miércoles, 4 de mayo de 2016

Pequeña ruta a los Churrones de Borleña y el Castillo


El churrón de Borleña es una bonita cascada bastante accesible, a la que se puede llegar caminando en algo más de media hora desde la localidad del mismo nombre, a unos 20 minutos de Torrelavega y aproximadamente el doble de Santander.




Encontrar el pueblo de inicio es muy sencillo ya que junto a la N-623 está el Mesón de Borleña, de donde parte la carretera que nos lleva al pueblo. A la entrada de éste hay una bolera con un pequeño aparcamiento donde se puede dejar el coche.




Atravesando el pueblo se llega a una casona con escudo y balcones de madera, sobre la que se apoya una piedra de molino. Ahí debemos coger la estrecha carretera de su costado izquierdo.



Avanzamos por ella junto a muro de piedra dejando atrás el pueblo y varias fincas con vacas y burros.




Unos metros más adelante, tras pasar una casa de madera con banderas extranjeras, debemos coger un camino a mano derecha que cruza el arroyo de la Llana por un puente de madera.







A partir de ahí vamos ascendiendo siguiendo el curso del arroyo entre árboles, principalmente avellanos.






Poco después pasamos junto a una antigua carbonera.











Sólo por esta parte del camino ya merece la pena la ruta, el bosque está precioso con el suelo cubierto de hojas y el color verde del musgo y los líquenes.







Seguimos caminando junto al arroyo hasta llegar a una bifurcación. Siguiendo el camino principal de la derecha llegamos hasta el churrón de Borleña, mientras que el de la izquierda, cruzando el arroyo, nos lleva al churrón del Castillo.





Nosotros fuimos primero al de Borleña, el más conocido y accesible, pese a atravesar algún "obstáculo" por el camino.






 A pocos metros de allí encontramos un panel explicativo desde donde se ve ya el churrón.



Caminando por las piedras junto al agua se puede llegar a su base, donde se forma una bonita poza. Por desgracia cuando nosotros estuvimos no era de las veces que más agua llevaba pese a haber llovido en días anteriores. Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de hacer la ruta, ya que es probable que en verano o periodos sin demasiada lluvia este prácticamente seco.




Deshaciendo el camino andado volvemos a la bifurcación donde ahora cogemos el otro sendero, cruzando el arroyo con la ayuda de varias piedras.









Desde el principio se ve esta zona más agreste, ya que hasta aquí se acerca menos gente.





También aquí avanzamos junto a un pequeño riachuelo, encargado de llevar las aguas de la cascada hasta el arroyo de la Llana. Aunque no lleva agua en abundancia, esto no impide que se formen bonitos saltos de agua con sus correspondientes pocitas.



Finalmente llegamos a una zona de piedras en la que resulta conveniente llevar las manos libres para ayudarse.



Desde allí se ve ya el churrón pero trepando un poco se puede llegar hasta su base.




Fue una pena que no hubiese más agua, ya que con algo de viento se forma una especie de velo que llama la atención. A nosotros nos encantó igualmente el paseo, son unos 5 kilómetros entre ida y vuelta fáciles de recorrer y con una bonita recompensa final.

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