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viernes, 3 de julio de 2015

3 días en Roma en mayo 2015 - Día 2 (Parte II)

En la segunda mitad del día recorrimos el otro márgen del río Tíber.



Tras disfrutar de la agradable comida en la terraza del Grazia e Graziella, continuamos con nuestro recorrido por el genuino barrio del Trastévere.

A la vuelta de la esquina se encuentra la basílica de Santa María in Trastévere en la plaza del mismo nombre. Tanto la iglesia como la plaza transmiten una gran tranquilidad pese a haber gente por todas partes, es una de las zonas más auténticas de Roma. Aunque fue reconstruida en el siglo XII, su origen está en el siglo III, por lo que se trata de uno de los templos más antiguos del cristianismo. El acceso es gratuito y conviene entrar aunque sea unos minutos para disfrutar de su belleza. Las columnas de granito de su nave proceden como en otros casos de las Termas de Caracalla, por lo que vamos entendiendo el aspecto desangelado de éstas últimas que observamos desde fuera el día anterior.



Fuera, la Piazza di Santa Maria in Trastévere, destaca como el corazón del barrio, y hay varias cafeterías y restaurantes al igual que en los alrededores.



La mayor parte del tiempo vamos siguiendo los recorridos que nos recomienda la guía "Roma, fin de semana" de National Geographic que llevamos con nosotros, como en este caso que continuamos recorriendo el barrio del Trastévere para después cruzar al otro margen del río a través de la Isola Tiberina.


Tras pasar junto a la iglesia de San Crisogono, llegamos a otro de los puntos destacados del barrio, la iglesia de Santa Cecilia, dedicada a la mártir del mismo nombre y que, aunque reformada en el siglo XII, conserva parte de su estructura del siglo IV. Está escondida tras un imponente pórtico que junto con el jardín de su parte frontal la convierten en un remanso de paz y tranquilidad.






Nos despedimos del barrio del Trastévere callejeando por sus calles empedradas que nos sorprenden con pequeñas plazas y casas repletas de flores.






Aunque implicaba dar un pequeño rodeo respecto a la ruta marcada en la guía, decidimos acercarnos a ver 2 de los lugares más curiosos de la ciudad: la Piazza dei Cavalieri di Malta, donde se encuentra una curiosa cerradura a través de la cual es posible ver la cúpula de la basílica de San Pedro y la Bocca della Veritá en la iglesia de Santa María in Cosmedin.


Sin embargo, la vuelta fue mayor de lo esperado, ya que al intentar hacerlo en el orden mencionado nos encontramos con que era imposible acceder a la plaza desde la zona del río por la que íbamos, cruzando el ponte Sublicio, y tuvimos que prácticamente deshacer todos nuestros pasos bajo un sol de justicia.





Como retrocediendo el camino andado llegamos casi hasta la Bocca della Veritá, nos acercamos a verla. Se encuentra en el pórtico de la iglesia de Santa María in Cosmedin, fácilmente reconocible por su alto campanario de base cuadrada, emplazada al lado de un cruce con muchísimo tráfico.



El tranquilo interior de la iglesia del siglo VI de acceso gratuito contrasta con el habitualmente concurrido pórtico en el que se encuentra la famosa Boca de la Verdad, donde se forman largas filas para hacerse una foto con ella tras dar un pequeño donativo. Aunque probablemente se tratara originalmente de una tapa de alcantarilla o desagüe decorativo, la leyenda cuenta que aquel que no es sincero al introducir su mano en la boca será mordido. Su historia se remonta a la Edad Media, pero la fama le llegó tras aparecer en la película "Vacaciones en Roma" protagonizada por Gregory Peck y Audrey Hepburn.
Cuando nosotros nos acercamos había algo de cola y tampoco teníamos mucho interés en comprobar la leyenda de primera mano, por lo que nos conformamos con verla desde fuera aprovechando para hacerla una foto entre turista y turista.



Desde allí nos dirigimos a la Piazza dei Cavalieri di Malta, situada sobre la colina del Aventino. Para llegar hasta allí pasamos junto a la explanada del Circo Máximo, donde estaban colocando lo necesario para celebrar el fin de semana siguiente la "Roma Race for the Cure", una carrera popular contra el cáncer de mama.




El Circo Massimo o Circus Maximus tiene su origen en el siglo VI aC. Se trataba de un enorme estadio al aire libre donde se realizaron pruebas deportivas como las carreras de cuádrigas durante cerca de 1000 años. Sus gradas tenían espacio para más de 250.000 espectadores aunque en la actualidad apenas quedan unos pocos restos de la estructura en la parte sur. Hoy en día se utiliza como parque público, zona de picnic y para albergar conciertos o eventos como el que encontramos.
Detrás de él se puede apreciar la colina del Palatino, que impide ver desde ahí el Coliseo.




Girando a nuestra derecha entramos de lleno en la colina del Aventino, una de las 7 que conforman Roma, salpicada de parques y calles arboladas, como la rosaleda que atravesamos nada más empezar a subir. Se trata de un pequeño oasis entre el caos circulatorio de los alrededores.


En lo alto de la colina encontramos el parque - naranjal Giardino degli Aranci, también conocido como Parco Savello por ser el antiguo jardín de una fortaleza del siglo XII perteneciente a la familia Savello. Ahora cuenta con fuentes, bancos y césped donde sentarse a descansar o donde poder jugar los niños con total tranquilidad. Durante la expansión del Imperio Romano se construyeron muchos palacios y jardines que se decoraban con plantas y árboles de todas partes del mundo. Así ocurrió también con los naranjos, pero para evitar la aparición de ladrones se creó una variedad que daba frutos muy amargos que resultaban incomestibles y que aun hoy se encuentran en muchos espacios públicos de Roma. 

Desde un balcón mirador situado al fondo del parque se distingue prácticamente toda la ciudad, desde el Vaticano hasta el monumento de Vittorio Emmanuelle. Aprovechamos para descansar un rato de la caminata que llevábamos y disfrutar de las vistas. A una chica la estaban grabando con una cámara de vídeo, no sabemos si sería de algún programa de televisión o quizá ni siquiera era conocida.





En la muralla exterior del parque encontramos esta peculiar fuente, que pertenece a la iglesia de Santa Sabina que se encuentra al lado, y que tiene bastante parecido con la Boca de la Verdad.





Sin embargo queríamos encontrar la curiosa cerradura sobre la que habíamos leído en distintos blogs y en la propia guía, así que nos dirigimos a la Piazza dei Cavalieri di Malta, a poca distancia de allí. Tardamos un poco en llegar ya que nos encontramos con una especie de rodaje, que nos hizo permanecer un rato esperando en silencio a que acabaran de trabajar.


Finalmente llegamos a la plaza, amurallada y rodeada de cipreses, donde un grupo de turistas esperaba para lo mismo que nosotros. Al fondo de la plaza se distingue la iglesia de Sant' Anselmo, del año 1900 y sede de monjes benedictinos (cantan gregoriano casi todas las tardes y domingos por la mañana).



El edificio principal de la plaza es el Priorato di Malta, una orden de caballería fundada en el año 1050 que sigue existiendo como organización de beneficiencia. Tanto la puerta del edificio, que no se puede visitar, como la plaza fueron diseñados por Gian Battista Piranesi en el siglo XVIII. Lo que atrae a tanta gente es mirar a través de la cerradura, ya que está realizado de tal forma que al fondo se ve la cúpula de San Pedro como si estuviera en un jardín. No se si se puede apreciar bien en la foto pero la verdad es que resulta muy curioso.


Desde allí nos toca regresar sobre nuestros pasos hasta la iglesia de Santa María in Cosmedin para dirigirnos a la isla Tiberina y al barrio judío.

Frente a la iglesia encontramos 2 pequeños templos que son de los más antiguos de la ciudad. El circular, Tempio di Ercole, data del siglo II a.C y se cree que estaba dedicado a Hércules. El tejado se ha añadido recientemente durante labores de restauración pero las columnas se conservan en buen estado. Detrás de él, o a su derecha desde la iglesia, está el Templo de Portunos, de planta rectangular. Está dedicado al dios de los graneros y los puertos. Su basamento es original y las columnas y el frontón se conservan sorprendentemente bien.




Conseguimos atravesar el caótico cruce y bordeando los templos llegamos junto al río Tíber. Desde allí tenemos una perspectiva mejor de la iglesia de Santa María in Cosmedin.




Cruzamos el río por el Ponte Palatino, desde donde se divisan los restos del Ponte Rotto, el que fue el primer puente de piedra de Roma.




Seguimos junto al margen del río Tíber hasta llegar al siguiente puente, el Ponte Cestio, que nos lleva hasta la Isola Tiberina, la isla habitada más pequeña del mundo y que tiene una curiosa forma similar a una barca.




En verano se celebran festivales y se instalan cervecerías y restaurantes en sus "playas".



En ella se alzan desde hace siglos una iglesia y un hospital, puesto que ya en el pasado se le atribuían propiedades curativas, habiendo existido antiguamente un templo a Esculapio, el dios griego de la medicina.



Cruzando a la otra margen del río por el Ponte Fabricio del año 62 a.C., el más antiguo de los conservados en Roma, llegamos al barrio judío, en el que vive todavía una de las comunidades judías más antiguas de Europa. 

Lo primero que encontramos a mano izquierda es la Sinagoga, construida tras la reunificación de Italia en 1904 como símbolo de libertad. Bajo el mando de la nueva república se derribaron los muros que por orden papal rodeaban desde 1556 el guetto (palabra procedente del veneciano y que en italiano no tiene connotación negativa). En su interior hay un museo al que se puede acceder pagando la entrada de 11 € que incluye además una visita guiada al templo. 





A mano derecha de donde nos encontrábamos la guía situaba el Teatro de Marcello, pero nosotros sólo veíamos un bloque de pisos. Para ver bien la fachada redondeada del popular teatro del siglo I a.C., que podía albergar a más de 20.000 espectadores, hay que acercarse a él por la Vía del Teatro di Marcello, al otro lado de los edificios. 

A este lado se encuentran sin embargo las ruinas del Portico d' Ottavia, por el que se accedía a una galería con columnas donde se exhibían estatuas traídas de Grecia. Nosotros estábamos algo cansados de todo el día caminando así que tras rodear la Sinagoga nos sentamos en una de las terrazas de la Vía del Pórtico de Ottavia. El entorno no era nada espectacular y las consumiciones nos salieron bastante caras, aunque suponemos que debía ser por la zona, ya que las cafeterías de alrededor parecían similares o incluso más caras. 

Tras descansar un rato continuamos callejeando por la judería hasta llegar a la pequeña Piazza Mattei, popular por su Fontana delle Tartarughe o Fuente de las Tortugas, que aunque ha sido recientemente restaurada fue diseñada por Giacomo della Porta en 1585. Los pequeños animales situados en la parte superior de la fuente llaman mucho la atención de turistas y curiosos.



Siguiendo de frente salimos del barrio judío para encontrarnos con el Largo di Torre Argentina, una plaza rodeada de tráfico en la que se halla un yacimiento arqueológico denominado Area Sacra dell'Argentina, con ruinas de 4 templos del siglo III a.C. que no se descubrieron hasta 1920 y que nos da una idea de la altura a la que se encontraban sus calles entonces.






Desde allí nos dirigimos a la Piazza Venezia por el Corso Vittorio Emanuele II, pasando junto a la Piazza Gesú donde se encuentra la iglesia jesuita Chiesa del Gesú del siglo XVI, que se puede visitar gratuitamente. Cuando nosotros llegamos ya estaban cerrando y aprovechamos para sentarnos un rato a tomar un batido en una heladería que hay enfrente y reponer fuerzas con cosas que habíamos cogido en un supermercado de paso.




Ya otra vez en marcha llegamos hasta la famosa Piazza Venezia, donde nos sorprendió encontrarnos en uno de sus extremos a un curioso guardia subido en una peana en medio de la marabunta de coches, que iba dirigiendo el tráfico a ritmo de silbato. Lo que no nos quedó muy claro es cómo conseguía llegar y salir de allí sin morir atropellado...



La plaza sorprende por la cantidad de tráfico que la atraviesa, no en vano se trata del centro de la red callejera de la ciudad desde 1881. Aunque lo que de verdad impacta es el Monumento a Victor Manuel, una enorme construcción de mármol que se sitúa en el extremo sur de la plaza. Esta obra, conocida como Il Vittoriano y dedicada al primer rey de Italia Vittorio Emanuele II de Saboya, fue inaugurada en 1911 y trataba de honrar la Italia recién unificada. Sin embargo su construcción levantó mucha polémica porque a ella se destinaron grandes sumas de dinero procedente de nuevos impuestos y se derribó parte de la colina Capitolina y barrios adyacentes. Los italianos le dan nombres despectivos como "la tarta nupcial" o "la máquina de escribir" y a los turistas no les suele gustar por el contraste que supone con el resto de monumentos históricos. Lo que no se puede negar es que resulta impresionante, con la enorme estatua ecuestre del rey presidiéndolo (el caballo albergó en su interior una cena para 12 personas) y la columnata de la parte superior. A nosotros nos llamó mucho la atención y nos gustó por ser algo diferente. En el primer escalón se encuentra además la Tumba del Soldado Desconocido. 


Habíamos leído que se podía acceder gratuitamente a un mirador desde el que había buenas vistas de la ciudad subiendo 196 escalones, y pagando 7 € en ascensor a otro en la parte superior. Como ya era tarde y estábamos cansados nos conformamos con estar un rato haciendo fotos desde el centro de la plaza, disfrutando de la luz del atardecer que le daba un encanto especial.

Ya en dirección al apartamento para descansar un rato antes de salir a cenar, pasamos junto a los restos del Foro de Trajano. 





En uno de sus extremos se encuentra la Columna Trajana, de 38 metros de altura y creada para celebrar la victoria de Trajano sobre Dacia. Los restos del emperador descansan en su base. A su lado, la iglesia de Santa María de Loreto.







Desde allí volvimos al apartamento tranquilamente para descansar un poco antes de salir a cenar. No sabíamos muy bien dónde ir esa noche, pero para aprovechar a ver iluminado uno de los lugares más famosos de Roma decidimos acercarnos a la zona de la Fontana di Trevi.

De camino nos encontramos de nuevo con sorpresas en cada rincón, en forma de fuentes, esculturas o edificios monumentales como el Palacio del Quirinal, construido durante el Renacimiento y en la actualidad residencia del Presidente de la República.





Sin embargo nuestra ilusión se transformó en decepción al llegar a la archiconocida Fontana di Trevi; tras una larga caminata nos la encontramos en obras, con andamios en sus laterales, mamparas de cristal en la parte frontal y por supuesto sin agua. Ya era algo tarde y no nos quedó más remedio que buscar un sitio por allí donde cenar, al menos es una zona bastante animada y con multitud de restaurantes, cafeterías y heladerías. Finalmente cenamos en la Hostaria Trevi, a pocos pasos de la Fontana, en un terraza en la calle. Aunque no fue caro la comida no fue nada del otro mundo, podríamos decir que fue de los peores sitios donde comimos durante el viaje.



Pese a tratarse de una calle bastante estrecha, con terrazas y multitud de gente paseando, vimos pasar varios coches, furgonetas e incluso un camión de la basura, que se veían en serios apuros para avanzar sin llevarse nada por delante.

Tras la cena volvimos tranquilamente al apartamento con muchas ganas de coger la cama y descansar de la que fue la jornada más intensa del viaje.



sábado, 27 de junio de 2015

3 días en Roma en mayo 2015 - Día 2 (Parte I)


Nuestro segundo día en Roma, el primero completo, lo íbamos a dedicar al Vaticano y a ambos márgenes del río Tíber.



Salimos pronto del apartamento para coger el metro en Termini dirección a los Museos Vaticanos, ya que teníamos la entrada comprada para ellos para las 9.30. En el metro, si no se dispone de Roma pass, se debe comprar el billete sencillo en las máquinas habilitadas. Vale 1,50 € y tiene una duración de 100 minutos durante los cuales se pueden hacer los transbordos que se quieran.

En nuestro caso para llegar hasta el Vaticano teníamos que coger la línea A en dirección a Battistini, pero por despiste mío nos metimos en la B y en la siguiente parada tuvimos que volver a Termini y deshacer el error. A esas horas el metro es una auténtica locura, no corres riesgo de morir atropellado por los coches como en la calle pero empujones y pisotones no te los quita nadie y aunque pasan los trenes cada 3 minutos al haber tanta gente hay que estar rápido si se quiere entrar en el vagón.

Para llegar a los Museos Vaticanos es posible bajarse en la estación de Ottaviano o en la de Cipro, desde ambas hay unos 10 minutos andando, por lo que nosotros nos bajamos en la primera que fue la que encontramos de camino. Cuando se compran las entradas por internet te envían un e-mail con información sobre cómo llegar en distintos medios de transporte, el recorrido por los museos y otros servicios. Su horario de visita es de 9 a 18 horas, aunque el último acceso es a las 16 horas. Los domingos están cerrados salvo el último de cada mes que la visita es gratuita. Además, entre el 24 de abril y el 31 de julio, y del 4 de septiembre al 30 de octubre, existe la posibilidad de hacer la visita nocturna, ya que abren entre las 19 y las 23 horas (último acceso a las 21:30 horas), aunque en este caso es imprescindible comprar las entradas por internet.

El acceso a los Museos está en un lateral de la Ciudad del Vaticano, con 900 habitantes el estado independiente más pequeño del mundo, que se encuentra rodeado casi en su totalidad por murallas. Al llegar allí nos asustamos un poco, ya que nos encontramos una fila enorme que llegaba casi a la plaza San Pedro, aunque nosotros al llevar ya compradas las entradas podíamos ir directos a la puerta principal. Allí hay que hacer una pequeña fila para pasar el control de seguridad pero nada comparado con la que había para comprar las entradas, por lo que, aunque supone un recargo de 4 € por entrada, realmente merece la pena cogerlas por internet, en especial si se dispone de poco tiempo. Aunque no devuelven el dinero sí que se puede modificar la fecha de la visita hasta una hora antes de la misma en caso de necesitarlo. Nosotros compramos las entradas sencillas, sin visita guiada, que tienen un precio de 16 € sin descuento. Al acceder a la web se pueden ver cuántas entradas quedan para las distintas horas, siendo recomendable cogerlo con tiempo. Si hay disponibilidad, es posible modificar la reserva más adelante para concertar la visita guiada pagando la diferencia, que según lo que se quiera visitar varía entre los 32 y 37 € por persona.


Una vez pasado el control de seguridad y el punto de información, donde facilitan mapas con distintos itinerarios (todos pasan por la Capilla Sixtina), hay que acercarse a una ventanilla de "Online y grupos" para recoger los tickets y con eso ya se puede acceder, pasando junto a unos mostradores donde se pueden recoger las audioguías previo pago.  Nosotros continuamos hacia las galerías principales de los Museos, dejando a la derecha la entrada a la Pinacoteca.


Poco después encontramos el Cortile della Pigna o Patio de la Piña que recibe su nombre de la enorme piña de bronce del siglo I, situada en el lateral más próximo al lugar de acceso. Originalmente formaba parte de una fuente situada en Campo de Marte, donde se realizaban los ejercicios militares y en el siglo VIII fue trasladada a la plaza de San Pedro para que los peregrinos pudieran beber, pero en 1608 se llevó a su ubicación actual.



Continuando con el recorrido encontramos otro patio desde el que se puede ver la espectacular cúpula de la Basílica de San Pedro.







Siguiendo las indicaciones se accede propiamente a los Museos. En la información que mandan al comprar las entradas indican que el recorrido básico se tarda en realizar unas 2 horas e incluye el museo de Pío Clementino, la galería de los Candelabros, la galería de los Mapas, la galería de los Tapices, las habitaciones de Rafael y la Capilla Sixtina. En total, los Museos Vaticanos, abiertos al público desde el siglo XVIII, albergan 30 colecciones en unas 1400 salas, por lo que resulta imposible verlo todo en una única visita. A esa hora aunque ya había gente no resultaba agobiante, y como no llevábamos visita guiada íbamos parando sólo en lo que nos interesaba, por lo que iniciamos la visita sin desviarnos al museo Chiaramonti, el Pío-Clementino o los muesos etrusco y egipcio.


Subimos las escaleras para atravesar una serie de corredores decorados, las galerías de los Candelabros, con esculturas de la Roma clásica, la de los Tapices y la de los Mapas. Ya sólo los edificios en sí resultan espectaculares, tan grandes y con sus altos techos ornamentados hasta el límite de la imaginación, y de la ostentación...







Como nosotros no somos mucho de arte, una de las galerías que más nos gustó fue la de los Mapas, encargada por el papa Gregorio XIII en 1580 y basada en la obra del cartógrafo Ignazio Dantique, que incluye lienzos enormes de distintas partes del mundo tal y como se conocían en aquella época.



Continuando hacia las estancias decoradas por Rafael para uso privado del papa Julio II, donde la sala principal es la Stanza della Segnatura o Sala de la Firma, se debe salir por un pasillo exterior que permite ver otro de los patios del recinto, usado en la actualidad como aparcamiento.



Y por último, tras varias vueltas por escaleras y pasillos, se llega a lo que para muchos es casi el único objetivo de la visita, la Capilla Sixtina. Su construcción comenzó en 1475 bajo el papado de Sixto IV y fue decorada por grandes artistas como Botticelli, Chirlandaio o Perugino, si bien destaca el techo obra de Miguel Angel, que cubrió una superficie de 500 metros cuadrados con 9 escenas del Génesis. También de Miguel Angel es el fresco de la pared del altar, representación del Jucio Final.


En la práctica se trata de una sala atestada de gente donde el personal de seguridad manda guardar silencio cada 5 minutos por tratarse de un lugar santo, con lo que pierde un poco de encanto. Por supuesto tanto el techo como las paredes son espectaculares y aunque no está permitido hacer fotos, conseguimos sacar una destrangis...




A partir de ahí se sale atravesando varias salas con colecciones de arte hasta regresar a la zona de la cafetería, junto a otro patio desde donde se ve de nuevo la cúpula de la basílica de San Pedro.





Para salir se atraviesan los museos numismático y filatélico para después bajar por una espectacular escalera de caracol diseñada por Giuseppe Momo en 1932, que nos lleva hasta la entrada principal, por donde salimos de nuevo a la calle, donde descubrimos que la fila para comprar las entradas no ha hecho más que aumentar.










Rodeando las murallas llegamos hasta la plaza de San Pedro, no sin antes hacer una breve parada para comprar unos ricos helados y calmar el calor bajo un sol abrasador.
La plaza de San Pedro, con la basílica de fondo, es la imagen más representativa de este pequeño estado que en 1929 consiguió la independencia política de Italia, convirtiéndose el Papa en el jefe de gobierno y del estado. El Vaticano tiene pasaporte, servicio de correos (dentro de los museos hay una oficina postal desde donde enviar cartas o postales), matrícula, bandera y guardia propios. 



Su nombre es anterior al cristianismo, ya que viene del nombre en latín de la colina sobre la que se asienta, los Mons Vaticanus. Sin embargo, se convierte en el centro de la cristiandad al ser aquí crucificado y enterrado san Pedro. La primera gran basílica la construyó el emperador Constantino en el año 326, pero fue completamente derribada y construida de nuevo a partir de 1506 bajo el mandato del papa de Julio II, prolongándose su construcción durante más de 100 años. 



La enorme plaza, construida en 1656, tiene forma elíptica, de manera que si se mira desde arriba se asemeja al ojo de una cerradura, en representación del papel de San Pedro como guardián de las puertas del cielo. Está delimitada además por una increíble columnata con más de 200 estatuas de santos menores en su parte superior. 



El obelisco egipcio presente en el centro de la plaza lo trajo el emperador Calígula de Alejandría en el año 37 d.C.



Cuando llegamos allí había una fila rodeando la plaza junto a la columnata que llegaba hasta la mitad aproximadamente. Aunque la entrada es gratuita hay que pasar un control de seguridad, situado bajo la columnata norte, que es el que genera la cola, así que si se quiere entrar no hay más remedio que hacerla, aunque hay momentos en los que no es muy grande y avanza bastante rápido. Pasado este control hay un segundo puesto donde supervisan la vestimenta, ya que no se puede entrar con faldas o pantalones cortos, ni con los hombros sin cubrir, como camisetas de tirantes o sin mangas. En temporada alta suele haber gente por la zona que aprovecha la oportunidad para hacer negocio vendiendo pantalones de papel para los turistas despistados.




Ya la zona exterior de la basílica resulta impresionante, con sus pórticos y columnas enormes y los miembros de la Guardia Suiza con sus llamativos colores. Sin embargo al entrar dentro las palabras se quedan cortas para describir la inmensidad del lugar y de su ornamentación. Aunque es inevitable pensar en lo que puede costar todo esto y la reflexión que nos supone, lo mejor es intentar no hacerse mala sangre y recorrerla como si de una obra de arte en 3 dimensiones se tratase. En la primera capilla de la derecha se encuentra, protegida por un cristal, la Pietà de Miguel Ángel, una de sus obras más conocidas realizada en 1499 cuando tenía sólo 25 años. Al fondo de la nave central está la estatua de San Pedro, de Arnolfo di Cambio, del siglo XIII y que se conserva de la basílica primitiva. Es costumbre besar o acariciar sus pies.

Señalando el lugar donde se encuentra la tumba de San Pedro, bajo la espectacular cúpula de Miguel Angel, hay un enorme baldacchino de bronce de más de 20 metros creado por Bernini en 1624. Su construcción, ordenada por el Papa Urbano VII no estuvo exenta de polémica, ya que se necesitó tal cantidad de metal que el propio Papa ordenó fundir los bronces que adornaban el pórtico del Panteón. Otras obras de Bernini en el interior de la basílica son el Trono de San Pedro en la Gloria y la ventana del Espíritu Santo detrás del altar, y el monumento al papa Alejandro VII al final de la nave lateral izquierda.

Otro de los puntos destacados de la basílica es su Cúpula, a la que se puede subir previo pago entre las 8 y las 18 horas de abril a septiembre y hasta las 17 horas el resto del año. Se puede hacer una parte en ascensor y el resto a pie (320 escalones que equivalen a unos 17 pisos), o todo por la escalera en espiral (550 escalones). En el primer caso el precio es de 7 € y en el segundo de 5 €. El acceso varía según la afluencia de gente pero siempre está señalizado al entrar a la basílica. Nosotros no subimos, nos parecía un poco caro y no teníamos demasiado interés, aunque dicen que las vistas son impresionantes, tanto del Vaticano como del resto de Roma.

También se pueden visitar la Sacristía y el Tesoro y las Grutas subterráneas. A lo primero se accede desde la nave lateral izquierda y contiene objetos litúrgicos e históricos de distintos orígenes. Está abierto en invierno de 7 a 18:30 y en verano hasta las 19 horas y su precio es de 6 €. Las Grutas subterráneas por el contrario son gratuitas y contienen tumbas de reyes, reinas y papas a partir del siglo X. Están abiertas de 9 a 17 horas en invierno y hasta las 18 en verano e incluyen también maquetas de la antigua básilica e información sobre las obras que permitieron encontrar la tumba de San Pedro.

Por último, la Necrópolis Vaticana, que contiene la tumba de San Pedro, es otro de los puntos clave. Su visita está restringida a 250 personas al día y su precio es de 12 € con guía incluido. Para reservar las entradas hay que enviar un e-mail a scavi@fsp.va, un fax al +390669873017 o presentarse en el Ufficio Scavi (a la izquierda de la columnata de Bernini).




El Papa concede audiencias todos los miércoles a las 10.30 horas. Es posible solicitarla de forma gratuita escribiendo una carta a la Prefettura della Casa Pontificia o en las propias oficinas un par de días antes, en la puerta de bronce a la derecha de la basílica custodiada por la guardia suiza. Además se le puede ver los domingos a las 12 cuando se asoma al balcón de la biblioteca para el tradicional angelus, congregando a miles de personas en la plaza de San Pedro.





La salida de la basílica se realiza por su lado izquierdo, volviendo de nuevo a la plaza de San Pedro. Como no nos atraían especialmente el resto de lugares visitables del Vaticano y queríamos aprovechar el poco tiempo que teníamos para recorrer la ciudad pusimos rumbo al Castell de Sant Angelo.

El camino más directo es a través de la vía della Conziliazione, una gran avenida con frecuentes atascos y flanqueada por columnas que hacen de marco para la básilica de San Pedro que vamos dejando atrás. Ahí paramos a comprar algo de beber en una cafetería, ya que los puestos junto a la básilica tienen precios prohibitivos, 4 € por una Fanta que además parecía llevar allí bastante tiempo.



Recorriendo la avenida hasta el final llegamos al Castel de Sant'Angelo, junto al cual hay una oficina de turismo que estaba cerrada cuando pasamos por allí.
Este impresionante edificio circular del año 138 d.C., fue construido en el margen izquierdo del río Tíber como mausoleo para el emperador Adriano y su familia. En el siglo V se convirtió en fortaleza y en el año 590 se le dio el nombre actual, utilizándose desde entonces como prisión y refugio de los papas en caso de asedio. A partir de 1270, un corredor secreto les permite desplazarse desde el Vaticano allí sin riesgo.



Hoy día es un museo que acoge artefactos de distintos periodos de la historia de Roma. Se puede visitar de martes a domingo de 9 a 19.30 horas. El precio de la entrada es de 10,50 €, pudiendo variar según exposiciones temporales y se tarda en recorrer aproximadamente 1 hora, destacándose habitualmente las vistas desde su terraza superior.

A sus pies se encuentra el Ponte Sant'Angelo, uno de los puentes peatonales más bonitos de la ciudad y desde el que se tienen buenas vistas, además del propio Castel de Sant'Angelo, de otros puentes de varios siglos de antigüedad como el de Vittorio Emanuelle II de 1911.



Desde allí continuamos hacia la piazza Navona por la vía del Coronari, estrecha calle semipeatonal con mucho encanto donde abundan las pequeñas tiendas y cafeterías. Es habitual ver por allí a jóvenes curas que probablemente asistan a clases por los alrededores.






La vía del Coronari desemboca en la Piazza delle Cinque Lune, desde donde se divisa al fondo el imponente edificio del Palacio de Justicia.



A pocos pasos de ahí está la Piazza Navona, una de las más famosas de Roma. Su forma alargada y redondeada en los extremos se debe a que se encuentra sobre lo que fue el Stadium de Domiciano, construido en el siglo I dC (antes que el Coliseo) para celebrar carreras o agona (competiciones). Ese es también el origen de su nombre, de Piazza in agona fue evolucionando a Piazza Navona. Tenía capacidad para más de 30.000 espectadores y estuvo en uso hasta el siglo V.






El aspecto actual de la plaza data del siglo XVII, destacando en ella sus 3 espectaculares fuentes: la Fontana di Nettuno en el extremo norte, la Fontana del Moro en el sur y la Fontana dei Quattro Fiumi (o de los cuatro ríos) en la parte central. Las dos primeras son de la década de 1570, mientras que la central se inició en 1648. El obelisco del Circo de Majencio que caracteriza ésta última lo soportan cuatro estatuas alegóricas que representan ríos de cada uno de los continentes principales: el Ganges de Asia, El Nilo de África, el de La Plata de América y el Danubio de Europa.








Detrás de esta fuente se encuentra la iglesia de Sant' Agnese in Agone, de acceso gratuito, y dedicada a Santa Inés (Agnese en italiano), una joven devota cristina que se convirtió en mártir en los inicios del cristianismo tras ser ejecutada aquí en el año 304 por negarse a casarse con un alto cargo de la guardia militar romana. Se cuenta que el hombre mandó desnudarla en la plaza para humillarla y su pelo creció milagrosamente para taparla, y que la hoguera donde iba a ser quemada no consiguió ser encendida por lo que finalmente fue decapitada. El Palazzo Pamphili, a la izquierda de la iglesia, fue construido como residencia del papa Inocencio X, albergando en la actualidad la embajada de Brasil.



A pocos metros de allí, saliendo por el extremo suroeste de la plaza se encuentra la Piazza Pasquino, de forma triangular y utilizada como aparcamiento. Sin embargo su fama está en uno de sus extremos, donde se encuentra Pasquino, la única "estatua parlante" de Roma que dura hasta hoy. Hubo un total de 6, conocidas como El congreso de los ingeniosos, que se hicieron populares en el siglo XV por la estricta censura papal. En ellas la gente pegaba papeles anónimos con críticas políticas y eclesiásticas o con sátiras, habitualmente en verso en el dialecto local. A nosotros se nos despistó y no nos acercamos a verlo, aunque seguramente resultará de lo más curioso.


En nuestro caso salimos de la plaza por su extremo sur, dirigiéndonos hacia otro de los puntos importantes de la ciudad, el mercado de Campo de' Fiori o de las Flores. Lo que inicialmente era una pradera se fue transformando hasta convertirse en mercado de carne, lugar de ejecuciones o de mítines políticos. En la actualidad es un mercado de comida y flores por las mañanas, con mucho ambiente y un montón de bares y terrazas en los alrededores.



Hay varios puestos de pasta, fruta y verduras y algunos de especias, que llaman especialmente la atención por la gran variedad de ellas que ofrecen y lo colorido de sus mesas.



En la Edad Media era zona de artesanos y las calles de los alrededores aun conservan los nombres de aquella época, como la Vía dei Cappelari (sombrereros) o dei Chiavari (cerrajeros).

Dejando atrás Campo d' Fiori en dirección al río nos encontramos con dos grandes palacios renacentistas como son el Palazzo Spada y el Farnese.

El Palazzo Spada, con fachada de 1540, es famoso por un trampantojo creado por Borromini, que hace que una pequeña galería de columnas de 9 metros de largo parezca la entrada de un gran jardín que en realidad no existe. Hoy en día una parte alberga oficinas del Tribunal Supremo y otra colecciones de arte de importantes pintores italianos que se puede visitar previo pago de 5 €. Habíamos visto en el blog Un mundo para 3, que era posible acercarse a ver el trampantojo sin pagar la entrada, pero los lunes estaba cerrado por lo que nos fue imposible asomar la cabeza siquiera. Por lo que he visto en su web, ahora el día de cierre ha pasado a ser los martes.





En la misma plaza, la Piazza Capo di Ferro, encontramos una pequeña fuente justo enfrente de la entrada al Palazzo Spada, algo muy típico de las calles romanas, con fuentes o estatuas en cada rincón.









A una calle de allí se sitúa la Piazza Farnese, en el centro de la cual hay dos enormes pilas de agua que proceden de las Termas de Caracalla. El símbolo de esta enorme plaza es el palacio del mismo nombre, Palazzo Farnese, que actualmente aloja la embajada de Francia y cuya construcción se inició en 1514.




Desde aquí nos dirigimos al popular barrio del Trastévere, con mucho ambiente y de donde habíamos leído que se puede comer bien a buen precio. Su nombre significa literalmente "a la otra orilla del Tévere" (el río Tíber en italiano). Para llegar hasta allí cruzamos el río por el ponte Sisto y vamos recorriendo sus callejuelas buscando un lugar apetecible donde degustar la primera comida romana del viaje.

Hay un montón de restaurantes donde elegir, nosotros finalmente nos decantamos por el Grazia Graziella, que tenía terraza fuera a la sombra y esto era un gran punto a su favor con el calor que hacía. La comida resultó estar muy bien, los camareros eran simpáticos y tienen menú en distintos idiomas, incluido español. Pedimos cada uno un plato con bebida y pan y pagamos 45 € entre los 4. Además desde allí podíamos disfrutar de vistas del campanario de la basílica Santa María in Trastevere, a la que nos dirigimos después de comer.