domingo, 6 de noviembre de 2016

Día 10 Viaje a Suiza (10/07): ciudades de Lucerna, Burgdorf y Berna


Pasados los días de montaña el tiempo ya no era tan importante, por lo que fuimos improvisando los planes lo que quedaba de viaje. Ese día decidimos dedicarlo a Lucerna y Berna principalmente.




En la zona de Lucerna, además de la ciudad, uno de los principales atractivos es el Monte Pilatus, por sus buenas vistas de ésta y del Lago de los 4 Cantones. A su parte más alta (Pilatus Kulm) se puede acceder desde Alpnachstad en tren cremallera, el más empinado del mundo con un desnivel máximo del 48 %, o desde Kriens en telecabina/teleférico. Desde ambos el precio ronda los 72 CHF ida y vuelta, la mitad con la Half Fare Card. Una opción más económica es llegar en coche hasta Fräkmüntegg y coger allí el teleférico por 32 CHF. También se puede llegar desde Lucerna, e incluso realizar un recorrido circular conocido como "Círculo Dorado" por 170 CHF que consiste en ir en barco hasta Alpnachstad, subir en el tren a la cima y de ahí regresar en telecabina y autobús vía Kriens. Y si no se quiere gastar nada y se dispone de tiempo, también es posible subir andando desde Alpnachstad en 4 horas y media, aunque está indicado únicamente para gente con experiencia.

Sólo se recomienda subir en días despejados y ese lo era, pero decidimos dejarlo para otra ocasión y centrarnos en Lucerna. Tras nuestra mala experiencia con el aparcamiento en Thun y viendo que aquí tampoco iba a ser sencillo, preferimos dejar el coche en el parking que hay bajo la estación de tren (Luzern bahnhof), al lado de la cual se encuentra la Oficina de turismo. Aunque era un poco caro (1 hora 4 CHF, 3 horas 8 CHF...), desde allí salíamos directos a explorar la ciudad. Curiosamente esta estación central es obra de Calatrava, reconstruida entre 1984 y 1991 tras un devastador incendio en 1971 que dejó sólo en pie el portal principal, que hoy en día se encuentra en el centro de la plaza.

Siguiendo el recorrido del mapa que cogimos en la oficina de turismo se puede visitar el centro de la ciudad en unas 2 - 3 horas tranquilamente viendo sus principales puntos de interés.



Cruzando el Seebrücke tenemos ya una estupenda imagen de uno de los atractivos de la ciudad, el puente de madera Kapellbrücke, que curiosamente atraviesa el río Reuss en diagonal.





Nos alejamos del casco histórico que dejaremos para el final y siguiendo la calle comercial a orillas del lago llegamos hasta la Hofkirche, iglesia parroquial de Lucerna, dedicada a sus patrones, San Leodegario y San Mauricio, y principal edificio religioso renacentista de Suiza. Fue reconstruida en 1645 tras un incendio que acabó con el monasterio benedictino del siglo VIII que había anteriormente.





A poca distancia de allí se encuentra el otro protagonista de Lucerna, con permiso del Kapellbrücke, el monumento al león moribundo o Löwendenkmal. Excavado en la propia roca se construyó en conmemoración de los soldados suizos que murieron en 1792 tratando de proteger el Palacio de las Tullerias en París durante la Revolución francesa. Como curiosidad, el escultor, antes de acabar la obra en el siglo XIX, fue informado de que no se había conseguido suficiente dinero como para pagarle todo lo que se había acordado y éste, para dejar constancia de su desagrado con la situación, modificó el borde del espacio en el que se encuentra la escultura hasta darle la forma de cerdo que aun tiene en la actualidad.



Este monumento se encuentra en un pequeño parque con una charca, bancos y baños gratuitos. Es uno de los lugares más visitados de la ciudad y cuando llegamos estaba lleno de gente. Junto a él está el Jardín del glaciar, un curioso monumento natural descubierto en 1872 durante unas obras. Se trata de una enorme roca con 32 grandes simas, formadas por el agua y las piedras que caían por las grietas del glaciar que se situó justo encima. El recinto se creó para protegerlo y engloba también un museo y un laberinto de espejos. La entrada cuesta 15 CHF.

Nosotros desde allí iniciamos el camino hacia el centro, pasando por Mussegmauer, murallas que junto con 9 torres conformaban la fortificación de Lucerna. Hoy en día se extienden a lo largo de 850 metros y cuatro de las torres están abiertas al público y se pueden visitar desde Viernes Santo hasta el 1 de noviembre de 8 a 19 horas. En la torre Zyt está el reloj más antiguo de Lucerna, de 1535, que da las horas un minuto antes que el resto de relojes de la ciudad.


Llegamos hasta el río atravesando la bonita plaza de Hirschenplatz, que destaca por las paredes de sus edificios cubiertas de frescos y es llamada así por la hostería medieval del mismo nombre.




El río Reuss divide la parte antigua de la ciudad en dos y el paseo por cualquiera de sus márgenes es muy agradable.






Allí encontramos además una curiosa obra de ingeniería, la Presa de aguja, que recibe este nombre por las "agujas" de madera que se introducen o extraen del agua de forma manual para regular el nivel del Lago Lucerna. Esta presa sustituyó en 1860 a los diques que canalizaban el agua del río hacia los molinos de la ciudad, gracias a un ingenioso diseño desarrollado por Poirée.




Cruzamos al otro lado del río por el Spreuerbrücke, que, concluido en 1408, es el puente de madera más antiguo de Suiza. Formaba parte de la fortificación de la ciudad y su nombre viene de que era el único lugar desde donde estaba permitido tirar la paja y el tamo ("spreu"). En su interior hay representadas imágenes de la Danza de la muerte del s. XVII y una pequeña capilla



Desde él tenemos vistas de algunas de la torres de la ciudad.





Paseando tranquilamente recorremos las calles de la otra margen del río encontrando algunas casas curiosas, hasta llegar a la Franziskanerplatz.








En ella se encuentra la Iglesia de los franciscanos, de estilo gótico y construida en la segunda mitad del s. XIII, es el edificio más antiguo de Lucerna. Nosotros no entramos a verla por dentro, pero por lo que leímos cuenta con el púlpito más ornamentado del país.



Volvíamos a cruzar el río, en esta ocasión por el Reussbrücke, con la Presa de aguja que habíamos visto minutos antes desde el otro puente a un lado...



... y al otro la Jesuitenkirche, construida en el año 1666 para los jesuitas (aunque sus torres no se terminaron hasta el s.XIX), convirtiéndose así en la primera iglesia barroca consagrada de Suiza. Por desgracia llevaba cerrada todo el año por reparaciones y sólo pudimos verla por fuera.



Una vez en la zona antigua de nuevo, nos dedicamos a recorrerla en profundidad, explorando sus calles y sobre todo sus plazas, como las de Weinmarkt o Kornmakt.





En la primera de ellas la ciudad juró su alianza con los cantones de Uri, Schwyz y Unterwalden y cualquiera de sus rincones resulta espectacular, destacando la fuente central, copia de la original, y las fachadas de algunos de sus edificios.



La plaza de Kornmakt es bastante más pequeña, pero en ella, además de la casa gremial de los panaderos adornada con bonitos frescos, se alza imponente el Ayuntamiento o Rathaus, de estilo renacentista y terminado en 1606.


El otro lado del edificio da al río y cuenta con soportales bajo los cuales se celebra un mercado semanal. Sobre ellos se sitúa el Kornshütte, antiguo almacén y hoy sala de conciertos y exposiciones.




Desde ahí sale el Rathaussteg, otro puente desde el que contemplar la Jesuitenkirche y que cruzamos ida y vuelta para hacer alguna foto.






Para el final habíamos dejado a priori lo mejor, cruzar el gran Kapellbrücke. De camino hacia allí pasamos por la plaza del mismo nombre, Kapellplatz, que aunque no tan bonita como las anteriores destaca por su curiosa fuente decorada Fritschibrunnen. Fritschi es un personaje legendario que se asocia a la primavera y la diversión y al que se rinde homenaje en el Fasnacht, el gran carnaval de Lucerna



Pero realmente el Kapellbrücke es el gran protagonista de Lucerna, hecho completamente en madera y decorado con miles de flores, resulta espectacular, por desgracia las fotos no le hacen justicia.



Fue construido en la primera mitad del siglo XIV como parte de la fortificación de la ciudad, al igual que ocurría con el Spreuerbrücke, y debe su nombre (Puente de la capilla) a la cercana capilla de San Pedro. En el siglo XVII se añadieron pinturas sobre Suiza y la historia local, incluyendo la vida de los santos patrones de Lucerna.



Pero no sólo el puente conforma uno de los monumentos más fotografiados de toda Suiza. La torre del agua, utilizada como archivo, cámara del tesoro, prisión y sala de interrogatorios y torturas, es el otro componente fundamental de este símbolo de Lucerna.


Se trata de una torre octogonal de 34 metros de alto que se construyó también en el siglo XIV como una pieza más de la fortaleza de la ciudad. Tiene un contorno de 39 metros y paredes de 4,5 metros de grosor. En la actualidad alberga la sede de la Asociación de artillería de Lucerna y en su tejado se cobija una colonia de vencejos alpinos que cuando regresan de África se dice que vuelve la primavera a Lucerna.




Por desgracia, después de unas 2 horas recorriendo la ciudad, tocaba seguir camino, aunque los metros que nos separaban de la estación central donde teníamos el coche aparcado, los hicimos girando la cabeza en numerosas ocasiones para guardar el mayor número de imágenes posible en la memoria de este rincón que nos había enamorado.


Nuestro siguiente destino (tras una breve parada en el super de la estación para aprovisionarnos) era la capital del país, Berna, donde pasaríamos el resto del día para después dormir en un camping de las afueras.

Para ir allí escogimos la carretera 23 en lugar de la autovía, aunque se tarda un poco más, son menos kilómetros y pasa por zonas muy bonitas atravesando la región de Emmental, famosa por el queso al que da nombre y cuyos paisajes se caracterizan por colinas, verdes pastos y multitud de enormes granjas de madera. Uno de los puntos de interés junto al que pasamos fue el mirador de Lueg, a 888 metros de altitud, aunque ese día la visibilidad no era muy buena y decidimos continuar sin parar.



Donde sí paramos fue en el pueblo medieval de Burgdorf, con la idea de dar un paseo por él y aprovechar para comer. Sin embargo lo que encontramos fue un pueblo casi desierto, no sabemos si por el buen día que hacía, por ser domingo o por ser julio.



La cuestión es que tras recorrer el pueblo entero sólo encontramos un par de sitios abiertos prácticamente vacíos en los que no ponía lo que tenían ni los precios, por lo que decidimos cambiar de plan y comernos unos bocatas en un parque del pueblo.




Pese a todo el pueblo no está mal y se puede parar a visitar si pilla de paso. Nosotros aparcamos gratis cerca de la estación, en Bahnhofstrasse, ya que aunque había parquímetro los domingos no se paga.







Desde allí es un paseo de unos 15 minutos hasta el castillo, principal atractivo de la ciudad, pasando junto a la Stadtkirche del siglo XV.



El castillo se encuentra en un alto desde el que hay buenas vistas del resto de la ciudad y los alrededores, llegando a verse en días de muy buena visibilidad los Alpes berneses.



El castillo, construido en el siglo XII, acoge en su interior un museo con la historia de la ciudad y la región y el Museo Helvético del oro, sobre la minería de oro en Suiza. Y es que en el propio río Emme que pasa por la ciudad se ha encontrado oro de extraordinaria finura.



Es posible visitarlo por dentro, de abril a octubre de 14 a 17 horas de lunes a sábado y desde las 11 horas los domingos. El resto del año sólo abre los domingos. La entrada cuesta 7 CHF.



Como teníamos hambre y no nos interesaba demasiado el interior del castillo, buscamos un sitio donde comer y acabamos en el parque Schützenmatte junto al río.



De ahí pusimos rumbo a Berna, a donde llegamos en poco más de media hora. Nos dirigimos a la zona de Bärengraben, donde se encuentra la Oficina de turismo, situada en el interior de una antigua estación de tranvías, ya que habíamos leído que por allí se podía aparcar gratis, mientras que en la ciudad el aparcamiento está restringido a parking subterráneos.


En realidad, lo que encontramos allí fue estacionamiento limitado a 12 horas y de pago (4 CHF la primera hora, 6 CHF la segunda...), pero preguntamos en la oficina de turismo y un hombre muy amable nos dijo que en la calle que sube desde allí hacia Rosengarten se puede estacionar gratis 1 hora con los discos azules y que los domingos no había controles, por lo que podíamos estar más tiempo. Y así fue como por fin conseguimos el ansiado disco! Nos lo dio gratis aunque nos comentó que habitualmente se compran en gasolineras.




Una vez liberados del coche nos dispusimos a visitar la ciudad, aunque los más de 30 grados que había ese día no incitaban mucho a caminar al sol... Para recorrerla contábamos con un mapa que habíamos recibido al solicitar folletos a la web de My Switzerland, aunque sino siempre se pueden conseguir sin problemas en la Oficina de turismo al llegar.



Desde donde habíamos aparcado, a pocos metros de Rosengarten, una rosaleda con más de 200 variedades de flores, se tienen unas vistas espectaculares de la ciudad, con el meandro del río Aare arropando el Altstadt o centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.



La primera parada fue por supuesto el Foso de los osos o Bärengraben. Aunque es curioso poder verlos tan cerca dándose un baño o interactuando entre ellos, da penita que estén allí encerrados, pese a que tienen un espacio de 6000 metros cuadrado entre el foso y el río para esparcirse. Algo similar a lo que pasa al ver a Paca y Tola en Proaza. Por desgracia en la mayoría de los casos son osos nacidos en cautividad que no sobrevivirían en el medio natural y aquí sirven para educar y concienciar a la población.



Nos encantan los animales y en particular los osos, por lo que estuvimos un buen rato viendo a Finn, Björk y su hija Ursina. Pero el calor apretaba y había que explorar el casco antiguo de la ciudad. Siguiendo el recorrido recomendado en el mapa cruzamos el Nydeggbrücke, del s. XIX, desde el que se tienen buenas vistas de las casas junto al río y de la iglesia de Nydegg del s. XV.




Así llegamos a las calles empedradas que conforman el centro, sin apenas gente ni coches, ya que muchas de ellas están restringidas al tráfico. Berna fue arrasada por un incendio en 1405, destruyéndose en él la mayoría de sus casas de madera, y fue reconstruida en piedra, por lo que la mayoría de sus edificios datan de esa época.



Avanzamos hasta llegar a la Catedral o Münster que rodeamos por detrás, atravesando un pequeño parque, el Münsterplattform. La catedral es la construcción sacra más grande del país y tardó más de 400 años en finalizarse, lo que sucedió en 1893. La torre, con sus 100 metros de altitud y 344 escalones, es la torre de iglesia más alta de Suiza y desde ella hay buenas vistas de la ciudad. Se puede subir por 5 CHF.




Bordeándola llegamos a la Münsterplatz, donde se encuentra la Mosesbrunnen o Fuente de Moisés, una de las más de 100 fuentes que pueblan las calles de Berna. De ellas 11 lucen las estatuas originales del siglo XVI como ésta, de 1544, dedicadas a personajes históricos, religiosos y de la cultura popular. Aquí Moisés señala el segundo de los 10 mandamientos sobre no idolatrar, principio básico de la Reforma. En los soportales de Münstergasse se celebran animados mercadillos de carnes y quesos los martes y sábados por la mañana y el primer sábado del mes uno de artesanía.




Pero se acercaban las 5 de la tarde, por lo que hicimos un alto en el recorrido para dirigirnos a la Torre del Reloj o Zytglogge, uno de los monumentos más famosos de la ciudad.



Esta torre fue la primera puerta oeste de Berna entre finales del s. XII y mediados del XIII, es una de las más antiguas de la capital. Tras el incendio de 1405 se reconstruyó y tiempo después fue usada como cárcel para prostitutas. En cambio el reloj astronómico y el carillón que tanto publico congregan por el movimiento de figuras como el gallo y Cronos, el dios del tiempo, datan de 1530. Desde entonces se convirtió en el reloj principal midiéndose aquí las horas de camino de la rutas cantonales. En Berna turismo organizan visitas guiadas al interior de la torre para ver de cerca el mecanismo del reloj y disfrutar de las vistas de la ciudad.



Como es costumbre nos juntamos allí unos cuantos turistas para ver el movimiento del famoso reloj con la hora en punto (en teoría el espectáculo comienza 4 minutos antes). Sin embargo a nosotros nos defraudó un poco, creemos que no vimos su funcionamiento habitual porque si es así siempre no entendemos tanta expectación, ya que tan sólo se mueven un poco un par de figuras tal y como se aprecia en el vídeo.



Finalizado el espectáculo, decidimos entrar a reponer fuerzas en el MacDonalds que hay justo al lado (con wifi gratis), ya que el calor estaba haciendo mella en nosotros.


Media hora y un McFlurry después, continuamos recorriendo las calles de Berna, atravesando Theaterplatz para llegar hasta Kultur Casino, sala de conciertos sede de la Orquesta sinfónica de Berna en un imponente edificio del Barroco tardío.




A unos pasos de allí se encuentra el Palacio Federal. Tratamos de llegar hasta él por su parte trasera, siguiendo una estupenda zona de miradores, pero no pudo ser ya que la zona de acceso se encontraba en obras.





Pese a eso, disfrutamos mucho de las vistas sobre esta parte de la ciudad, que nos muestran una capital mucho más verde de lo que estamos acostumbrados a ver en el resto de Europa. Desde allí divisamos también el río Aare, que en un día de verano caluroso como aquel se llena de osados "nadadores" que se lanzan al agua y se dejan llevar por la corriente como si de una atracción de aquapark se tratara. Debía ser divertido porque había bastante gente y eso que por lo que, habíamos leído, en Berna las piscinas son gratuitas.



Retrocediendo sobre nuestros pasos llegamos hasta la Bündesplatz, donde el protagonista es por supuesto el el Palacio Federal que la da nombre.



Este imponente edificio, que alberga el Parlamento Suizo y donde se llevan a cabo la sesiones ordinarias del Consejo Nacional y de los Estados, se empezó a construir en 1852 y se concluyó 50 años más tarde. La cúpula está revestida de cobre y en ese momento tenía el típico color rojizo pero con el tiempo fue adquiriendo la habitual pátina turquesa que se ve en la actualidad. Fuera del calendario de sesiones se puede visitar.




La Bündesplatz tiene también gran relevancia en la vida de la capital suiza. En ella se celebran recepciones de estado, manifestaciones, eventos culturales... y martes y sábado por la mañana un popular mercadillo de frutas, verduras y flores. Renovada en 2004, anteriormente era un aparcamiento. Hoy en cambio tiene mucha vida, en especial en verano con el juego de 26 chorros de agua que representan los distintos cantones suizos y que se llena de niños y turistas buscando aliviar el calor.





Desde ahí nos dirigimos a la zona de la Estación central, donde acaba el casco antiguo y empezamos a encontrar construcciones más modernas. Volviendo por Spitalgasse hacia el centro encontramos la curiosa Fuente del gaitero o Pfeiferbrunnen.




Lo que nos seguía llamando la atención mientras recorríamos la ciudad es el poco tráfico que encontramos y la predominancia de tranvías y autobuses eléctricos sobre vehículos particulares.






Al fondo de Spitalgasse vemos la Torre de la Prisión o Käfigturm, presidiendo la Bärenplatz. La antecesora a la torre actual se construyó como parte de la fortificación de la ciudad de Berna en el s. XIII, pero cuando la ciudad se amplió un siglo después hasta la zona de la estación ésta perdió su función. Tras el incendio de 1405 comenzó a usarse como prisión pero en 1641 se derribó para construir la que vemos en la actualidad. Cuando en 1897 se finalizó la prisión municipal pasó a usarse como archivo estatal y desde 1999 es la sede del Foro político de la confederación y sede de exposiciones.




La Bärenplatz conecta con la Bündesplatz que habíamos visitado antes por lo que vemos desde aquí el Palacio Federal. Su nombre procede el foso para osos que existió antiguamente.





Al otro lado de la Käfigturm encontramos otra de las fuentes antiguas, la de Anna-Seiler-Brunnen, en conmemoración de la fundadora del primer hospital de la ciudad.





Siguiendo por Marktgasse, una de las arterias de la ciudad, llegamos de nuevo a la Torre del Reloj, pasando antes por otra fuente, Schützenbrunnen o Fuente de los mosqueteros.







Y al llegar a la Torre a la izquierda encontramos quizá la más famosa de todas, la Fuente del ogro o Kindlifresserbrunnen, con una figura de un ogro comiéndose niños.



Tras ésta se encuentran la Französische kirche (o Iglesia francesa) y el Kornhaus. La primera fue construida en el s. XII como parte de un monasterio dominico, lo que la convierte en la más antigua de la ciudad, y es usada desde 1623 por la comunidad protestante de habla francesa.



El segundo, el Granero o Kornhaus, fue usado originalmente como almacén de cereales en sus tres plantas superiores, mientras que las inferiores abovedadas se destinaban a bodegas. En el siglo XIX había perdido su función y se remodeló como local de fiestas. Y fue ya en 1998 cuando adquirió su aspecto actual como centro cultural, biblioteca y sede de dos restaurantes.







El siguiente edificio, en obras, pertenece también al ámbito cultural, es el Teatro municipal.



Iniciamos el regreso hacia el coche con muy buena sensación por lo que hemos visto, verdaderamente Berna es una ciudad que merece mucho la pena visitar, muy alejada de los estereotipos de capitales y grandes ciudades. Pero de camino al coche aprovechamos para callejear y descubrir aún bonitos rincones.



En Kramgasse encontramos varias fuentes más, como la Zähringerbrunnen, en honor al fundador de Berna, Berchtold von Zähringer, quien según la leyenda disparó a un oso en la península del Aare en su búsqueda de emplazamiento para la ciudad y de ahí también su nombre (Bärn de bär).



En el segundo piso del número 49 de esta calle encontramos la Casa/Museo de Einstein, que se puede visitar por 6 CHF de lunes a domingo de 10 a 17 horas. Albert Einstein alquiló este apartamento con su mujer Mileva entre 1903 y 1905 tras haber llegado un año antes a la ciudad y empezar a trabajar en la Oficina de patentes. En ella se expone mobiliario de la época y se documenta la vida del genio. 







Según bajamos la calle encontramos al fondo de una transversal a mano izquierda el edificio del Ayuntamiento o Rathaus. En este edificio del siglo XV tienen lugar las sesiones del parlamento municipal cada jueves y las del parlamento cantonal, 5 veces al año, izándose en cada una de ellas la bandera de Berna en el tejado. También se reúne aquí cada miércoles el gobierno cantonal pero sus reuniones no están abiertas al público.



Y como no podía ser de otra manera, en la plaza del ayuntamiento encontramos otra fuente, Vennerbrunnen, en honor a un cargo político-militar de la Edad Media encargado de mantener la paz y proteger a la ciudad.



Junto al ayuntamiento encontramos la Iglesia de San Pedro y San Pablo, fundada en 1864 y utilizada por el obispado católico, destacando por su cripta.


Regresamos a la calle principal para poner rumbo al coche. Encontramos algunos detalles curiosos en las fachadas de sus edificios, como un grifo dorado en el nº 68 donde se halla el Gremio de Tejedores, y la última de las fuentes que vemos ese día, una de las más famosas, la Gerechtigkeitsbrunnen o Fuente de la Justicia.



Algo que destaca del casco histórico de Berna es que la mayoría de sus edificios tienen soportales en su planta baja con escaparates de los comercios que en realidad se encuentran en el sótano o planta -1.





Abandonamos esta preciosa ciudad que tanto nos había gustado por el mismo sitio por donde entramos, el Nydeggbrücke, junto a la iglesia del mismo nombre.


Una vez en el coche, alrededor de las 7 de la tarde nos dirigimos al Camping Eichholz, en las afueras de la ciudad, para pasar la noche allí y recuperar fuerzas para la recta final del viaje.

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