lunes, 7 de marzo de 2016

Día 9 (22/08): vuelta a Bergen parando en Bøyabreen y Supphellebreen y dormimos en Haukeland


Amanecía nuestro último día en los fiordos bastante nublado, había llovido algo durante la tarde - noche anterior y entre las previsiones meteorológicas no demasiado buenas y que tocaba día de regreso, el ánimo no estaba muy por las nubes. Sin embargo, el día fue mejor de lo esperado y hubo varios rincones que nos gustaron mucho pese a tratarse de un día de coche por la cantidad de kilómetros que teníamos que hacer hasta Bergen.

La primera parada del día tras abandonar Lunde Turiststasjon fue el glaciar Bøyabreen, a tan sólo 10 kilómetros de allí. Se llega a él siguiendo la carretera 5 a través del Fjærlandstunnelen que atraviesa el macizo montañoso que veíamos la tarde anterior desde nuestra cabaña. A pocos metros de la salida del túnel está señalizado el desvío hacia el glaciar. Por una estrecha carretera asfaltada se llega en menos de 5 minutos a un aparcamiento desde el que tenemos ya una vista impresionante de esta lengua glaciar del Jostedalsbreen.



El resto del entorno que rodea el aparcamiento tampoco se queda atrás: cascadas que recorren paredes casi verticales, nieves perpetuas y verdes bosques de los que podemos disfrutar sin apenas ruidos ni presencia humana.





Del aparcamiento parte un camino que en pocos minutos nos lleva hasta el lago Brevatnet a los pies del glaciar. Aunque el tiempo no era el ideal, ya que estaba cubierto y hacía fresco (aunque no podíamos quejarnos con la suerte que habíamos tenido hasta entonces), disfrutamos mucho del paisaje, es realmente espectacular cómo se refleja el hielo y la montaña en el agua que hay a sus pies.



Desde ahí nos dirigimos al Supphellebreen, la lengua glaciar a menor altitud de Europa por debajo del círculo polar, con su parte más baja a tan sólo 60 metros sobre el nivel del mar.

Para llegar hasta allí volvemos a la carretera 5 y unos kilómetros más adelante cogemos la desviación señalizada hacia el glaciar, cruzando el río Supphelleelvi. Recorriendo la carretera de gravilla se llega a un aparcamiento desde el que en pocos minutos alcanzamos la base del glaciar andando junto al río que allí se origina.


El Supphellebreen se alimenta del hielo y la nieve que van cayendo del Flatbreen, un glaciar a 400 metros por encima de él y que avanza a una velocidad de 2 metros al día. Anualmente caen unos 2 millones de toneladas de hielo, el equivalente a una capa de 230 metros de grosor del tamaño de un estadio de fútbol.



Desde aquí nuestro plan inicial era seguir por la carretera 5 hasta Sogndal, bordear el Sognefjorden cruzándolo hacia Vangsnes y de ahí continuar hacia el sur hasta Vossevangen y Bergen. Sin embargo, debido al cambio de planes forzoso de nuestro segundo día en los fiordos, ya habíamos recorrido esa zona, por lo que decidimos improvisar un poco y cambiar de ruta para explorar sitios nuevos.




Retrocediendo sobre nuestros pasos llegamos hasta Skei, donde enlazamos con la E39 que va bordeando el Jølstravatnet. Seguimos entre bosques y granjas hasta Moskog y ahí cogimos el desvío señalizado a Balestrand por la carretera 13. A partir de aquí recorremos un tramo de una de las 18 carreteras turísticas del país, Gaularfjellet. Inicialmente el paisaje apenas cambia y avanzamos entre árboles hasta llegar al lago Holsavatnet, donde las vistas se van abriendo cada vez más hasta dejarnos ver la otra orilla del lago y alguna que otra cascada.



La carretera, inaugurada en 1938, atraviesa el pueblo de Holsen, lo que nos permite pasar junto a su iglesia de madera blanca de 1861.



Dejamos atrás el pueblo para iniciar un suave pero continuo ascenso hacia el interior, que culmina en el puerto de Rørvikfjellet, a unos 550 metros de altitud sobre el nivel del mar. Nada más pasar al otro lado disfrutamos de las vistas sobre el lago Haukedalsvatnet que tras perder altura progresivamente bordeamos hasta que se convierte en el río Råeimsdalselva. Un poco más adelante hacemos una breve parada en el la cascada de Vallestadsfossen (señalizado en la carretera como Viksdalen), que con tan sólo 75 metros es una de las más altas del curso del río Gaular y que en el pasado fue utilizada para proveer de energía molinos, aserraderos e incluso una central hidroeléctrica.



A la zona de Gaular y Forde se le llama el país de las cascadas ya que a lo largo del río Gaular podemos encontrar 29 saltos de agua de relativa importancia. La mayor concentración de ellas se encuentra en el tramo de la carretera 13 entre el pueblo de Viksdalen y el lago Myravatnet (en sentido a Voss), incluida la Likholefossen, famosa por su puente de acero.



Sin embargo seguir por allí hacia nuestro destino implicaba dar bastante rodeo y el día estaba bastante gris llovizneando a ratos, por lo que cogimos la carretera 610 hacia Sande, que también pertenece a la carretera turística nacional de Gaularfjellet. Avanzamos bordeando el lago Viksdalsvatnet hasta cruzar el puente que lo separa del Hestafjorden. Este paso nos deja unas vistas preciosas del lago y el fiordo y nos sorprende unos metros más adelante al aparecer entre árboles la iglesia de madera de Hestad de 1805. La entrada a la iglesia está nada más cruzar el puente y cuando nos quisimos dar cuenta nos la habíamos pasado y como más adelante no había sitio para parar el coche nos quedamos con el recuerdo fugaz visto desde la carretera, aunque verdaderamente merece una parada.

Unos 4 kilómetros más adelante paramos en un pequeño aparcamiento junto a la carretera desde el que se accede en 5 minutos a la cascada de Eikelandsfossen a través de un sendero estrecho. Ésta, a diferencia de otras muchas, apenas ha sido utilizada para obtener energía por sus excelentes condiciones para la pesca de truchas.



A un par de kilómetros de allí vemos desde la carretera otra cascada, la Fossfossen, de tan sólo 30 metros de caída pero bastante caudalosa.



Al llegar a Sande cogimos la E39 hacia Vadheim, pueblo que da nombre al fiordo que lo baña, uno de los brazos del Sognefjorden. Luego seguimos hasta Lavik, donde cogemos el barco que, por 100 NOK los 2 más el coche, nos permite cruzar el Fiordo de los Sueños en una de sus zonas más anchas (unos 5 km) muy cerca ya del mar. Aprovechamos los aproximadamente 20 minutos que dura el trayecto para comer. Este barco es diferente a otros que hemos cogido, casi todo el espacio de la cubierta es para los vehículos y en un lateral hay una zona cerrada con mesas y cafetería.




El barco llega a Ytre Oppedal y tras desembarcar, continuamos hacia Bergen por la E39. Como aún era pronto, al llegar al pueblo de Matre nos desviamos por la Fv381 hacia Bjordal para ver una cascada que salía señalada en el mapa de carreteras que llevábamos. Se trata de Hommelfossen, a unos 4 kilómetros de allí, y se ve bastante bien desde la carretera. Nosotros paramos en una entrada que había un poco más adelante que cruza el río Matreselva y llega hasta la estación eléctrica de Hommelfoss.










Desde ahí intentamos acercarnos a ella andando pero no encontramos ningún camino que nos permitiera llegar sin complicarnos demasiado. Hicimos un par de fotos por los alrededores y volvimos al coche.



Seguimos avanzando hacia el sur y a medida que nos íbamos acercando a Bergen íbamos dejando atrás los espectaculares paisajes de los fiordos y nos íbamos encontrando más civilización y menos naturaleza salvaje. Como teníamos tiempo, paramos en Ostereido en un supermercado Rema 1000 junto a la carretera para comprar algunas cosillas para cenar y desayunar el último día.

Nuestro alojamiento de esa noche era el camping Bratland, a unos 25 minutos al sureste de Bergen. Para llegar hasta allí fuimos enlazando la E39 con la E16 y la carretera 580, que pasa junto al camping. Nos costó un poco encontrarlo porque yendo desde el norte se puede llegar por caminos vecinales pero resulta bastante confuso, es mejor seguir por la carretera principal que pasa por su lado.

Aún era pronto cuando llegamos y nos daba pena dar por terminado el día, por lo que tras hacer el check-in nos acercamos a ver la Fantoft stavkirke, pese a que el tiempo seguía sin acompañar.


Se encuentra a unos 15 minutos del camping, a medio camino en dirección a Bergen, pero no se puede llegar hasta ella en coche, hay que dejarlo en uno de los aparcamientos que hay en la base de la colina en la que se encuentra y subir andando por caminos entre árboles. Nosotros aparcamos en Birkelundsbakken y tras un agradable paseo de menos de 10 minutos aparecimos frente a ella.





Esta espectacular iglesia de madera es por desgracia bastante reciente. Aunque estuvo en este mismo emplazamiento durante varios siglos la stavkirke de Fortun (construida en el año 1150 y trasladada en 1883), un terrible incendio la destruyó por completo en 1992. En su lugar se encuentra ahora una reconstrucción fiel del edifico original.



Entre el 15 de mayo y el 15 de septiembre se puede visitar de 10:30 a 18 horas por 55 NOK por persona. Cuando llegamos ya habían cerrado y estuvimos viéndola desde fuera y dando un paseo por los alrededores aprovechando que no llovía.



La cruz de piedra del exterior, conocida como Cruz de los deseos, fue traída por los peregrinos desde Jerusalén.







Después de varios minutos disfrutando del entorno y la tranquilidad reinante reemprendimos el camino de vuelta al coche a través del bosque.








Desde allí volvimos directamente al camping, donde tras una cena reparadora en la cocina del edificio principal, nos fuimos a descansar, por un lado cansados por todo lo que llevábamos a cuestas pero por otro con pena porque este viaje tan especial estuviese llegando a su fin.



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