miércoles, 2 de septiembre de 2015

Día 3 en Noruega (16/08): Últimas horas en Oslo, viaje en tren a Bergen y breve paseo por la ciudad


Nuestro último día en Oslo amaneció algo más nublado que los días anteriores, aunque la temperatura seguía siendo totalmente veraniega.

Como ese día cogíamos el tren con destino a Bergen a las 12 del mediodía no teníamos tiempo de hacer mucho turismo, así que habíamos dejado pendiente la zona de la Ópera, muy cerquita de la estación de tren, para despedirnos de la ciudad.

La Ópera de Oslo es un espectacular edificio modernista de mármol y cristal junto al agua del fiordo, inaugurado en 2008 y ubicado en el barrio de Bjorvika, a pocos metros de la estación central. Se trata del edificio cultural más grande construido en Noruega desde la Catedral de Nidaros en Trondheim en el siglo XIV.




Una de las fachadas del edificio cuenta con paneles solares que le proporcionan la energía que necesita (es el espacio con más paneles solares de Noruega), pero destaca sobre todo el poder caminar durante todo el año sobre parte del techo de piedra inclinado que surgiendo prácticamente desde el agua alcanza la parte superior del edificio. De hecho, la obra ha ganado varios premios internacionales de arquitectura.





Su tamaño es de 38.000 metros cuadrados (equivalente a 4 campos de fútbol) y cuenta con 3 escenarios pudiendo acomodar hasta 2000 personas, además de tratarse de uno de los recintos artísticos más punteros a nivel tecnológico del mundo. En el exterior encontramos además una curiosa escultura con forma de iceberg sobre el agua del fiordo.




Nosotros no pudimos verlo por dentro ya que estaba cerrado, pero organizan visitas guiadas en inglés y noruego de 50 minutos todos los días (hasta 3 veces al día en verano) por 100 NOK, con descuento del 20 % si se tiene la Oslo Pass, aunque hay que reservar con antelación (en su web se puede comprar el ticket).


Con tiempo más que de sobra llegamos a la estación de tren y tras dar un paseo por su interior y buscar el andén nos despedimos de Cris con mucha penita pero con ilusión por ver lo que nos depararían los espectaculares Fiordos Noruegos.


Tal y como habíamos visto en la web al comprar el billete, el tren podía sufrir retrasos ya que a causa de unas obras, varias de las primeras paradas no las realizaba y tenía que esperar en la estación de Honefoss, a unos 50 kilómetros de Oslo, a los pasajeros que llegaban en autobús desde ellas.





Estuvimos esperando más de media hora en la estación, ya que no había mucho que ver a su alrededor. Pese a este retraso, al final llegamos prácticamente en hora ya que el tren fue recuperando tiempo durante el recorrido haciendo muy breves el resto de paradas.





Habíamos escogido hacer el trayecto Oslo - Bergen en tren porque habíamos leído que las vistas merecían la pena, no en vano está entre los más bonitos del mundo y lo cierto es que no defrauda. Casi desde el principio se van alternando lagos, fiordos, bosques y montañas, con casas de madera y cascadas que podrían pertenecer a cualquier postal de cuento. Una pena que al estar el día cubierto y a veces incluso lloviendo no pudiésemos apreciarlo en todo su esplendor.





Quizá el único "pero" es que se hace un poco largo, ya que son un total de 7 horas, en especial la parte final en la que abundan los túneles (en total hay 182), si bien esto es consecuencia de pasar por una de las altiplanicies más altas del norte de Europa, Hardangervidda, lo que también permite disfrutar de paisajes espectaculares.






Finse es la población a mayor altitud del recorrido, a 1.222 metros sobre el nivel del mar, y a la que sólo se puede acceder en tren. Por supuesto está rodeada de un entorno privilegiado junto al lago de su mismo nombre y cumbres nevadas de más de 1800 metros.






La construcción de esta línea se inició en 1875 y tardó 34 años en terminarse, participando en ella alrededor de 15.000 hombres y donde todos los túneles fueron excavados a mano.

Una de sus estaciones más famosa es la de Myrdal, ya que a ésta llega el famoso tren turístico de Flam, una de las líneas más inclinadas del mundo al salvar un desnivel de más de 800 metros en 20 kilómetros. Nosotros teníamos previsto pasar por allí dos días más tarde pero por problemas logísticos al final no pudo ser y tuvimos que conformarnos con lo que vimos desde el tren.




A partir de ahí, el resto del trayecto transcurre en su mayor parte entre túneles, ya que hay que salvar un desnivel próximo a los mil metros en unos 150 km. Lo poco que se puede ver desde la ventanilla cuando se sale a superficie sigue dejándonos con la boca abierta: ríos, nieve, lagos y casas de madera allá donde miramos,  lo que por desgracia no se aprecia para nada en las escasas fotos que logramos hacer.




Si bien se trata de un trayecto totalmente recomendable por sus vistas y la comodidad del tren (que dispone de wifi, vagón restaurante y aseos en casi todos los vagones), dependiendo del precio y el tipo de viaje que se vaya a hacer por el país puede no merecer la pena. Habitualmente la web de ferrocarriles de Noruega, ofrece tarifas descuento para la compra anticipada de billetes que pueden alcanzar el 50 % del precio original. En estos casos y si no se tiene intención de adentrarse en las zonas altas del país, sí resulta muy interesante hacer este recorrido en tren. Sin embargo, si se van a visitar estas u otras zonas de altitud similar por otros medios y no se consigue un precio de oferta, el billete de 845 NOK resulta caro para ver lo que se va a poder ver de otra forma con más calma.



Unos minutos más tarde de las 19 horas llegamos a la estación de Bergen. El cielo estaba muy nublado pero afortunadamente en ese momento no llovía, por lo que pudimos ir andando hasta el hotel sin mojarnos.





Nada más salir de la estación pasamos junto al pequeño parque de Festplassen con un estanque central y un montón de coloridas flores.





Atravesamos la zona comercial de la ciudad hasta llegar a un lateral del puerto y atravesando un par de calles en obras llegamos a nuestro alojamiento, el Comfort Hotel.


Pudimos hacer el check-in bastante rápido y nos sorprendió oír y ver mucho español a nuestro alrededor, tanto en carteles como en turistas alojados o personal del hotel.

Tras dejar el equipaje en la habitación, salimos a dar un paseo por la ciudad y a buscar un sitio para cenar. Por desgracia había comenzado a chispear y tocó sacar el paraguas, no podía faltar en una ciudad como Bergen, famosa por su lluvia frecuente con más de 200 días al año de media.


Nos dirigimos a la zona del puerto de Vagen, muy próxima al hotel, para recorrer el archiconocido muelle de Bryggen, que ya desde la distancia llama la atención con sus fachadas de madera de colores.





De camino hacia allí atravesamos el Mercado de Pescado Fisketorget, o simplemente Torget, donde volvemos a oír español por todas partes y es que muchos jóvenes vienen los meses de verano a trabajar aquí, por lo que es muy sencillo entenderse si se quiere comprar alguno de los "asequibles" productos que venden, como distintas clases de marisco, salmón salvaje, embutidos de reno o ciervo, etc.


Pasada la zona del mercado con algo más de gente llegamos a Bryggen que, quizá por la hora o probablemente por la lluvia, estaba bastante tranquilo. Estos viejos almacenes de madera al norte del puerto se conocieron durante un tiempo como Tyskebryggen o Muelle alemán, ya que durante 400 años, hasta 1754, fueron el centro neurálgico del comercio de la Liga hanseática en Noruega.



Ya muchos años antes este muelle había sido la base del comercio de productos pesqueros de la zona. Por desgracia, varios incendios fueron consumiendo la mayoría de edificios con el paso de los años, salvándose únicamente 10 en el último de 1955. La zona fue reconstruida conservando la esencia original y hoy en día es un barrio muy activo con multitud de restaurantes y que ha sido designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.



Tras recorrer el muelle por su parte frontal lo bordeamos para ver la parte trasera, encontrándonos la iglesia de Santa María o Mariakirken. Se trata de la más antigua que se conserva en la ciudad, ya que una parte del presbiterio es del siglo XI, aproximadamente de la época en la que el rey Olaf Kyrre concedió a Bergen el rango de ciudad. Los mercaderes germanos la convirtieron en su iglesia particular en tiempos de la Liga Hanseática, embelleciéndola con detalles como el púlpito barroco de 1677. Tras una restauración de 5 años ha sido reabierta al público en junio de este año. Abre de lunes a viernes de 9 a 16 horas y la visita son 50 NOK, salvo con la Bergen Card que es gratis.



De vuelta hacia el puerto vamos recorriendo los distintos callejones interiores de madera de Bryggen, que merecen una visita tanto o más que el paseo junto al mar.






Aunque abundan los pubs y restaurantes también hay curiosos rincones con pequeñas tiendas. Entre Jacobsfjorden y Bellgarden, en una de las primeras callejuelas, se encuentra el Centro de Visitantes, donde tienen información y recuerdos sobre Bryggen. Está abierto en verano de 9 a 17 horas y mayo y septiembre de 10 a 16 horas.



Ya de regreso hacia el hotel escogimos para cenar uno de los puestos dentro de la zona cubierta del Fisketorget, en los bajos del edificio de la Oficina de Turismo (abierta en verano todos los días de 8:30 a 22 horas). Los precios de casi todo estaban por las nubes, así que nos decidimos por dos bandejas de "Fish and chips", en las que el fish eran varias piezas a elegir entre distintos tipos de pescado como gambas, bacalao o salmón rebozado. Pagamos por una bandeja grande y otra pequeña para llevar sin bebida unos 30 €, y excepto la sopa de pescado, era lo más barato que había... Como iríamos confirmando a lo largo del viaje, a Noruega hay que venir con los bolsillos llenos. Lo comimos en unos bancos dentro del mismo edificio, ya que si se pedía para llevar eran 30 NOK menos, y aunque estaba bueno tampoco era nada del otro mundo, seguramente el salmón salvaje que nos habían ofrecido un rato antes a 70 €/kg estaría mucho mejor, pero nos conformamos con verlo tras el cristal.

Ya de vuelta en el hotel terminamos el día disfrutando de las vistas, con el funicular de Floyen iluminado y las nubes enganchadas en alguna de las 7 colinas por las que es famosa Bergen, en semejanza con la ciudad de Roma.




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