sábado, 12 de marzo de 2016

Día 10 (23/08): mañana en Bergen y vuelta a casa


Nuestro último día en Noruega tocaba madrugar, ya que queríamos aprovechar nuestras últimas horas allí para recorrer Bergen, esta vez sí, con un día magnífico. Primero teníamos que devolver el coche en la oficina de Hertz donde lo habíamos recogido, en Kanalvaien 48, al sur de Bergen. Como era domingo abrían de 9 a 14 y cerca de las 9 ya estábamos allí. Saliendo de Bratland por la carretera 580 y cambiando luego a la 582 llegábamos casi hasta la misma puerta de Hertz. De camino paramos en la localidad de Nesttun a echar gasolina para entregar el coche con el depósito lleno y aprovechamos que enfrente estaba la estación para comprar los billetes del bus a Bergen, por si no había máquina en la parada donde lo íbamos a coger (se pueden comprar en el propio autobús pero salen más caros, 50 NOK por persona en lugar de 35). Aunque la oficina de Hertz no está muy lejos del centro (andando se tarda una media hora) preferimos coger el bus por comodidad, ya que íbamos cargados con las maletas, y por aprovechar el tiempo que teníamos para ver la ciudad.


Cogimos el bus 51 que paraba cerca y nos llevaba hasta la estación de autobuses en el centro de Bergen. La web de Skyss nos resultó muy útil, ya que, además de los horarios y tarifas del transporte público, cuentan con un planificador de viaje donde te recomiendan las mejores opciones para ir de un lugar a otro de la ciudad y te lo muestran en Google maps.



En menos de 10 minutos llegamos a la Estación de autobuses y ahí dio comienzo la ardua tarea de encontrar un lugar donde dejar las maletas durante las horas que íbamos estar en la ciudad. Habíamos pensado dejarlas en la propia estación, ya que luego cogeríamos allí el bus al aeropuerto, pero sus consignas, una hilera de taquillas en un pasillo de la planta baja, sólo admiten monedas y como no teníamos suficiente dinero cambiado y a esas horas la única tienda de la estación abierta no nos podía dar cambio hubo que buscar un plan B. El precio de estas taquillas era de 80 NOK las más grandes, 60 las medianas y 50 las pequeñas para 24 horas, no hay opción a alquilarlo por horas. Tras muchas vueltas buscando cambio probamos en las consignas de la Estación de tren (al otro lado de la calle), que se encuentran en una sala lateral junto a los andenes, y afortunadamente en éstas se podía pagar también con tarjetas de crédito. Además resultaron ser más baratas, ya que una taquilla grande nos costó "sólo" 60 NOK. El inconveniente que tienen (además de no poder cogerlas por horas) es que no hay demasiadas y cuando fuimos al mediodía a recoger las nuestras había gente esperando porque estaban todas llenas.

Cerca ya de las 10 iniciamos por fin nuestro recorrido por Bergen. En la web Visit Bergen hay mucha información sobre la ciudad, con guías y mapas que se pueden descargar y precios actualizados de los sitios de interés. Además la Oficina de turismo, situada junto al mercado Fisketorget, está abierta a diario de 8.30 a 22 horas en julio y agosto y dispone de wifi gratuito.



Nuestro objetivo inicial era el monte Fløyfjellet, popularmente conocido como Fløyen, uno de los mejores miradores de la ciudad, y para ello nos dirigimos a la estación del Fløibanen, el funicular que permite ascender los 300 metros de desnivel en 7 minutos. De camino hacia allí encontramos la Catedral de Bergen o Domkirken de culto luterano.




Construida durante la segunda mitad del siglo XII, fue originariamente la parroquia Olavskirken y aún se conserva la dedicación a este santo. Fue declarada catedral en 1537, pero su aspecto actual es del siglo XVII, tras haber sufrido, como muchos otros edificios de la ciudad, numerosos incendios a lo largo de su historia. En la actualidad conserva únicamente pequeñas partes originales.







A pocos metros de ella a través de calles con encanto con suelos empedrados y casas de madera de distintos colores, se encuentra Fløibanen, donde compramos los billetes para el funicular.






Cogimos 2 billetes de ida para hacer la vuelta andando, ya que habíamos visto que era un paseo sencillo y queríamos disfrutar del buen tiempo que hacía.





El funicular realiza viajes cada 15 minutos a diario entre las 7:30 y las 23 horas (a partir de las 8 los fines de semana). Los billetes de adulto cuestan 90 NOK ida y vuelta y 43 sólo ida. No es necesario comprarlos con antelación salvo grupos numerosos. La Bergen Card incluye un viaje de ida y vuelta gratuito pero únicamente en temporada baja, del 1 de enero al 30 de abril y del 1 de octubre al 31 de diciembre, en temporada alta hacen un descuento del 50 %. Nosotros no la habíamos comprado ya que costaba 200 NOK y como no teníamos mucho tiempo y apenas íbamos a visitar museos o hacer otras actividades no la íbamos a poder aprovechar (también incluye el transporte público en la ciudad).




No había demasiada gente por lo que no tuvimos que esperar mucho rato y enseguida estuvimos disfrutando de las vistas desde lo alto de Fløyen







Hay un mirador inmenso desde el que se ve prácticamente todo Bergen y sus alrededores, incluida la llegada del funicular.







Cerca del mirador hay una cafetería - restaurante que abre todos los días en verano y los fines de semana el resto del año. En el edificio donde llega el funicular hay también una tienda de recuerdos, y sobre su tejado tienen una maqueta que representa las subidas y bajadas del funicular de Fløibanen.




En Fløyen podemos encontrar además un parque infantil, una zona de barbacoa, servicio de alquiler de bicicletas y multitud de senderos señalizados para recorrer a pie.




Nosotros por desgracia no teníamos mucho tiempo para recorrerlo y nos conformamos con la bajada andando a Bergen para descubrir alguno de sus curiosos rincones, como el Trollskogen o Bosque de los troles o una veleta gigante.





Para bajar al centro de la ciudad se pueden seguir distintos caminos, que, aunque sin pérdida ya que todos bajan al núcleo urbano, al no estar señalizados resultan un poco confusos. Nosotros nos fuimos guiando un poco con el mapa de Bergen que llevábamos pero sin tener muy claro a dónde íbamos a parar, aunque se veía bastante gente subiendo y bajando al ser domingo. En nuestro camino de bajada pasamos junto a una estación intermedia del Fløibanen.




Una vez ya en zona urbana, seguimos avanzando hacia el puerto por las callejuelas que discurren entre casas de madera, dejando atrás la antigua estación de bomberos de Skansen que hoy en día alberga la sede del Skansens Bataljon, una de las "buekorps" u organizaciones juveniles vecinales propias de Bergen, cuyo origen está en las brigadas de niños arqueros del siglo XIX.


Desde lo alto veíamos las torres de la Mariakirken o Iglesia de Santa María, que nos servían como referencia para ubicarnos mejor.



Poco después llegamos hasta ella. En total nos costó unos 45 minutos bajar tranquilamente parando a hacer fotos. La Mariakirken es el edificio más antiguo de Bergen que se conoce en la actualidad, remontándose su origen a la primera mitad del siglo XII, poco después de que el rey Olaf Kyrren concediera a Bergen el rango de ciudad. Sin embargo tampoco se ha librado de los incendios y ha sido reformada en numerosas ocasiones, la última este mismo año. En los años de la Liga Hanseática los mercaderes germánicos la adoptaron como su iglesia de cabecera y la adornaron abundantemente.




Cerca de allí se encuentra ya el puerto. Andamos unos metros en dirección contraria al centro para ver lo que se pudiera de la fortaleza de Bergenhus o castillo de Bergen.





Entre sus paredes fortificadas destacan el Håkonshallen, del siglo XIII y la torre Rosenkrantz del XVI. El primero es un salón de ceremonias que mandó construir el rey Haakon para la celebración de la coronación y matrimonio de su hijo en 1261. Con tres plantas (salón de ceremonias en la superior, vivienda y zona de trabajo en la intermedia y almacén en el sótano) se cree que es el edificio medieval no religioso más grande que se conserva en el país. Sufrió grandes daños durante la II Guerra Mundial tras lo que fue restaurado creando una imponente sede para actos oficiales.



El edificio principal del Bergenhus data del mismo periodo que Håkonshallen, mientras que la torre Rosenkrantz que vemos en la actualidad se construyó en 1560 por orden del entonces señor del castillo como estructura defensiva y vivienda, aunque incorporó elementos existentes del s.XIII. En ella se pueden visitar las mazmorras del s. XIX o disfrutar de las vistas desde lo más alto. El recinto fortificado se puede visitar libremente, mientras que para entrar al Håkonshallen (abierto de 10 a 16 horas) o a la torre (abierta de 9 a 16) hay que pagar 70 NOK por adulto, salvo con la Bergen Card que es gratuito.





Junto al puerto encontramos otras sorpresas más modernas como un yate de Ferrari, quién sabe si Räikkönen estaría descansando dentro...




Y así llegamos hasta Bryggen, la imagen más famosa de Bergen con sus fachadas de madera de colores junto al puerto de Vågen, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.




Se trata de una zona muy animada, con terrazas y con gente paseando a casi cualquier hora ya que alberga varios restaurantes, pubs y clubs. Recorrer sus callejones es 100 % recomendable ya que parece transportarte al pasado (nosotros lo habíamos hecho a nuestra llegada a la ciudad el tercer día del viaje).



Aquí se construyeron los primeros edificios de Bergen y muchos de ellos fueron almacenes utilizados por los comerciantes de productos pesqueros. En concreto durante 400 años hasta 1754 fueron el centro neurálgico del comercio en Noruega de la Liga Hanseática que dominó el Mar Báltico y el Mar del Norte hacia el final de la Edad Media, periodo en el cual la zona recibía el nombre de Tyskebryggen o muelle alemán. Por desgracia ha sufrido tantos incendios a lo largo de la historia que no quedan partes originales. De hecho, el incendio de 1702 redujo toda la ciudad a cenizas. Sin embargo, se ha reconstruido intentado respetar la estructura de entonces, de manera que lo que vemos trata de ser un fiel reflejo de lo que existía en el s. XII. En el Bryggen Museum que se encuentra detrás de los edificios de la fachada principal, se exhibe una importante colección de hallazgos arqueológicos descubiertos tras el incendio de 1955 y que permiten conocer más sobre la vida en la época medieval.












Seguimos paseando por el puerto y los edificios de madera se intercalan con otros de piedra no por ello menos antiguos o curiosos.







La mayoría de ellos albergan en la actualidad comercios o cafeterías, pero sus fachadas exteriores realmente se merecen que nos detengamos unos minutos a contemplarlas en detalle.



Justo al final del puerto encontramos el Museo hanseático en uno de los edificios de madera más antiguos y mejor conservados de Bryggen, ya que data de 1704. El museo se inauguró en 1872 y mantiene la decoración interior de la época hanseática. En él se puede ver cómo vivían los comerciantes alemanes en aquellos años, con salas dedicadas al secado de pescado, oficinas y almacenes.



Seguimos bordeando el puerto por Torget, aunque evitando los puestos del mercado repletos de gente y persuasivos tenderos que en todos los idiomas pero sobre todo en español (se nos ve en la cara, qué le vamos a hacer!) intentan venderte sus excelentes productos, en especial embutidos y pescado fresco. Así llegamos hasta Vågsallmenningen, una pequeña placita rodeada de bonitos edificios con una estatua al historiador y dramaturgo Ludvig Holberg en su centro, considerado padre de la literatura noruega y danesa. En esta plaza hay también un pequeño mercadillo de ropa y souvenirs y nosotros aprovechamos para cumplir nuestra tradición de comprar un imán recuerdo del viaje por 40 NOK.




Mientras estábamos por allí nos sorprendió un curioso desfile de camiones de bomberos antiguos, que veríamos de nuevo poco después en otro punto de la ciudad.





Nos alejamos del puerto a través de Torgallmenningen, una amplia avenida comercial en su mayoría peatonal y en cuya parte central se celebran festivales y conciertos. Se le dio este nombre, que se podría traducir como "plaza común", tras el gran incendio de 1702 que asoló la ciudad.



Al fondo se encuentra la plaza Ole Bulls Plass, en honor al violinista y compositor Ole Bull. En ella encontramos "Den blå stein" o La piedra azul, una obra del artista Asbjorn Andersen que es hoy día punto de encuentro de los habitantes de Bergen. Tras ella el restaurante Dickens Bergen llama la atención por su fachada rosa y el gran cartel luminoso de su parte superior. Al fondo se distingue la torre de la Johanneskirken.



Desde esta plaza se puede ver al fondo el Teatro Nacional, Den National Scene, el teatro permanente más antiguo de Noruega fundado por Ole Bull en 1850 y que se encuentra en el edificio actual desde 1909.



Continuamos recto por Torgaten para llegar hasta la Johanneskirken o Iglesia de San Juan, descubriendo de camino algunos curiosos rincones.



Esta iglesia neogótica, construida entre 1891 y 1894 destaca por su tamaño (es la más grande de Bergen con asientos para 1250 personas) y su color rojo intenso debido al ladrillo de sus paredes. Su torre de 60 metros de altura se alza imponente pese a los andamios que la rodean.





Al ver la puerta abierta entramos para ver cómo era por dentro pero estaban celebrando la misa protestante, por lo que curioseamos un poco desde la puerta y volvimos a salir.



Desde allí se ve a lo lejos la subida del funicular Fløibanen al monte Fløyen donde habíamos estado unas horas antes.






A pocos pasos de la Johanneskirken se encuentra el Museo de la Universidad de Bergen, que incluye colecciones de historia natural (cerradas hasta 2018 por restauración) y de cultura e historia de Noruega.




Era ya cerca del mediodía y el calor apretaba, en especial al sol. Como queríamos coger el autobús al aeropuerto sobre la 13:30 fuimos volviendo hacia la estación, pasando por el parque de Festplassen. Allí volvimos a encontrarnos el desfile de coches de bomberos antiguos que pasaba por Christies gate y esta vez pudimos verlos más de cerca.





A un lado de la calle encontramos el estanque Lille Lungegårdsvannet con su fuente en la parte central y detrás del cual se encuentran las estaciones de bus y tren. Se trata de una zona lúdica donde se celebran los actos del Día Nacional (17 de mayo), ferias y festivales.




Al otro lado un pequeño parquecito lleno de flores que resulta encantador, con el Musikkpaviljongen en el centro, al que no puedo evitar subir para hacermr una foto.







Desde allí se ve en un costado el Telegraf Bergen, edificio de 1927 que fue la sede de telégrafos de la ciudad y que en la actualidad acoge un elegante centro comercial.



Tan sólo eran las 12:15 y pensamos que era mejor volver a la zona del puerto para comer allí antes de irnos al aeropuerto. Así pudimos disfrutar un poco más de las vistas tan espectaculares sobre Bryggen con el día tan bueno que hacía.



Finalmente comimos en un Burger King que había en una de las calles paralelas al Fishmarket. Como yo me había quedado con las ganas de probar la famosa sopa de pescado compré en el mercado para llevar (70 NOK el envase pequeño) y disfruté de un rico primer plato antes de la hamburguesa (un menú y una hamburguesa 108 NOK).


Cuando acabamos de comer fuimos bordeando Festplassen hasta la estación de tren (Bergen jernbanestasjon), imponente edificio de piedra digno de admirar. Allí recogimos nuestras maletas de las consignas para ir a la estación de autobuses a coger el bus con destino el aeropuerto.





Al otro lado de la estación se encuentra la Biblioteca pública de Bergen, la segunda mayor biblioteca pública de todo el país, alojada en un edificio protegido de 1917.



Cogimos el bus al aeropuerto en las dársenas exteriores de la estación de autobuses, está señalizado. Habíamos comprado el billete por internet en la web de Flybussen ya que es válido para todo el día y así evitábamos contratiempos o prisas (se puede coger en distintas paradas). Llegamos sin problemas, en menos de media hora nos dejó frente a la terminal con tiempo de sobra para facturar las maletas e ir con calma a la puerta de embarque. En el aeropuerto hay agua y wifi gratis, a mí no me funcionaba muy bien pero José sí que se pudo conectar.


El avión de Vueling salió puntual alrededor de las cuatro y llegamos a Barcelona pasadas las siete. Allí teníamos que coger el avión a Menorca a las nueve y con él terminaba este increíble viaje que nos había llevado por sitios alucinantes y del que habíamos disfrutado como enanos, en nuestras cabezas quedaba el recuerdo de los lugares que habíamos visitado.






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