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lunes, 7 de marzo de 2016

Día 9 (22/08): vuelta a Bergen parando en Bøyabreen y Supphellebreen y dormimos en Haukeland


Amanecía nuestro último día en los fiordos bastante nublado, había llovido algo durante la tarde - noche anterior y entre las previsiones meteorológicas no demasiado buenas y que tocaba día de regreso, el ánimo no estaba muy por las nubes. Sin embargo, el día fue mejor de lo esperado y hubo varios rincones que nos gustaron mucho pese a tratarse de un día de coche por la cantidad de kilómetros que teníamos que hacer hasta Bergen.

La primera parada del día tras abandonar Lunde Turiststasjon fue el glaciar Bøyabreen, a tan sólo 10 kilómetros de allí. Se llega a él siguiendo la carretera 5 a través del Fjærlandstunnelen que atraviesa el macizo montañoso que veíamos la tarde anterior desde nuestra cabaña. A pocos metros de la salida del túnel está señalizado el desvío hacia el glaciar. Por una estrecha carretera asfaltada se llega en menos de 5 minutos a un aparcamiento desde el que tenemos ya una vista impresionante de esta lengua glaciar del Jostedalsbreen.



El resto del entorno que rodea el aparcamiento tampoco se queda atrás: cascadas que recorren paredes casi verticales, nieves perpetuas y verdes bosques de los que podemos disfrutar sin apenas ruidos ni presencia humana.





Del aparcamiento parte un camino que en pocos minutos nos lleva hasta el lago Brevatnet a los pies del glaciar. Aunque el tiempo no era el ideal, ya que estaba cubierto y hacía fresco (aunque no podíamos quejarnos con la suerte que habíamos tenido hasta entonces), disfrutamos mucho del paisaje, es realmente espectacular cómo se refleja el hielo y la montaña en el agua que hay a sus pies.



Desde ahí nos dirigimos al Supphellebreen, la lengua glaciar a menor altitud de Europa por debajo del círculo polar, con su parte más baja a tan sólo 60 metros sobre el nivel del mar.

Para llegar hasta allí volvemos a la carretera 5 y unos kilómetros más adelante cogemos la desviación señalizada hacia el glaciar, cruzando el río Supphelleelvi. Recorriendo la carretera de gravilla se llega a un aparcamiento desde el que en pocos minutos alcanzamos la base del glaciar andando junto al río que allí se origina.


El Supphellebreen se alimenta del hielo y la nieve que van cayendo del Flatbreen, un glaciar a 400 metros por encima de él y que avanza a una velocidad de 2 metros al día. Anualmente caen unos 2 millones de toneladas de hielo, el equivalente a una capa de 230 metros de grosor del tamaño de un estadio de fútbol.



Desde aquí nuestro plan inicial era seguir por la carretera 5 hasta Sogndal, bordear el Sognefjorden cruzándolo hacia Vangsnes y de ahí continuar hacia el sur hasta Vossevangen y Bergen. Sin embargo, debido al cambio de planes forzoso de nuestro segundo día en los fiordos, ya habíamos recorrido esa zona, por lo que decidimos improvisar un poco y cambiar de ruta para explorar sitios nuevos.




Retrocediendo sobre nuestros pasos llegamos hasta Skei, donde enlazamos con la E39 que va bordeando el Jølstravatnet. Seguimos entre bosques y granjas hasta Moskog y ahí cogimos el desvío señalizado a Balestrand por la carretera 13. A partir de aquí recorremos un tramo de una de las 18 carreteras turísticas del país, Gaularfjellet. Inicialmente el paisaje apenas cambia y avanzamos entre árboles hasta llegar al lago Holsavatnet, donde las vistas se van abriendo cada vez más hasta dejarnos ver la otra orilla del lago y alguna que otra cascada.



La carretera, inaugurada en 1938, atraviesa el pueblo de Holsen, lo que nos permite pasar junto a su iglesia de madera blanca de 1861.



Dejamos atrás el pueblo para iniciar un suave pero continuo ascenso hacia el interior, que culmina en el puerto de Rørvikfjellet, a unos 550 metros de altitud sobre el nivel del mar. Nada más pasar al otro lado disfrutamos de las vistas sobre el lago Haukedalsvatnet que tras perder altura progresivamente bordeamos hasta que se convierte en el río Råeimsdalselva. Un poco más adelante hacemos una breve parada en el la cascada de Vallestadsfossen (señalizado en la carretera como Viksdalen), que con tan sólo 75 metros es una de las más altas del curso del río Gaular y que en el pasado fue utilizada para proveer de energía molinos, aserraderos e incluso una central hidroeléctrica.



A la zona de Gaular y Forde se le llama el país de las cascadas ya que a lo largo del río Gaular podemos encontrar 29 saltos de agua de relativa importancia. La mayor concentración de ellas se encuentra en el tramo de la carretera 13 entre el pueblo de Viksdalen y el lago Myravatnet (en sentido a Voss), incluida la Likholefossen, famosa por su puente de acero.



Sin embargo seguir por allí hacia nuestro destino implicaba dar bastante rodeo y el día estaba bastante gris llovizneando a ratos, por lo que cogimos la carretera 610 hacia Sande, que también pertenece a la carretera turística nacional de Gaularfjellet. Avanzamos bordeando el lago Viksdalsvatnet hasta cruzar el puente que lo separa del Hestafjorden. Este paso nos deja unas vistas preciosas del lago y el fiordo y nos sorprende unos metros más adelante al aparecer entre árboles la iglesia de madera de Hestad de 1805. La entrada a la iglesia está nada más cruzar el puente y cuando nos quisimos dar cuenta nos la habíamos pasado y como más adelante no había sitio para parar el coche nos quedamos con el recuerdo fugaz visto desde la carretera, aunque verdaderamente merece una parada.

Unos 4 kilómetros más adelante paramos en un pequeño aparcamiento junto a la carretera desde el que se accede en 5 minutos a la cascada de Eikelandsfossen a través de un sendero estrecho. Ésta, a diferencia de otras muchas, apenas ha sido utilizada para obtener energía por sus excelentes condiciones para la pesca de truchas.



A un par de kilómetros de allí vemos desde la carretera otra cascada, la Fossfossen, de tan sólo 30 metros de caída pero bastante caudalosa.



Al llegar a Sande cogimos la E39 hacia Vadheim, pueblo que da nombre al fiordo que lo baña, uno de los brazos del Sognefjorden. Luego seguimos hasta Lavik, donde cogemos el barco que, por 100 NOK los 2 más el coche, nos permite cruzar el Fiordo de los Sueños en una de sus zonas más anchas (unos 5 km) muy cerca ya del mar. Aprovechamos los aproximadamente 20 minutos que dura el trayecto para comer. Este barco es diferente a otros que hemos cogido, casi todo el espacio de la cubierta es para los vehículos y en un lateral hay una zona cerrada con mesas y cafetería.




El barco llega a Ytre Oppedal y tras desembarcar, continuamos hacia Bergen por la E39. Como aún era pronto, al llegar al pueblo de Matre nos desviamos por la Fv381 hacia Bjordal para ver una cascada que salía señalada en el mapa de carreteras que llevábamos. Se trata de Hommelfossen, a unos 4 kilómetros de allí, y se ve bastante bien desde la carretera. Nosotros paramos en una entrada que había un poco más adelante que cruza el río Matreselva y llega hasta la estación eléctrica de Hommelfoss.










Desde ahí intentamos acercarnos a ella andando pero no encontramos ningún camino que nos permitiera llegar sin complicarnos demasiado. Hicimos un par de fotos por los alrededores y volvimos al coche.



Seguimos avanzando hacia el sur y a medida que nos íbamos acercando a Bergen íbamos dejando atrás los espectaculares paisajes de los fiordos y nos íbamos encontrando más civilización y menos naturaleza salvaje. Como teníamos tiempo, paramos en Ostereido en un supermercado Rema 1000 junto a la carretera para comprar algunas cosillas para cenar y desayunar el último día.

Nuestro alojamiento de esa noche era el camping Bratland, a unos 25 minutos al sureste de Bergen. Para llegar hasta allí fuimos enlazando la E39 con la E16 y la carretera 580, que pasa junto al camping. Nos costó un poco encontrarlo porque yendo desde el norte se puede llegar por caminos vecinales pero resulta bastante confuso, es mejor seguir por la carretera principal que pasa por su lado.

Aún era pronto cuando llegamos y nos daba pena dar por terminado el día, por lo que tras hacer el check-in nos acercamos a ver la Fantoft stavkirke, pese a que el tiempo seguía sin acompañar.


Se encuentra a unos 15 minutos del camping, a medio camino en dirección a Bergen, pero no se puede llegar hasta ella en coche, hay que dejarlo en uno de los aparcamientos que hay en la base de la colina en la que se encuentra y subir andando por caminos entre árboles. Nosotros aparcamos en Birkelundsbakken y tras un agradable paseo de menos de 10 minutos aparecimos frente a ella.





Esta espectacular iglesia de madera es por desgracia bastante reciente. Aunque estuvo en este mismo emplazamiento durante varios siglos la stavkirke de Fortun (construida en el año 1150 y trasladada en 1883), un terrible incendio la destruyó por completo en 1992. En su lugar se encuentra ahora una reconstrucción fiel del edifico original.



Entre el 15 de mayo y el 15 de septiembre se puede visitar de 10:30 a 18 horas por 55 NOK por persona. Cuando llegamos ya habían cerrado y estuvimos viéndola desde fuera y dando un paseo por los alrededores aprovechando que no llovía.



La cruz de piedra del exterior, conocida como Cruz de los deseos, fue traída por los peregrinos desde Jerusalén.







Después de varios minutos disfrutando del entorno y la tranquilidad reinante reemprendimos el camino de vuelta al coche a través del bosque.








Desde allí volvimos directamente al camping, donde tras una cena reparadora en la cocina del edificio principal, nos fuimos a descansar, por un lado cansados por todo lo que llevábamos a cuestas pero por otro con pena porque este viaje tan especial estuviese llegando a su fin.



viernes, 26 de febrero de 2016

Lunde Turiststasjon, cabaña en el corazón de Sogn og Fjordane


El alojamiento de nuestra octava noche en Noruega fue Lunde Turiststasjon, en la comarca de Sogn og Fjordane. No es un pueblo en sí, sino un complejo turístico formado por cabañas, apartamentos y habitaciones en el edificio principal en el que se encuentra además la recepción.



Nosotros habíamos reservado a través de Booking una cabaña con cocina y baño compartido por 450 NOK (se puede pagar allí con tarjeta). Aunque era muy sencilla el entorno era espectacular y el precio bastante bueno dentro de lo que es Noruega.



La cabaña consta de una habitación con 4 literas y un salón/cocina. Hay televisión y wifi gratis pero no hay utensilios de cocina ni fregadero. Éstos están disponibles en la cocina comunitaria, que se encuentra en el mismo edificio que los baños, a poca distancia de las cabañas (edificio que se ve al fondo en la foto anterior). En la cocina común también hay una mesa para comer, de hecho nosotros cenamos allí. La cocina estaba bastante bien pero los baños son pocos y no estaban demasiado cuidados.




Uno de los elementos destacados es un jacuzzi al aire libre que se puede utilizar por 100 NOK por persona y hora. Asimismo disponen de lavadoras por 30 NOK.



En resumen es un alojamiento sencillo pero recomendable para aquellos a los que les guste la tranquilidad y no les importe estar lejos de la civilización. Tienen distintas opciones de alojamiento para todos los gustos, con mayores comodidades pagando más o algo básico a un precio ajustado.


miércoles, 17 de febrero de 2016

Día 8 (21/08): Geirangerfjord, crucero en Geiranger, glaciar Jostedalsbreen y dormimos en Lunde


El octavo día de nuestro viaje por Noruega nos levantamos bastante pronto, ya que habíamos reservado una salida en barco por el Geirangefjord a las 11:30 y no queríamos que se nos hiciera tarde. Antes de las 9 salíamos del Stordal Camping, donde habíamos pasado muy buena noche, y poníamos rumbo a Geiranger.




Lo primero que encontramos, antes aún de abandonar el pueblo, fue la Stordal kyrkje, iglesia blanca de madera construida en 1907 para sustituir en el uso diario a la Stordal Gamle Kirkje o "Iglesia de la rosa", de más de 200 años y famosa por su decoración de estilo floral.



Seguimos la carretera 650 que nos lleva hacia el interior para poco después volver a orillas del fiordo junto a la población de Liabygda, desde donde se puede cruzar éste mediante el ferry a Stranda.




En una media hora llegamos al puerto de Linge y allí cogimos el mismo barco del día anterior pero en sentido contrario, con destino Eidsdal. El precio tampoco varía, 99 NOK el coche y nosotros dos (más información en la web de Fjord1).




Deshacemos el camino recorrido el día anterior hasta Geiranger, pasando de nuevo junto al Eidsvatnet o el mirador de la carretera del águila. Al ser por la mañana otra vez, la luz seguía siendo bastante mala para las fotos, aunque el entorno resultaba igual de sobrecogedor.




Una vez en Geiranger, buscamos aparcamiento en el muelle, en la terminal donde se cogen los ferry de línea a Valldal y Hellesylt. Habíamos visto en la web de Geiranger Fjordservice, la empresa con la que teníamos reservada la salida en barco, que ahí había aparcamiento gratuito, al igual que en la calle central del pueblo y junto al supermercado, aunque en temporada alta podía llenarse fácilmente. Nosotros, quizá por la hora o porque no había mucha gente, tuvimos suerte y encontramos sitio a la primera. Desde allí son 5 minutos andando a la Oficina de Turismo donde debíamos cambiar la factura que nos habían enviado por correo electrónico por un ticket válido para el barco. Como aún nos quedaba más de una hora para zarpar decidimos dar un paseo por el centro del pueblo y acercarnos hasta su curiosa iglesia octogonal siguiendo las indicaciones del mapa que había en la oficina.



Volvíamos a tener suerte con el tiempo y disfrutamos mucho del paseo. Dejando atrás el puerto y el supermercado, llegamos hasta el camping, donde tras cruzar el río subimos junto a él hasta unas escaleras con balcones que nos permiten disfrutar de cascadas como la Storfossen, formadas por el río con la ayuda de algunas represas poco antes de desembocar en el fiordo. De ahí el nombre que recibe este paseo: Waterfall Walk o Paseo de las cascadas.







Desde aquí se van teniendo ya buenas vistas del fiordo y las montañas del otro lado, por donde discurre la carretera del águila que ya habíamos recorrido de subida y bajada.






Tras cruzar de nuevo el río, andando unos minutos por la carretera llegamos a la Geiranger kyrkje, iglesia de madera de planta octogonal construida en 1842. Es la tercera iglesia de la que se tiene constancia en este mismo emplazamiento, la primera de ellas del siglo XV. Está rodeada por un pequeño cementerio y merece la pena hacerla una visita aunque sea breve.



En total el paseo nos llevó menos de una hora y ya de vuelta en el puerto, tras hacernos una foto con uno de los habitantes del lugar, cogimos algo de ropa de abrigo que nos vino muy bien para el barco y nos dirigimos de nuevo a la Oficina de Turismo, que cuenta con wifi gratuito, y detrás de la cual zarpaba nuestra excursión.






Aunque el barco iba bastante lleno, pudimos encontrar un buen lugar a bordo desde el que hacer fotos y disfrutar de las vistas. Aunque había una zona con asientos preferimos quedarnos de pie cerca de la entrada para verlo todo mejor. El barco zarpó puntual y fuimos recorriendo el fiordo mientras por megafonía daban información de los distintos puntos de interés en noruego, inglés, alemán y francés.



Al poco de empezar se pueden ver a la derecha las 11 pronunciadas curvas de la Ørnevegen o carretera del águila, donde se encuentra el mirador de Ørnesvingen en el que habíamos estado el día anterior.




Uno de los enclaves fundamentales del recorrido es la cascada Dei sju Systre o de las Siete Hermanas, que recibe ese nombre por las al menos 7 caídas de agua que la componen, aunque varían según la cantidad de agua, con una altura media de 250 metros. Ese día no había mucho agua y no impresionaba tanto como en otras fotos que habíamos visto, aunque pudimos pasar justo por debajo y verla desde muy cerca.




El hacer el recorrido en los dos sentidos nos permite verlo todo desde diversos ángulos y tener distintas perspectivas de cada rincón del fiordo, como con esta cascada de las Siete Hermanas que vimos desde abajo y desde el otro lado.



Frente a ella se encuentra la cascada Friaren o El Pretendiente, que según la leyenda tiene forma de botella porque representa a un joven que cortejó a las 7 hermanas y tras la negativa de todas ellas se dio a la bebida...


Otra de las cascadas más populares es la de Brudesløret o El Velo Nupcial, que recibe el nombre por cómo cae el agua en su parte superior, como si de un velo se tratara.





El Geirangerfjord es uno de lo fiordos más famosos del país y casi se podría decir del mundo entero, en especial tras ser declarado en 2005 Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO junto al Naerøyfjord. Con forma parecida a una S tiene 16 km de largo, 250 metros de profundidad y una anchura máxima de 1,5 km. Se caracteriza además por sus paredes verticales, algunas con grandes y profundos cortes.



El barco da la vuelta al final del fiordo, donde se encuentra con el Sunnylvsfjorden y desde donde se puede ir hacia Hellesylt al sur o hacia Valldal al norte, ambos trayectos realizados por barcos de línea. De hecho nuestra idea inicial era haber recorrido el fiordo de esta forma, de Geiranger a Hellesylt, para no tener que pasar dos veces por el mismo sitio, pero el precio era casi el doble al tener que llevar el coche (ver horarios y precios aquí) y al final decidimos organizarlo mejor así.





El fiordo de Geiranger es el ramal sur del Storfjord, el quinto mayor fiordo de Noruega con 110 km de largo y da vida al pequeño pueblo homónimo que aunque cuenta con tan sólo 200 habitantes recibe al año más de 600.000 visitantes. Es además un claro representante de la palabra "fiordo", de origen noruego, que se define como una larga y profunda entrada de mar entre altos acantilados formada al sumergirse un valle glacial.





Todo el fiordo en su conjunto es impresionante, desde las altas paredes verticales...





... a las numerosas cascadas que se deslizan ladera abajo haciendo formas imposibles.




Otro de los elementos significativos del fiordo son sus antiguas granjas, como la de Matvika o la de Knivsflå junto a la cascada de las Siete Hermanas. En ellas, la mayoría de muy difícil acceso, vivieron de la agricultura y la ganadería familias enteras hasta mediados del siglo pasado y la asociación Storfjordens venner (Amigos del Storfjord) se encarga de restaurarlas y conservar las tradiciones en este y otros fiordos cercanos.



Durante el trayecto de vuelta, el barco hace una breve parada junto a la orilla para recoger o dejar a quienes van caminando a la granja de Skageflå, a unos 300 metros por encima del fiordo, ya que es uno de los servicios que ofrece esta empresa Geiranger Fjordservice.



Alrededor de la una llegábamos a puerto, terminando este paseo en barco con muy buen sabor de boca y dejando atrás un fiordo cuya fama es totalmente merecida y que verdaderamente nos cautivó.






Tocaba retomar el viaje, con una segunda parte del día bastante menos planificada. Teníamos pensado más o menos el recorrido y varias sitios interesantes para ver, principalmente lenguas glaciares, pero habíamos decidido improvisar un poco en función de lo que nos fuésemos encontrando. Lo primero era deshacer parte del camino del día anterior, subiendo por la carretera 63 desde Geiranger hacia Dalsnibba, a donde finalmente no subimos porque con las vistas desde los otros miradores habíamos tenido suficiente y queríamos aprovechar el tiempo al máximo para descubrir lugares nuevos.




Justo antes de pasar el puerto y dejar atrás el Geirangerfjord hicimos una breve parada para disfrutar por última vez del entorno. Sin duda esta zona tiene un encanto especial y no sólo el fiordo sino todo lo que le rodea resulta impresionante.



Una vez pasado el puerto volvimos a encontrar el paisaje de alta montaña del día anterior, con nieve y pequeñas cascadas sobre las lomas de piedra. Seguimos avanzando hasta retomar la carretera 15, pero en lugar de hacerlo en dirección a Stryn hacía donde nos dirigíamos, atravesando las montañas a través de varios túneles, decidimos dar un rodeo por Strynefjellet para disfrutar del paisaje.


De este modo volvimos a rodear el lago Breiddalsvatnet y como ya apretaba el hambre decidimos parar a comer en las mesas de picnic del aparcamiento del Hotel Grotli, justo frente al cruce donde se coge la carretera turística 258 o Gamle Strynefjellsvegen.



Tras reponer fuerzas disfrutando del solecito aunque con algo de frío por la altitud a la que estábamos (más de 900 metros), nos adentramos en Strynefjellet, un lugar que realmente nos impactó y eso que, por lo que hemos visto después, en otoño es aún más espectacular.





Hay que decir que esta carretera no está recomendada para caravanas y se prohíbe la circulación a vehículos de más de 13 metros de longitud. Quizá precisamente por eso tiene un encanto especial, probablemente fue de las zonas más salvajes por las que pasamos y el agua turquesa de sus lagos en contraste con la nieve y las rocas nos enamoró.



La carretera, construida sin apenas maquinaria a finales del siglo XIX con ayuda de emigrantes suecos, apenas ha cambiado, es poco más que una pista, bastante estrecha y con tramos de gravilla, pero se puede circular sin problemas con un coche normal. Además se conservan a los lados de la carretera las grandes piedras de protección e incluso algunos muros de piedra seca.



El punto más alto del recorrido son 1139 metros de altitud y a partir de ahí comienza un descenso, inicialmente suave, con multitud de cascadas junto a la carretera.





Después el descenso se vuelve más fuerte con algunas curvas pronunciadas, lo que nos permite ver más hacia el fondo del valle. Aunque la carretera es estrecha se conduce sin problemas y hay varias zonas donde parar el coche para hacer fotos.



Uno de los lugares de interés de esta zona es la cascada Videfossen, situada a pocos metros de la carretera, junto al Hotel Videseter. Aunque hay un mirador a unos pasos del hotel, el aparcamiento de éste es de pago y las vistas de la cascada son bastante más espectaculares desde la carretera algo más abajo. Sin embargo como el hotel estaba cerrado nos acercamos hasta el mirador y aprovechamos para disfrutar de la impresionante panorámica sobre el valle Hjelledalen y la montaña Skåla, de 1.848 metros.




Siguiendo la carretera, un par de curvas más abajo, nos sorprende una bonita imagen de Videfossen con arcoiris incluido.



Poco después enlazamos con la carretera 15 y continuamos camino valle abajo. A unos metros del cruce hay un apartadero para los coches desde el que se puede acceder por una senda de unos 200 metros a un mirador sobre la cascada Øvstefossen. Nosotros la confundimos con una estrecha caída de agua que recorre la ladera y que es visible desde la carretera y no nos acercamos al mirador pensando que no aportaba mucho más, pero después descubrimos que Øvstefossen es bastante caudalosa y discurre en realidad por el fondo del valle, por lo que no se ve si no se baja hasta él.

Siguiendo por la carretera 15 se va perdiendo altura, atravesando algún túnel y dejando atrás altas montañas y cascadas hasta llegar casi al nivel del mar junto al lago Oppstrynsvatnet.




La carretera avanza bordeando este precioso lago de 23 kilómetros cuadrados rodeado de cumbres, glaciares y pequeños pueblos.




Seguimos avanzando junto al río Stryneelva hasta llegar al pueblo de Stryn, el más grande de la zona pero sin apenas lugares de interés. Aquí dejamos la carretera 15 para coger la 60 en dirección a Byrkjelo, cruzando el río justo antes de su desembocadura en el fiordo Innvikfjorden.



Vamos bordeando el fiordo hasta llegar a la localidad de Loen, que cuenta con una iglesia octogonal de madera blanca de 1838. Se pasa junto a ella al coger la carretera Fv723 hacia los glaciares Kjenndalsbreen y Bødalsbreen (señalizado), lenguas del gran Jostedalsbreen.




Para llegar hasta los glaciares es necesario en ambos casos pagar peajes a partir de un determinado punto en la carretera y andar desde los aparcamientos una media hora. Nosotros no fuimos hasta el hielo, pero sólo recorrer la carretera que bordea el lago Lovatnet merece mucho la pena. Sus aguas de color turquesa encajonadas entre paredes nevadas resultan impresionantes y nos quedamos literalmente con la boca abierta pese a llevar ya varios días en los fiordos. Este color se debe a la presencia de arcillas y polvo de rocas erosionado por los glaciares y arrastrado por los riachuelos de la zona.



Por desgracia, las montañas que lo rodean no siempre han tenido efectos tan positivos, ya que en dos ocasiones (1905 y 1936) grandes bloques de piedra se desprendieron de la montaña provocando al caer en el lago olas inmensas que destrozaron los pueblos de Nesdal y Bødal, falleciendo 135 personas.



A unos 20 minutos de Loen se llega a la bifurcación entre los dos glaciares, justo antes de cruzar el arroyo Bødalselva, donde una señal informa que a 5 km a mano izquierda, por una carretera de gravilla de peaje, está Bødalseter, desde donde se tarda unos 45 minutos andando al glaciar Bødalsbreen.

Siguiendo de frente y cruzando el arroyo se seguiría hacia Kjenndalsbreen, por otra carretera de peaje de 40 NOK a partir del restaurante Kjenndalstova. Aunque no parece haber mucho control avisan que las multas en caso de impago son de 200 NOK. Desde el parking hay que andar unos 20 minutos para llegar al glaciar, uno de los más accesibles y que se encuentra a tan sólo 160 metros sobre el nivel del mar



Lo cierto es que en caso de contar con tiempo y presupuesto y viendo como es el entorno seguro que merece la pena visitarlos. Nosotros iniciamos el regreso ya que eran cerca de las cinco y aun teníamos alrededor de 100 kilómetros hasta nuestro alojamiento de esa noche. Deshicimos el camino andado hasta Loen y ahí continuamos en dirección a Byrkjelo por la carretera 60, que sigue bordeando el Innvikfjorden, pasando por los pueblos de Olden, Innvik y Utvik.

Desde Olden se puede ir también por carretera de pago en una media hora hasta un aparcamiento desde el que andando una hora (o alquilando coches eléctricos por 200 NOK por persona) se llega al glaciar Briksdalsbreen, otra de las lenguas del Jostedalsbreen y uno de los más famosos y visitados de la zona, pero que tuvimos que dejar para próximos viajes.




En Utvik la carretera se mete hacia el interior y hay que subir el puerto de Utvikfjellet de 630 metros para ir hacia el sur. Antes de llegar a su punto más alto, en la última curva cerrada, hay un mirador con mesas de picnic donde hacer un descanso y disfrutar de las vistas, aunque los árboles cada vez más altos impiden ver el fiordo del que venimos con claridad.





Bajando hacia Byrkjelo avanzamos entre granjas mientras vemos como el valle se va abriendo ante nosotros,





La imponente montaña piramidal que aparece al fondo del valle Våtedalen frente a nosotros es Eggjenibba, de 1338 metros de altitud.



De hecho la carretera E39 que cogemos en Byrkjelo sentido Bergen recorre este valle, por lo que pasamos a sus pies, aunque desde ahí la vista no es tan espectacular. Poco después llegamos hasta Skei, junto al lago Jølstravatnet, de 30 km de longitud y cuyo punto más profundo se encuentra a unos 200 metros por debajo del nivel del mar. Tiene un brazo hacia el este que recibe el nombre de Kjøsnesfjorden aunque no es un fiordo como tal, y es éste el que bordeamos con la carretera 5 que cogemos en Skei hacia Sogndal.


Atravesando varios túneles llegamos hasta nuestro alojamiento de esa noche, Lunde Turiststasjon, un complejo de cabañas junto al río Lundaelva, el cual desemboca cerca de allí en el lago que acabamos de bordear. El entorno es realmente impresionante y las vistas desde nuestra cabaña de película, no se puede pedir más y nos vamos entusiasmados a dormir porque en este viaje parece que lo espectacular no tiene fin.