domingo, 10 de junio de 2018

Día 11 Viaje Alaska (08/09): Kenai y Vuelo en busca de osos a Crescent Lake (Lake Clark NP)


Este día tocaba madrugar. Nos levantamos a las 7:00 para estar a primera hora en Talon Air y preguntar si tenían sitio para volar a ver osos y si eso comparar las condiciones antes de confirmar en Alaska West Air, con los que habíamos hablado por teléfono el día anterior.



Por desgracia estaba completo todo el fin de semana. La única opción que tenían disponible era el Flightseeing, para lo que había que alquilar la avioneta completa por más de 3000 $, inaccesible para nosotros 2 solos, por lo que pusimos rumbo a Alaska West Air, cerca de Nikiski. Aunque habíamos quedado en llamar sobre las 9:00 para confirmar, preferimos ir hasta allí para verlo y hablar con ellos antes de contratarlo, ya que era mucho dinero y queríamos estar seguros de que era lo que buscábamos.

Para llegar a la oficina hay que coger un desvío señalizado a mano derecha antes de llegar a Nikiski y recorrer durante un par de millas una pista de gravilla en no muy buen estado a través del bosque. La oficina está junto al Salamatof Lake, ya que en general estas actividades se hacen en hidroaviones que salen y llegan a lagos. Aunque al principio parecía haber dudas sobre lo que nos habían ofrecido, tras consultar con la persona con la que habíamos hablado por teléfono el día anterior todo queda arreglado. Nos recuerdan que debemos estar allí a las 12:30, media hora antes de la salida y entonces efectuaremos el pago de 450 $ (+ 8$ de tasas) por persona por 3 horas con los osos en Crescent Lake, a las afueras del Lake Clark National Park.

Para hacer tiempo hasta esa hora recorremos la carretera de Nikiski hacia el norte hasta donde acaba el asfalto, junto al Captain Cook State recreation area, y buscamos algún claro desde donde ver los volcanes nevados del otro lado de la ensenada. En realidad esta zona no tiene mucho interés, las vistas hacia el mar están bastante tapadas por árboles y el resto es área industrial de fábricas relacionadas con el petróleo.





De regreso hacia el sur nos acercamos a la playa de Kenai, desde donde se pueden ver los volcanes, como el Mont Redoubt de 3.108 metros de altitud, y con suerte hasta alguna ballena en el mar.



Como durante el tiempo con los osos no comeríamos nada para evitar atraerles con la comida, decidimos almorzar antes del vuelo para no estar tanto tiempo con el estómago vacío. Aprovechamos el amplio aparcamiento del Visitor Center para aparcar allí con la caravana y beneficiarnos además de su wifi gratuito.




De regreso a la oficina de Alaska West Air rellenamos unas fichas con nuestros datos personales, nos pesamos (por tema de combustible) y pagamos la actividad. No nos dan ninguna equipación especial, sólo nos recomiendan llevar una chaqueta para frío y lluvia por si cambiase el tiempo a lo largo del día.



Finalmente nos dirigimos con el piloto y el que será nuestro guía a la avioneta que hay en el lago junto a la oficina. Nos ofrecen ir alguno de los dos de copiloto y lo cierto es que las vistas desde la cabina son espectaculares, merece mucho la pena.



Además el piloto nos va comentando por los cascos los puntos más importantes, llegándose a ver incluso el Denali despejado a lo lejos. Ya en sí mismo el vuelo hace que la actividad merezca la pena pese a su elevado precio.




Cruzamos el Cook Inlet hasta llegar a su costa oeste, una zona prácticamente despoblada y a la que sólo se puede llegar por aire o por agua, no hay carreteras ni casi civilización salvo algunos alojamientos para turistas y cabañas.




De la costa totalmente plana y de pastos pasamos a una zona de montañas impresionantes, atravesadas por valles glaciares y ríos serpenteantes.




Así alcanzamos las cumbres nevadas de la cordillera aleutiana en la que abundan los volcanes como el Mt. Redoubt, el más próximo a nuestro destino Crescent Lake, y que vemos asomarse entre las nubes. Es el más alto de la cordillera y está activo, entró en erupción por última vez en 2009. Algunos otros importantes del arco aleutiano son Mt. Iliamna, Mt. Augustine (en la isla del mismo nombre) y Mt. Spurr.




Finalmente el lago se abre ante nosotros, en medio de un paraje espectacular que no podíamos ni imaginar, con sus aguas turquesas rodeadas de paredes casi verticales coronadas de nieve y una vegetación multicolor.





Y justo cuando vamos a aterrizar vivimos uno de los momentos más especiales: nuestro primer grizzly!! El piloto nos avisa para que veamos un oso que nada tan tranquilo mientras nosotros sobrevolamos el lago.




Poco después amerizamos y llegamos hasta una de las playas de piedras del lago, donde nos espera un grupo de pescadores que iban a recoger. De hecho la actividad la habían encajado así aprovechando otros grupos tanto a la ida como a la vuelta.



Desde tierra el lugar era aún más espectacular que desde el aire, parecía de película y el hecho de que además pudiésemos encontrar algún oso a la vuelta de la esquina todavía lo volvía más increíble.




Aunque la barca con la que recorreremos el lago no nos da mucha confianza estamos como locos por empezar a ver osos.



El primero al que nos dirigimos es el que habíamos visto desde el avión que ha dejado de nadar para pescar un poco y darse un buen festín de salmones.
No sé si por ser el primero o por los buenos momentos que nos dio es uno de los que me dejó mejor recuerdo. Pudimos verlo comer, sacudirse el agua o simplemente descansar tan tranquilo rodeado de mosquitos como si no estuviésemos a menos de 10 metros de él.



Vivir algo así, con un animal como el oso, uno de nuestros favoritos, y en un lugar como ese de película fue uno de los momentos más emocionantes que hemos vivido y lo recordaremos siempre.



Aunque podíamos habernos pasado horas junto a él, nuestro guía nos animó a buscar otros y dejarle un poco de intimidad. Lo cierto es que no pensábamos que fueran tan fáciles de ver, ni que hubiese tantos o que se pudiera estar tan cerca de ellos, esto último gracias a la lancha con la que nos movíamos.

El siguiente oso que vimos era algo más huidizo y en cuanto nos acercamos salió corriendo a esconderse entre la vegetación, por lo que seguimos buscando siguiendo la costa meridional del lago.

Encontramos otro macho que caminaba por la orilla y acabó subiéndose a la rama de un árbol aunque por poco la parte y se cae al agua, afortunadamente vio el peligro a tiempo y retrocedió.



Algo más adelante otro que parecía jovenzuelo metido en el agua llegó nadando hasta una rama donde se quedó entretenido un rato jugando.




Era muy gracioso como se iba moviendo por ella y las caras que ponía, lo disfrutamos un montón y aunque parezca mentira en poco tiempo le cogimos cariño.



Cuando seguimos avanzando por la costa sur vemos que un poco más adelante hay una barcaza.


El guía nos comenta que es de los clientes del Lodge que hay junto al lago. Son más cómodas porque tienen techo y asientos pero tienen el inconveniente de poder acercarse menos a los osos y moverse más lentas.





Cuando llegamos hasta ella vemos que están observando un macho más grande, de mayor edad y pelaje oscuro que se va asomando a la orilla aunque no parece que le guste demasiado tener público.



Enseguida se mete hacia el bosque y ponemos rumbo hacia la otra orilla del lago. El llamativo color turquesa de sus aguas se debe al polvo de rocas en suspensión consecuencia de la erosión glaciar.




Sin embargo primero nos dirigimos a la parte noroeste del lago. Crescent lake es bastante grande, con unos 17 km de largo y 6 de ancho, y no llegamos ni por asomo hasta su otro extremo pero pudimos disfrutar de las vistas sobre esa zona que nos quedaba tapada y ver imponentes montañas nevadas, cascadas y glaciares a poca distancia de allí pertenecientes a las Chigmit Mountains.







Yo estoy alucinada con el paisaje pero nuestro objetivo allí estaba claro que eran los grizzlies así que cruzamos a la orilla norte del lago en busca de más. Aún no habíamos visto ninguna osa con crías.



El primer oso que vemos es otro macho solitario que camina todo el rato por la orilla haciendo equilibrios.



Cuando no queda más remedio se mete al agua para seguir avanzando, aunque parece que prefiere avanzar entre las rocas antes que sumergido.


Y cuando nos alejamos un poco de allí hacia donde se encuentra ahora la barcaza del Lodge descubrimos qué miran con tanto interés: una mamá con 3 oseznos (cubs en inglés).
Aunque ya no eran muy pequeños, ya que generalmente el alumbramiento se produce entre enero y marzo, el encuentro tenía mucho mérito, puesto que tal y como nos comentaba el guía es bastante raro encontrar una madre con 3 oseznos, en muchos casos no nacen más de 2 y en otros fallecen durante los primeros meses, habitualmente ataques de otros osos.

Y a semejante familia numerosa había que alimentarla así que la madre no paraba de moverse en busca de salmones para sus crías. Y aquí nos llevamos el susto del día: nuestro guía acercó la barca a la orilla y de repente vemos que la madre se mete al agua... y viene directa hacia nosotros! Lo que no sabíamos es que iba a por un salmón que nuestro guía ya había fichado y lo pescó justo delante nuestro!



Del susto no nos dio tiempo ni a grabarlo casi pero la verdad es que fue toda una experiencia verla venir hacia nosotros y pescar tan cerquita, se lo agradecimos mucho al guía.
Mientras disfrutaban del banquete nos fuimos a continuar con la búsqueda. Pusimos rumbo a la desembocadura del lago, hacia el extremo sur por donde habíamos empezado el recorrido. Sin embargo en esta zona no se veían osos y volvemos hacia algunos del principio.




Encontramos algún otro macho caminando por la orilla pero se marcha enseguida.




Mientras continuamos la búsqueda seguimos disfrutando del paisaje. A medida que avanza el día la luz está mejor y es todavía más bonito.



Así llegamos hasta el del pelaje más oscuro, aunque sigue con cara de pocos amigos.



Como más o menos hemos recorrido toda la zona nuestro guía nos pregunta si queremos volver a buscar alguno en concreto, pero cuando le pedimos volver donde la mamá con las 3 crías al otro lado del lago nos dice que está muy lejos y no lleva gasolina suficiente y que lo mejor es ir volviendo hacia la playa donde nos recogerá la avioneta porque no tardará en llegar, aunque son sólo las 4 de la tarde y en teoría se trataba de 3 horas en el lago, pero ante la falta de gasolina tampoco podemos hacer mucho más.

Durante el camino de vuelta vamos parando a ver si encontramos algún grizzly más y ya cerca de la playa vemos otra mamá con 2 crías que al poco se enzarza con un oso. Dejó a las 2 crías en un sitio y se acercó donde estaba el macho para ahuyentarle. Aunque no pudimos verlo porque estaban entre la vegetación, nos llamó la atención como se comunicaba con los oseznos para avisarles y los gruñidos/bufidos que hacía para espantar al macho.




Una vez en la playa, mientras esperábamos, estuvimos hablando con nuestro guía de todo un poco: sobre osos, los nombres que recibía y viendo excrementos suyos en la playa ya que era una zona por la que solían pasar, de ahí que debiésemos tener la barca lista con combustible por si aparecían... o temas más personales como que había estudiado español en el colegio pero apenas recordaba 3 palabras.




También hablamos de meteorología y cómo deben controlarla los pilotos allí ya que en esa zona apenas tienen datos ni previsiones certeras o de cómo pasan el invierno cazando osos y alces con todo cubierto de blanco. De hecho nos recomendó volver en esa época ya que para él era la mejor. Había nacido y crecido allí y era un apasionado de la pesca y la caza, creemos que no entendía muy bien lo que hacíamos los extranjeros de pagar por ver osos cuando para él era algo normal y sólo veía interés en cazarlos y usar sus pieles.




Aprovechamos también para hacer las últimas fotos del lago y los alrededores y algunas con la barca que nos había dado un poco de "miedito" al principio pero gracias a la cual habíamos podido acercarnos tanto a los grizzlies.










Por fin pasadas las 5, casi una hora después, llegó la avioneta con un grupo de 4 estadounidenses que habían pasado el día en Katmai y paraban de regreso a recogernos a nosotros. Nos dio un poco de envidia aunque lo cierto es que alucinaron al ver el lugar, por lo que creemos que Crescent lake no tiene mucho que envidiar a otros destinos famosos de la zona.



Su guía y piloto era muy majo y decidió que la jornada aún no había acabado. Para pesar de nuestro guía que tenía planes y estaba deseando llegar pero para alegría del resto, nos dio una vuelta por los volcanes y glaciares cercanos que nos dejó sin respiración. Creemos que había fallado la comunicación en la empresa, nuestro guía creía que estaríamos menos tiempo y nos recogerían antes y por eso no llevaba demasiada gasolina pero en realidad al final en el lago estuvimos incluso más de las 3 horas que nos habían ofertado.





Si el vuelo de ida nos había parecido impresionante el de vuelta lo fue aún más sobrevolando el hielo y lugares que parecían de otro planeta.






El tiempo había mejorado, había muchas menos nubes que por la mañana y pudimos rodear el Mt. Redoubt y otros picos de más de 2.000 metros de altitud además de sobrevolar ríos inmensos o vastas extensiones de nieve y hielo.






Aunque ya habíamos visto glaciares anteriormente, e incluso andado sobre uno en nuestro viaje a Islandia de 2014, el hielo y sus grietas continúan llamando nuestra atención como el primer día, quedando casi hipnotizados con sus formas y colores.




Pero no sólo el hielo era protagonista aquí. También el agua, con sus colores azules, verdes y turquesas en lagos o marrones y blanquecinos en ríos y cascadas de deshielo eran igual de espectaculares.




Por desgracia había que regresar a tierra firme, no sin antes atravesar otra de las grandes maravillas de esta zona casi virgen que nos hace enamorarnos aún más de un planeta que tenemos que cuidar.




Salpicada de laguitos, ríos y abriéndose al mar, nos sorprendió ver incluso caribous que salían corriendo a nuestro paso, aunque no pudimos captarlos con las cámaras.





Cuando aterrizamos y nos despedimos de la gente creo que aún no habíamos asimilado lo que acabábamos de vivir. Aunque quizá podía haber sido mejor en cuanto a organización el conjunto de la experiencia fue indescriptible, ha sido con los días o incluso meses cuando nos hemos dado cuenta de lo que vivimos, de lo afortunados que hemos sido y de lo especial que fue ese día para nosotros.

Pero el día aún no había terminado y de camino a Soldotna paramos a dar un paseo por Kenai, un pueblo que destaca por sus edificios históricos. Por un lado las 2 iglesias rusas de más de 100 años: la Chapel of St. Nicholas de 1906, en honor a Iguman Nikolai, primer misionero en la zona y que trajo la vacuna de la viruela a la Península de Kenai...




... y la Holy Assumption Orthodox Church, de 1896, la iglesia rusa ortodoxa más antigua de Alaska que queda en pie.



Junto a esta última encontramos el curioso Veronica's coffee house de principios de siglo, un lugar donde descansar y reponer fuerzas integrado en el Old Town de Kenai.


En el recorrido por el "casco antiguo" de la población encontramos otros edificios como el Parish house rectory, de 1881, el edificio original más antiguo de la Península de Kenai y hogar del sacerdote ortodoxo.



O también el Fort Kenai, una réplica de la escuela rusa original construida en 1900 en la que se impartían clases de catecismo, ruso, aritmética o música. Su origen está en los barracones edificados en 1869 por el ejército de los EEUU tras comprarle el Estado a los rusos para alojar a sus soldados.





Tras el agradable paseo por el pueblo pusimos rumbo a Soldotna, donde habíamos decidido pasar la noche para al día siguiente visitar Homer, al sur de la península de Kenai.






Pensamos que un camping para esa noche era una buena idea y mirando por Internet el que más nos convenció por calidad/precio era uno que estaba en la carretera del aeropuerto, el Klondike RV Park. Cuando llegamos parecía que no había nadie pero salió una señora mayor y nos dijo que tocásemos en la casa junto a las parcelas.



La elección resultó todo un acierto, el dueño muy majo nos explicó todo amablemente y el camping estaba bastante bien, no era muy grande pero no había apenas gente, teníamos hook up, agua corriente, duchas gratuitas y lavadoras y secadoras de pago (2$), todo por 38 $ la noche. Además tenía wifi gratuito que funcionaba muy bien.

Así de a gusto acabamos uno de los días más especiales del viaje y de hecho el que probablemente lo fraguó en nuestras mentes mucho tiempo atrás. Aún así, todavía nos quedaban unas cuantas jornadas y mucho que ver antes de volver. 


1 comentario:

  1. Me ha encantado! Preciosos paisajes y ver los osos de tan cerca tiene que ser una pasada!!

    ResponderEliminar