercanías que conectaban con la ciudad y seguimos las señales hacía los andenes. Compramos un billete de grupo para ese día (válido hasta 5 personas) por 16,40 €, porque coger ida y vuelta eran 9 € por persona y esto salía mejor. Aunque según los horarios de los tablones nos pareció entender que pasaban cada 15 minutos estuvimos bastante rato esperando. Hay que tener precaución con el andén ya que hay tres y aunque el 1 y el 3 van en el mismo sentido, este último es para trenes regionales que pasan con menos frecuencia. Nosotros tardamos un rato en saberlo, hasta que nos lo comentó un señor muy simpático que debió vernos un poco perdidos...

En apenas un cuarto de hora el tren nos deja en el centro. En nuestro caso nos bajamos en Frankfurt Hauptbahnhof, la majestuosa estación central.




En ella hay todo tipo de servicios y Oficina de turismo donde conseguir mapas, aunque el gratuito es bastante malo, si se quiere uno con más detalle hay que pagar 50 céntimos.






Delante de la estación hay parada de tranvía pero como no teníamos un destino concreto y queríamos despejarnos un poco preferimos caminar. Desde la puerta principal avanzamos todo recto para llegar al centro histórico de la ciudad, pasando por calles comerciales y el famoso símbolo del € en la Willy-Brandt-Platz, delante de la Eurotorre, antigua sede del Banco central europeo, y de la Torre Commerzbank, un rascacielos de 259 metros de altura que fue el edificio más alto de la Unión Europea hasta 2012.




Continuamos hacia la plaza del Ayuntamiento viendo ya los primeros edificios históricos, como el que hoy en día alberga lo que en España conocemos como Registro civil.



Unos metros más adelante nos damos de bruces con la plaza Römerberg, en la que se sitúan varios edificios de interés como el Römer que le da nombre, una casa noble que fue utilizada antiguamente como sede para celebrar el cónclave donde se elegía emperador y que desde 1405 alberga el Ayuntamiento.



En esta plaza se han sucedido lo largo de los siglos mercados, fiestas, torneos o ejecuciones públicas. En el centro se encuentra la Fuente de la Justicia, que encontramos vallada y al otro lado una serie de casas con entramados de madera reconstruidas en 1986 según planos históricos.



En un lateral está la antigua Iglesia de San Nicolás, una capilla palaciega real del siglo XIII.



Si continuamos recto llegamos a otro de los edificios emblemáticos de la ciudad, la Kaiserdom, catedral imperial de estilo gótico dedicada a San Bartolomé. Se puede acceder a su torre de 95 metros de altura que ofrece buenas vistas sobre el resto de la ciudad desde una plataforma a 66 m. En ella se coronaban además los emperadores desde 1356.



Decidimos ir regresando hacia la estación para que no se nos hiciera muy tarde y escogimos el paseo del río o Mainkai para ello.







Se puede recorrer también en barco turístico y desde él se tiene otra perspectiva de la ciudad, con los rascacielos surgiendo intercalados entre el resto de edificios.





Pasamos junto al Eiserner Steg, un puente de hierro peatonal construido en 1868 que conecta el casco antiguo con el barrio de Sachsenhausen y desde el que se tienen buenas vistas del río y los rascacielos.




Como muchos otros puentes de ciudades de todo el mundo está lleno de candados. Además junto a él encontramos el embarcadero para los recorridos turísticos.



Frente al puente está el Museo de Historia o Historisches Museum, que llama la atención por su torre del reloj.



Como se iba acercando la hora de comer decidimos regresar a la zona de la estación para buscar algún sitio donde comprar algo aparte de los bocadillos que llevábamos. En la calle Kaiserstrasse, situada frente a la estación central, encontramos un mercadillo con varios puestos de comida y mesas y compramos bratwurst por 2,80 € para comerlo allí. No sabemos si está diariamente o sólo días concretos.

Tras el almuerzo cogimos el tren al aeropuerto siguiendo las indicaciones que nos habían dado en la Oficina de turismo de la estación (andén 103, líneas S8 o S9). Cuando llegamos allí nos sorprendió un señor que nos pidió el billete si no lo íbamos a usar más, estuvimos hablando un rato con él de lo que nos llevaba allí a cada uno y nos indicó muy amablemente como llegar a la facturación de Condor y a las puertas de embarque.

Nuestro vuelo salía de la zona B y está bastante mejor este espacio una vez pasado el control de seguridad con multitud de enchufes y zonas de trabajo, que la zona de facturación, donde los asientos son más bien escasos. En la puerta de embarque estaba situada en un área amplia con forma circular donde había pantallas, tumbonas y cafetería, aunque a nosotros nos empezaba a pasar factura el madrugón. Durante la espera el personal del mostrador de Condor ofreció en varias ocasiones la posibilidad de cambiar a clase Premium por 99€ y a Bussines por 329 €/persona, ya que el vuelo iba medio vacío, lo que puede ser una buena oportunidad para escoger un asiento mejor en el último momento.

El avión es muy sencillo, un Boeing 767, o lo que es lo mismo un "low cost" de largo recorrido, lo que implica que no hay mucho espacio entre asientos y la comida, aunque está incluida, no es para tirar cohetes. Entre la zona Premium y la Economy no nos pareció que hubiese mucha diferencia, el espacio entre asientos era similar.



Tanto en Economy como en Premium cada asiento tiene una pantalla de 9 " con usb y varias opciones de entretenimiento (música, series, películas, vuelos de aterrizajes o mapa del trayecto) pero en Economy sólo se dispone de un número limitado de series y pelis (2 de cada) y música y si se quiere la opción Superior hay que pagar un suplemento.






Poco después de despegar (sobre las 17 hora europea), nos sirvieron la cena: macarrones con queso y tomate, crackers, ensalada de col, un bollo con mantequilla para untar y mousse de chocolate.





Después de la comida y en un par de ocasiones a lo largo del vuelo pasan ofreciendo bebida: zumos, café, té, agua... De todos modos en el vuelo de ida había un botellín de agua en cada asiento y como en Economy éramos pocos pasajeros no lo echamos en falta en ningún momento.

Aunque escuchamos algo de música y a la vuelta vimos una peli, a nosotros lo que más nos gustó fue la pantalla con la información del recorrido, ya que te van informando en tiempo real de la altitud a la que te encuentras, velocidad, temperatura exterior y distancia recorrida, además de una imagen con las zonas en las que es de día y de noche y la hora local en distintas ciudades del planeta, lo que te permite comprobar como vas retrocediendo en el tiempo.



Y es que como si de magia se tratara (o del día de la marmota empezando de nuevo) las 10 horas de diferencia que separan España de Alaska se convierten en tiempo negativo en hora local, ya que saliendo de Frankfurt sobre las 16 horas llegamos a Alaska pasadas las 3 de la tarde!!!


Como se ve en el vídeo, el avión tras salir de Frankfurt se dirige hacia el norte hasta las islas Svalbard y después avanza casi por encima del polo dejando atrás las últimas extensiones de tierra firme.

Es también por este motivo que se consigue recorrer una distancia tan grande en menos de 10 horas, aprovechando la curvatura de la Tierra y volando a una altitud que ronda los 11.000 metros.




Aunque sabíamos que teníamos que aprovechar para dormir, entre que era de día todo el tiempo y la emoción que sentíamos por ver el casquete polar, apenas descansamos un par de horas.


Pese a que el tiempo no acompañó demasiado y gran parte del vuelo fue sobre un mar de nubes que nos impedía ver lo que había debajo, pudimos observar en algunos momentos el hielo flotando en pleno Océano Ártico y cumbres blancas sobresaliendo entre las nubes y realmente impresiona.



Aproximadamente una hora y media antes de llegar nos dieron lo que equivaldría a la comida allí (2 de la tarde en Alaska, 12 de la noche en Europa), algo más pobre que la anterior: una mini hamburguesa con puré de patata, un pretzel y un bizocho.

Además volvíamos a sobrevolar tierra firme y las nubes nos daban una tregua para disfrutar de nuestras primeras imágenes de Alaska.





Aunque las fotos a través de la ventanilla del avión dejan bastante que desear era impresionante ver bastas extensiones sin signos de presencia humana, sólo cubiertas por nieve, retorcidos ríos e infinidad de montañas.





A medida que avanzábamos hacia el sur y nos acercábamos a nuestro destino el paisaje iba cambiando, aunque seguíamos sin ver grandes infraestructuras ni poblaciones. 

Finalmente sobre las 15:15, una media hora antes de la hora prevista, aterrizamos en el aeropuerto de Anchorage. Nos esperábamos algo más grande teniendo en cuenta que es el principal del Estado pero a la llegada nos pareció todo muy sencillo.

El trámite para pasar la Aduana es infinitamente más sencillo que en otras ciudades de Estados Unidos, aunque tampoco disponen de mucho personal por lo que en cuanto se juntan un par de aviones la colas se alargan un poco, en especial para viajeros de fuera. Nosotros estuvimos esperando una media hora. Sin embargo una vez en la ventanilla el proceso son 2 minutos: entrega de pasaporte, foto, huellas y poco más. En el avión ya nos habían entregado los impresos a rellenar. Antes de recoger el equipaje facturado otros agentes te preguntan si llevas alimentos no permitidos, pero al menos a nosotros no nos revisaron nada. 



Tras recoger el equipaje facturado nos encontramos en la "acogedora" terminal de llegadas, tan pequeñita que apenas dispone de servicios. Por no haber no había ni Internet y el único cajero automático que vimos tenía un cartel avisando que se podían cobrar tasas dobles, por lo que dejamos lo de sacar efectivo para más adelante. Eso sí, la emoción de la llegada al país de los osos era inevitable.

Llamamos a Clippership Motorhome Rentals, la empresa con la que habíamos reservado la autocaravana (más info en la entrada sobre Cuestiones prácticas) para que nos viniesen a recoger, ya que ofrecen un servicio gratuito de shuttle entre el aeropuerto y su oficina. Una vez allí rellenamos los papeles necesarios, hicimos el pago y nos enseñaron la autocaravana que nos habían asignado y lo necesario para funcionar con ella, ya que era nuestra primera vez con un vehículo de este tipo.



Un detalle a tener en cuenta es que las autocaravanas americanas en general no se parecen mucho a las que estamos acostumbrados a ver por Europa. Además de que suelen ser bastante más grandes, en tema de diseño habitualmente son más simples y las de alquiler son normalmente antiguas y bastante usadas. Esta empresa permite seleccionar modelos por franjas de antigüedad y aunque en teoría nos proporcionaron una más moderna a la que habíamos elegido su interior dejaba bastante que desear, pero había que acostumbrarse a ella ya que iba a ser nuestra casa móvil durante las siguientes 2 semanas.



Además con el cansancio acumulado por llevar más de 24 horas sin dormir lo único que queríamos era salir de Anchorage y encontrar donde dormir. Necesitábamos antes aprovisionarnos de lo necesario para los primeros días y habíamos leído por Internet que algunas cadenas de supermercados (Safeway, Fred Meyer) tenían tarjetas de fidelización gratuitas con las que obtener descuentos en productos y gasolina, por lo que paramos en un Safeway que ya teníamos localizado a la salida de la ciudad. Las tarjetas se pueden pedir al pagar al propio cajero/a (más info en el post de Cuestiones prácticas del viaje) y tras cargar la compra en nuestro enorme trasto con ruedas seguimos hacia el norte buscando un sitio donde parar a cenar algo rápido e irnos a dormir.

Habíamos leído que no era complicado encontrar zonas donde pasar la noche pero nos llevó más tiempo de lo que esperábamos porque esto se cumple más en áreas menos pobladas y no junto a una autovía, y el cansancio y el desconocimiento nos pasaron factura.

Finalmente viendo que empezaba a anochecer optamos por el aparcamiento de un local abandonado junto a la carretera entre Houston y Wasilla. Aunque no era el lugar ideal por su cercanía a la carretera y las vías del tren, nos valía para cenar algo rápido e irnos enseguida a dormir para así despedirnos de uno de los días más largos de nuestra vida.



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