jueves, 16 de febrero de 2017

Escapada invernal al Valle de Benasque (6 - 9 Febrero)


Este año nuestra ya tradicional escapada invernal se estaba retrasando, al principio por falta de nieve y luego por tema laboral, así que cuando conseguimos unos días libres en Febrero no nos lo pensamos. El destino también estaba más o menos claro, el valle de Benasque nos encanta y yo tenía muchas ganas de ir a esquiar a la estación de Cerler.

Con las fechas y el destino decidido sólo nos quedaba reservar alojamiento, ya que en invierno la furgo la dejamos descansar porque al ser pequeña hay que hacer parte de la vida fuera y como anochece tan pronto y es más probable que haga mal tiempo se complica todo bastante.

Valoramos seriamente la opción de los packs que ofrece la estación en su web, ya que ofertaban forfaits para 3 días más estancia en alojamiento y desayuno en el Hospital de Benasque por 300 €.
Sin embargo al final lo descartamos ya que el acceso a los Llanos del Hospital suele ser complicado y en ocasiones la carretera permanece cortada varios días dejando a gente allí atrapada, como por desgracia pasó la semana que fuimos.

Finalmente nos quedamos en Casa Pichuana en Benasque. Reservamos a través de Booking un estudio para 2 personas ya que podíamos modificar o cancelar gratuitamente la reserva hasta 5 días antes. De hecho lo utilizamos para entrar un día más tarde ya que la previsión del tiempo para el primer día era bastante mala. Está situado dentro del casco urbano pero muy cerca de la carretera principal. El precio final fue de 174 € por 3 noches.

El estudio que alquilamos era bastante pequeño pero suficiente para una pareja. Cuenta con una estancia principal donde se encuentran las 2 camas, un armario, un par de mesas y la cocina. Además dispone de guardaesquís en la planta baja del edificio y las sábanas y toallas están incluidas.





Las camas son cómodas y el armario bastante amplio. Además cuenta con calefacción con termostato individual, televisión y wifi, aunque cuando llegamos no funcionaba ya que la red de Orange/Vodafone se había caído por las fuertes rachas de viento, pero al día siguiente estaba solucionado y nos ofrecieron estar en la recepción lo que necesitáramos ya que allí sí había internet.




La cocina contaba con todo lo necesario, microondas, nevera, vitrocerámica, tostador y un montón de utensilios para estar como en casa.



El baño también era pequeño pero estaba bien, limpio y en buenas condiciones.



Aunque nos lo esperábamos algo más grande y tenía el inconveniente de que se oían bastante los ruidos de fuera, estuvimos muy a gusto y repetiríamos sin dudarlo, en especial por la buena atención recibida por parte de Ana y su hija.


Llegamos a Benasque el lunes 6 al mediodía y hacía bastante malo, mucho viento y cielo cubierto, con bastante nieve por el pueblo aunque la carretera para llegar hasta allí la encontramos limpia. Habíamos mirado un par de rutas para hacer con raquetas en esos días pero el tiempo nos echaba para atrás. Aun así nos apetecía dar un paseo por no perder el día, por lo que pensamos ir de Benasque a Anciles caminando con las raquetas, unos 5 km ida y vuelta. Era parte de una de las rutas que habíamos mirado pero ellos hacían ese tramo por la carretera y nosotros preferimos hacerlo por el paseo junto al río Ésera que pasa por ambas localidades (track aquí).




Como iniciamos el paseo en el puente que cruza el río a la entrada de Benasque, dejamos el coche en un aparcamiento gratuito bastante grande que hay a pocos metros de allí.






Nos calzamos las raquetas y comenzamos a caminar, luchando contra el viento que hacía difícil avanzar en algunos momentos. Sin embargo la temperatura era bastante buena y había bastante nieve caída en esos días, por lo que exceptuando el viento el paseo se hacía bastante agradable.



El sendero es muy fácil de seguir y está señalizado, avanzando paralelo al río en todo momento y pasando junto a parques infantiles o pistas de tenis cubiertas de blanco.



Con la cantidad de nieve que había no pudimos evitar divertirnos un rato corriendo por zonas de nieve virgen o dejando huella de nuestro paso angelical...



Así llegamos hasta otro puente que nos permite cruzar el río para llegar hasta Anciles. A la ida hicimos caso a las señales y seguimos unos metros junto al río por el otro margen para después girar hacia el pueblo a la altura de un poste de madera sin señal. Sin embargo al llegar al pueblo vimos que había una pista que enlazaba directamente con el puente y regresamos por ahí.


Anciles es un pequeño pueblo de unos 160 habitantes perteneciente al municipio de Benasque, que destaca por sus casonas de los siglos XVI y XVII. De esa misma época es la iglesia románica integrada en el pueblo. Es un lugar con mucho encanto y merece la pena recorrer sus calles con calma.



Nosotros ya lo conocíamos y ese día, entre las raquetas y el agua cayendo de los tejados no era el mejor momento para visitarlo de nuevo, así que tras recorrer la calle principal, donde hay un panel con rutas por la zona (más información en la web de Turismo Ribagorza que incluye un visor con todas las rutas señalizadas sobreimpresas), iniciamos el regreso.



Afortunadamente el viento había amainado algo pero el cielo seguía bastante amenazador por lo que agilizamos el paso y deshaciendo el camino de la ida llegamos al coche en menos de una hora.






Contentos por haber podido aprovechar el día nos dirigimos al alojamiento, encontramos sitio fácilmente para dejar el coche en la carretera principal, a pocos metros de él y pasamos el resto de la tarde instalándonos y haciendo algo de compra.

Para el día siguiente no daban muy bueno, pero parecía que al menos por la mañana no nevaría y no daban apenas viento por lo que decidimos madrugar para subir a la estación a esquiar.

Entre Benasque y Cerler hay unos 6 km de importante subida. Aunque a veces es necesario el uso de cadenas cuando nieva bastante por lo general suelen abrirla rápido. Una vez allí se puede aparcar en el parking que hay al final del pueblo, Cerler 1.500, o continuar hasta el de Ampriu a 1.900 m. Nosotros optamos por el primero y allí mismo, en Deportes Roca Roya, alquilamos uno de los equipos (25 € por uno de gama media) y compramos los forfaits (93 € los dos con seguro y fianza de 3 € por la tarjeta que devuelven al retornarla).

Los forfaits tienen precios distintos según la época y el día de la semana, siendo los miércoles los días más baratos (31 €) y se hacen descuentos a partir del tercer día consecutivo.

Cuando llegamos, gran parte de la estación permanecía cerrada por la nieve caída los días anteriores y las consecuencias de los más de 100 km/h que habían alcanzado las rachas de viento y pensamos que irían abriendo a lo largo del día. Sin embargo tan sólo abrieron un par de telesillas más por lo que fue un poco chasco no poder disfrutar de ella al completo, de sus 81 km esquiables y de la pista más larga de España que con 9 km conecta el punto más alto (Telesilla Gallinero a 2.630 m) con el más bajo, Cerler 1.500, a través de pistas verdes, azules y rojas.



Afortunadamente en lo meteorológico el día fue bastante mejor de lo esperado, la temperatura era muy buena, incluso demasiado alta para esas fechas, y el cielo se fue abriendo hasta tener bastantes ratos de sol.



Con la nieve recién caída, las pistas abiertas estaban en muy buen estado y muchos se atrevían también con el fuera-pista.










Lo mejor sin duda poder disfrutar de las vistas a nuestro alrededor con picos como el Gallinero (2.728 m) o el Cerler (2.407 m) completamente blancos.


Desde lo más alto se apreciaba al fondo el valle de Benasque y detrás las montañas que lo separan del valle de Gistaín, que habíamos visitado año y medio antes.





En los momentos más despejados podíamos ver incluso el Aneto, el más alto de los Pirineos con 3.404 metros, y el Maladeta (3.312 m).



A medida que fue avanzando el día el cielo se empezó a cubrir de nuevo y la nieve se fue transformando por las altas temperaturas, poniéndose bastante mal en zonas bajas. Así que después de comer unos bocatas en las mesas de fuera del restaurante Cota Dosmil, hicimos un par de bajadas más y nos fuimos para el coche.

Una de las pistas que más me gustó fue la de Pinar, ya que va gran parte entre bosque, no es muy complicada y la nieve estaba bastante bien, se conservaba mejor que en otras zonas. Y como mirador, al menos de lo que pudimos acceder, el de Rincón del Cielo, al que se llega en la telesilla del mismo nombre que abrieron a media mañana y que haciendo honor a él parece que lo ves todo desde lo más alto.





Sin embargo al día siguiente el tiempo no fue tan benévolo y sí que se cumplieron los pronósticos, amaneció nevando y ya desde por la noche los fuertes vientos hicieron acto de presencia, lo que hizo que la estación abriese únicamente las zonas más bajas.

Así que cambiamos de planes y optamos por hacer algo de turismo. En la web de Turismo Ribagorza recomiendan además de rutas a pie otras en coche y nos animamos a hacer una de ellas, la ruta de los Balcones del Pirineo, con la esperanza de encontrar mejor tiempo valle abajo.

Y acertamos totalmente ya que en Castejón de Sos donde comenzaba el recorrido el tiempo era mucho mejor, hacía sol a ratos y el viento era más suave.

No hicimos la ruta completa que señalan en la web hasta Bonansa, sino que acabamos antes, cerca de Laspaúles, en el pueblo de Neril. Este pequeño pueblo destaca por ser un gran mirador, por un lado hacia la vertiente sur/suroeste con El Turbón imponente...



 ... o hacia la norte, viéndose desde allí incluso el pico Gallinero y la estación de Cerler.



Cerca de Laspaúles se encuentra también el núcleo de Villarrué que destaca por su iglesia románica del siglo XII y por ser el pueblo a mayor altitud del Pirineo Aragonés, 1.534 metros sobre el nivel del mar.



Tanto a la ida como a la vuelta, además de disfrutar del paisaje y las vistas, como las que tenemos de las distintas caras de El Turbón (2.492 m) tan diferentes entre sí, entramos en alguno de los pueblos o aldeas que vamos encontrando a nuestro paso, como Urmella, Sant Feliu de Veri o Renanué, donde nos llama la atención su bonita ermita románica del siglo XII.




De regreso en Castejón de Sos aprovechamos para dar un paseo por el pueblo, más pequeño de lo que esperábamos y comer en el Hotel Pirineos un menú bastante rico por 12 €. De primero comimos lentejas y brócoli con refrito, de segundo ternera estofada y bacalao con tomate y de postre fruta.


Después de comer nos acercamos al pueblo de Chía, a escasos 5 km de Castejón, donde dimos un paseo por el pueblo y nos acercamos caminando al mirador que hay a 1 km a las afueras.


Al poco de salir del pueblo se pasa junto a la ermita románica de San Martín de finales del siglo XII.






Prácticamente todo el camino es por asfalto, por lo que se puede llegar en coche casi hasta allí, pero nosotros preferimos ir andando para bajar la comida y disfrutar así de un agradable paseo. 


De camino encontramos un apartadero en una curva junto a la carretera, pero ese no es el mirador, hay que seguir hasta donde están las antenas. Al final pisamos un poco de nieve pero se puede llegar sin ningún problema. Desde allí las vistas son espectaculares, gracias a que el día ha mejorado bastante podemos disfrutarlas en todas direcciones, aunque resulta evidente que el viento sigue siendo importante en cotas altas. Hacia el este, al otro lado del valle respecto a donde nos encontramos, vemos Castejón de Sos y la zona de la estación de Cerler con la cumbre del Gallinero en lo más alto y junto a ella la Tuca de Urmella, de 2.530 m.


Hacia el norte, el fondo del valle con la muralla de cumbres blancas al final, entre las que encontramos la Tuca des Corbets (2.909 m) o la Tuca de Cambra (2.635 m). Además los buitres deben habitar la pared rocosa a nuestros pies, por lo que es fácil verlos volar a poca distancia.



Ya iniciando el regreso hacia Benasque paramos a ver el pueblo de Sahún. Aparcamos en un aparcamiento fuera del núcleo del pueblo, junto al barranco de Cambra, donde hay mesas de picnic junto a unas pequeñas cascadas muy chulas.



El pueblo no está mal, la iglesia parroquial de San Juan Bautista reformada en el siglo XVI tiene su origen en el siglo XII, pero hace mucho viento y enseguida regresamos al coche.



Como última parada optamos por rodear el embalse de Linsoles. Dejamos el coche en el aparcamiento junto a la carretera y nos acercamos al puente que cruza el río Eriste para iniciar el paseo.



Aunque está todo el camino con nieve se puede avanzar bien con las botas. Vamos bordeándolo dejando al otro lado el pueblo de Eriste con el valle del mismo nombre tras él y pasamos junto a un parque para mayores y unos bancos.




Sólo llegamos hasta la mitad del embalse, lo que nos lleva menos de media hora, puesto que al estar bajando el sol la otra mitad está en sombra y hace más fresco y además para regresar hay que hacerlo por el mismo camino, ya que no se puede cruzar la presa.



De ahí regresamos ya a Benasque. Aprovechamos para dar un paseo por el pueblo, hacer algo de compra y acercarnos al Museo del Traje Benasqués que habíamos visto estaba situado en el Palacio de los Condes de Ribagorza del siglo XVI, mismo edificio donde están la Biblioteca municipal y el Aula de música, pero lo encontramos cerrado.


El último día amaneció espectacular, sin una nube y sin apenas viento. Queríamos hacer una ruta con raquetas desde Llanos del Hospital y aunque en la web de la DGT vimos que la carretera de acceso continuaba cerrada nos acercamos a comprobarlo in situ, pero efectivamente una barrera impedía el paso (tal y como pensábamos la abrieron horas más tarde).

Para quitar el gusanillo decidimos dar un paseo por el cercano valle de Estós (track aquí), que habíamos recorrido el verano anterior durante la Travesía de los 3 Refugios del Posets.


La carretera de acceso al parking no estaba muy bien, pero con las ruedas de nieve pudimos pasar sin problema. La zona habilitada como aparcamiento estaba cubierta de nieve por lo que dejamos el coche donde acaba la carretera. Allí una pareja se preparaba para subir con los esquís de travesía.

Iniciamos el ascenso poco a poco, remontando el curso del río Estós. La nieve estaba menos dura de lo que esperábamos y los centímetros que habían caído durante esos días se agradecían.





La primera parte, donde se encuentran la presa y el embalse de Estós, es una canal bastante estrecha con riesgo de aludes, tal y como vimos en la otra ladera. En este tramo además hay algunos espacios sin nieve aunque no es necesario quitarse las raquetas ya que son muy pequeños.




Pese a que ya son más de las 10, en esta parte aún no da el sol y se nota el frío, unos minutos con las manos sin guantes y empiezan a doler.



A medida que avanzamos se van abriendo ante nosotros las cumbres cercanas, un verdadero espectáculo con el día que hace.




Poco después del desvío hacía el refugio de la Coma disfrutamos de impresionantes miradores sobre cumbres como el Perdiguero.





Seguimos avanzando y pasamos junto a la fuente de Coronas, casi completamente blanca.



Puesto que no disponemos de mucho tiempo al ser día de regreso a casa y no podremos llegar a ningún punto significativo como los ibones de Batisielles o los de Escarpinosa, decidimos seguir dirección al refugio de Estós hasta que por la hora tengamos que darnos la vuelta.



Y ese momento llega en el barranco de la Aigüeta, un bonito rincón donde aprovechamos para comer algo y coger fuerzas para volver.




Un par de puentes permiten cruzar los arroyos y seguir camino hacia el refugio de Estós.




Nos llama la atención las piedras presentes en el cauce del río, la mayoría cubiertas de nieve y algunas con una pequeña base de hielo que les da un encanto especial.





El regreso resulta bastante más rápido que la ida a pesar de que la nieve ya ha empezado a transformarse. Pasamos de nuevo junto a la cabaña de Santa Ana, un pequeño refugio abierto para ser usado en caso de necesidad.



En el puente donde el camino cruza el río da ya el sol y apetece más pararse a hacer fotos de este bonito rincón.





Seguimos bajando con precaución en este tramo final, ya que la pared está cubierta de hielo y caránbanos que con el sol empiezan a derretirse impactando muchos de ellos contra el suelo.



Llegamos al coche unas 4 horas después de haber iniciado la ruta, muy satisfechos con el día pero tristes por tener que decir adiós a este entorno que nos apasiona, esperando poder volver pronto.




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