sábado, 2 de diciembre de 2017

Escapada otoñal al Parque natural de Redes


Son muchos los lugares que nos quedan por visitar en el mundo pero a veces no hace falta irse muy lejos para descubrir rincones espectaculares que te dejan con la boca abierta. Y para nosotros esto se cumple cada vez que visitamos Asturias.

Esta vez le tocó el turno al Parque Natural de Redes. Aunque yo ya lo conocía tenía muchas ganas de volver y para José era uno de los primeros en su lista de pendientes así que aprovechando unos días de vacaciones hicimos una breve escapada para recorrerlo y disfrutarlo, si el tiempo nos lo permitía.

Redes tiene una extensión de 37.803 hectáreas, cubiertas en su mayoría por masas boscosas de haya, la especie vegetal más típica del parque ocupando 3/4 partes de toda su superficie. Está atravesado por una arteria principal, el río Nalón, uno de los más importantes de toda la región. Además en él habitan multitud de especies como osos, lobos, rebecos e incluso el urogallo, en grave peligro de extinción. Por este motivo fue declarado Parque Natural en 1996 y Reserva de la Biosfera en 2001. 

Teníamos por delante 3 jornadas enteras. La primera de ellas nuestro objetivo era la que probablemente se ha convertido en la ruta más conocida de todo el parque por su belleza y sencillez, la Ruta del Alba (track aquí).


Se inicia en la bonita localidad de Soto de Agues situada a tan sólo 2 km de Rioseco, capital del Concejo de Sobrescobio. Este pequeño pueblo nos impresionó por la gran cantidad de hórreos que acoge. A la entrada del pueblo hay un amplio aparcamiento donde dejar el coche.




Atravesando el pueblo encontramos una ancha pista hoy día asfaltada que durante años fue la vía de paso usada por pastores y arrieros para llegar al vecino valle de Aller.




Dejamos atrás un cuidado lavadero en cuya fuente podemos aprovisionarnos de agua y a los pocos metros encontramos las instalaciones de una piscifactoría de trucha. Esta zona se caracteriza por laderas de castaños y manchas de robles.







Algo más adelante está el puente Precia por donde regresamos a la vuelta de la ruta para pasar por un mirador y el barrio de San Andrés de Agues. A partir de aquí el camino empieza a encañonarse siguiendo el curso del río Alba.






A ambos lados de la senda crecen como pueden, en fisuras y rellanos, ejemplares dispersos de haya, tejo, escuernacabras, mostajo, tilo o sauce. Abundan también los líquenes y el musgo tapizando las rocas y completando el cuadro del paisaje en tonos verdes.




Vamos avanzando y pasamos junto a las ruinas de un antiguo cargadero de hierro de la mina Carmen, que funcionó entre 1922 y 1967, un par de fuentes y un puente cortado que da paso a un abrigo para ganado al otro lado del río.





También encontramos bonitas brañas y zonas más estrechas con desplomes de piedra que parece quisieran formar túneles alrededor del camino.





En varios puntos además es posible acercarse al agua y disfrutar de su murmullo, de las formas que hace y la combinación mágica con las hojas caídas y los colores otoñales.



A una media hora de los cargaderos encontramos el Puente La Vega, donde finaliza el tramo hormigonado y han instalado una zona de merendero.

Continuamos por un sendero bastante más estrecho paralelo al caudaloso río y que penetra en las Foces de Llaímo, iniciándose el tramo más espectacular de la ruta, con paredes verticales de cuarcita primero y caliza después, voladizos y multitud de rápidos, pozas y cascadas, alguna de hasta 10 metros de altura.




El agua es sin duda el protagonista de esta parte de la ruta y pese a la sequía que este año afecta a todo el país, incluida la zona cantábrica, las lluvias recientes nos dejan disfrutar de un más que respetable caudal.






















El camino cruza en dos ocasiones pequeños puentes de piedra de medio punto: La Pontona, primero, y el puente de La Resquiebra, después. 





Aunque son varios los saltos de agua que encontramos en poco recorrido para nosotros el más espectacular es el que encontramos junto al primero de los puentes, no sólo por su tamaño sino por el rincón en conjunto.



Después de esto quedan ya pocos metros de desfiladero, aunque no por ello menos impresionantes, incluso se podría decir que lo mejor queda para el final...




En este punto el espacio se abre repentinamente, terminan las foces y llegamos a La Cruz de los Ríos, donde encontramos un pequeño refugio en una pradera junto a mesas de madera y algún árbol centenario. 








Desde allí en días despejados, no como el nuestro en el que se cubrió el cielo en cuestión de minutos, hay buenas vistas de El Retriñón, que con 1.862 metros sobre el nivel del mar se sitúa en el límite entre los concejos de Caso, Aller y Sobrescobio. 


Aunque se puede continuar recorriendo esta zona espectacular, la ruta del Alba propiamente dicha finaliza aquí. Nosotros sólo avanzamos unos metros más junto al río que nos tenía hipnotizados.



Aunque el día había amanecido completamente despejado, a partir de mitad de la ruta comenzaron a entrar nubes y al llegar a la Cruz de los Ríos y ponernos a comer empezaron a caer gotas que se transformaron en lluvia continua durante toda la tarde. Tocó regresar paraguas en mano, aunque esto no nos impidió coger el desvío al mirador en el Puente Precia y disfrutar de las bonitas vistas.



Además del mirador el paseo por esta parte del bosque es precioso, es muy recomendable hacer esta variante ya que se tarda prácticamente lo mismo y aporta mucho a la ruta.



Aunque la tarde no estaba para muchos paseos habíamos quedado con los dueños de la casa rural donde nos íbamos a alojar sobre las 6 de la tarde y decidimos aprovechar el rato que nos quedaba yendo al Centro de recepción e interpretación del Parque Natural en Campo de Caso.

Por desgracia entre semana en temporada baja está cerrado, así que al igual que un par de parejas más nos quedamos con las ganas. Lo que sí hicimos fue aprovechar el viaje hasta allí para visitar otro de los monumentos naturales del Parque, la Cueva Deboyu.



Un Monumento Natural es una figura de protección otorgada a aquellos "espacios o elementos de la naturaleza constituidos básicamente por formaciones de notoria singularidad, rareza o belleza, que merecen ser objeto de protección especial". En 2003 se declaró así esta cueva de origen kárstico y de unos 200 metros de longitud atravesada por el río Nalón. Está situada en Les Llanes, muy cerca de Campo de Caso, saliéndose de la carretera principal. Se puede bajar hasta ella caminando aunque conviene no adentrarse. Además fuera encontramos un área recreativa y siguiendo la carretera un restaurante-parrilla de la que nos recomendaron las fabes, aunque por desgracia no las pudimos probar ya que ese día ya habíamos comido y pensamos ir al día siguiente pero los miércoles cerraban por descanso.



Finalmente tocaba descansar y pusimos rumbo a nuestro alojamiento de esas 2 noches: La Seronda de Redes en el pequeño pueblo de Bueres.

La escogimos porque tenía muy buena pinta y en otoño hacen ofertas, 2 noches por 100 € (seronda es otoño en asturianu tal y como nos dijeron después), pero fue incluso mejor de lo que esperábamos. Son 4 apartamentos y al menos el nuestro era súper acogedor. Además el trato fue genial, nos dieron un montón de información enfocada a lo que buscábamos y no podemos tener más que buenas palabras.



Cada apartamento tiene nombre de árbol autóctono: Faya, Castaño, Roble o Acebo. Nosotros nos quedamos en el primero, son sólo 38 metros cuadrados pero muy bien distribuidos y con espacio de sobra para 2 personas. Consta de un salón/cocina/comedor y una habitación con baño.


Hay todo tipo de utensilios de cocina, microondas, tostador y leña gratuita para la chimenea.



La habitación cuenta con cama de matrimonio de 1,35, armario con mantas y almohadas de sobra y otro pequeño con juegos de mesa.



Por último el baño dispone de bañera y bidé, además de albornoces para los 2, un detalle que nos llamó la atención.



El día siguiente se cumplió la previsión y amaneció muy cubierto con lluvia intermitente. Habíamos decidido hacer día de turismo improvisando si el tiempo nos permitía andar un poco.

Nuestra primera parada fue la Collada Arnicio, en la carretera AS-254 que une Bueres con Infiesto. El dueño de la casa rural nos la había recomendado por los parajes que atraviesa y las vistas que hay desde ella, aunque con el día que hacía no pudimos disfrutarla al 100 %.



Entre esas vistas nos había hablado de una bonita panorámica del pueblo de Bueres que suele ser su imagen de presentación y por suerte, aunque entre nubes, sí pudimos disfrutar de ella.


Siguiendo sus recomendaciones nos acercamos también al pueblo de Ladines, muy próximo a Soto de Agues, donde habíamos iniciado el día anterior la Ruta del Alba. Menos visitado que su vecino, es un pueblo pequeño pero muy auténtico y cuenta con varios comercios de artesanos y panadería ecológica. Además son famosos los tortos de maíz del Bar Plaza, pero cierra entre semana en temporada baja.



Nuestra siguiente parada fue la Colegiata de Santa María de Tanes, que se comenzó a construir en el siglo XVI y está situada junto al embalse del mismo nombre. El día anterior nos habíamos pasado la desviación pero merece la pena parar unos minutos a disfrutar de la paz de este atractivo rincón. A pocos metros de ella está el Museo de la Apicultura, abierto en temporada baja sábados y domingos. Este es uno de los muchos museos que podemos encontrar por la zona, pese a no tratarse de un concejo de gran tamaño.



La lluvia no nos daba mucha tregua así que descartamos hacer alguna ruta y seguimos de turismo con el coche. Pusimos rumbo a Caleao, desde donde parte otra de las rutas más famosas del Parque, el desfiladero de los Arrudos.

Lo cierto es que el pueblo nos gustó mucho, casi el que más de los que vimos esos días, sobre todo por dónde está situado y el entorno que lo rodea de bosques y pastos.





Dimos un breve paseo por el pueblo, que como muchos de los que hay en la zona está situado en una ladera y encontramos cuestas allá donde vayamos. También encontramos numerosos hórreos, signo de identidad que no falta en casi ningún pueblo asturiano. 


Quizá uno de los rincones más bellos del pueblo es el del Lavadero y Molín de la Fontina, situado junto al Reguero Avellero.


Para comer nos habían recomendado el Restaurante Parrilla de la Cueva Deboyu que habíamos visto que cerraba por descanso o Casa Juanín en Pendones, subiendo hacia el puerto de Tarna. De este nos habían dicho que era el típico bar de pueblo pero donde se podía comer comida casera de verdad, en cantidad y buenísima así que para allá que nos fuimos. Sin embargo cuando llegamos nos dijeron que la cocinera había marchado y no servían comidas por lo que nos quedamos con las ganas. Merece la pena subir al pueblo, la carretera es espectacular y de él salen algunas rutas como la ascensión al Tiatordos. Pero como allí no había más restaurantes no nos quedó más remedio que dar media vuelta y buscar algún sitio abierto valle abajo. Finalmente comimos en el Bar Restaurante La Posada de Redes, en el pueblo de Bezanes, un menú del día sencillo pero aceptable por 10 €.


Como el tiempo no mejoraba, por la tarde decidimos acercarnos a El Entrego a ver el MUMI, Museo de la Minería y la Industria de Asturias, que nos habían recomendado y pasamos allí el resto del día.


Situado a las afueras de la población junto al río Nalón y abierto todos los días salvo los lunes, la entrada cuesta 11 € e incluye, además de una amplia exposición permanente, una mina imagen en la que podemos sentirnos como mineros descendiendo en la jaula o ascensor minero y recorriendo casi 1 km de galerías dotadas con equipamiento real, ruido de martillos y montando en el tren que usaban antiguamente los trabajadores, aunque en ella no está permitido hacer fotografías ni vídeos.



Las exposiciones permanentes también son muy interesantes. Son 2 plantas con multitud de información y equipos de todo tipo: extracción de agua, explosivos, minerales, etc. Aunque a mí personalmente el espacio que más me gustó fue el dedicado al salvamento y las tareas de enfermería y medicina que se desarrollaron en paralelo a la explotación minera en la zona.




Nuestra última jornada en Redes el tiempo no había mejorado mucho aunque al menos no llovía y esto nos animó a intentar otra de las rutas que llevábamos miradas y que nos atraía especialmente: la de la cascada'l Tabayón del Mongallu o PR-AS 60 (track aquí), el tercer y último monumento natural del parque que nos faltaba por conocer.

Se trata de una ruta circular sin perdida, señalizada con marcas blancas y amarillas por ser un sendero de pequeño recorrido, y cuyo inicio y fin es el pueblo de Tarna, el último en la subida al puerto del mismo nombre. Son unos 10 km con algo más de 600 metros de desnivel acumulado y a nosotros nos llevó algo menos de 4 horas sin contar paradas. En principio esta ruta requiere autorización y por este motivo nos habíamos acercado el día que llegamos al centro de interpretación en Caso, pero al estar cerrado no pudimos solicitarla aunque el dueño de la casa nos dijo que no había problema.

Dejamos el coche a la entrada del pueblo, donde encontramos también un panel con información de la misma.


Este pequeño pueblo situado a casi 1000 metros de altitud sorprende por su moderno estilo urbanístico, muy regular y organizado, debido a su reconstrucción casi íntegra al finalizar la Guerra Civil tras haber sido devastado en octubre de 1937.


Los primeros metros de la ruta transcurren por una pista que lleva hacia el cementerio del pueblo. Se sigue por ella en un ascenso no demasiado fuerte pero continuo hasta llegar a una bifurcación. Cogiendo el desvío de la izquierda se puede subir a ver los Roblones de Llanu'l Toro en aproximadamente una hora entre ida y vuelta. Decidimos acercarnos y aunque a los pocos metros encontramos nieve que nos complicaba un poco la subida decidimos continuar ya que el paisaje era espectacular y merece mucho la pena pasear por este hermoso bosque de hayas. 



Además encontramos otra sorpresa inesperada y es que al poco de coger el desvío vimos un par de lobos cruzando el camino en unos claros algo más adelante. Aunque fue visto y no visto, estaban lejos y por supuesto no pudimos hacer ninguna foto le dio todavía un punto más a esta ruta que se quedará grabada ya para siempre en nuestra memoria. 

Una vez en el claro hay seguir un sendero que asciende serpenteante buscando las marcas blancas y amarillas pintadas en los árboles e intentando no resbalar por culpa de la nieve. 

En unos 15 minutos alcanzamos los denominados Rebollos de Llanu ‘l Toru, ejemplares centenarios de casi 10 m de perímetro, testigo de excepción de varias contiendas militares. 



Tras unos minutos disfrutando de este bello paisaje regresamos por el mismo camino hasta la bifurcación, siguiendo ahora el ramal de la derecha. 



Aunque también es ascendente esta subida es mucho más suave, atravesando el hayedo de Monte Saperu, refugio de urogallos, corzos y jabalíes y cruzando algún arroyo cubierto de nieve y musgo.



En algunos claros del bosque alcanzamos a ver las laderas vecinas cubiertas de nieve que le dan un encanto tan especial que hacen que no nos importe nada el frío.






En unos 30 minutos llegamos a la fuente donde la pista se convierte en sendero y junto a la que encontramos una mesa de madera para comer o descansar. 



En este punto hemos realizado ya la mayor parte de la subida y toca continuar llaneando por un sendero desde el que tenemos las primeras imágenes de nuestro destino, la Cascada'l Taballón. 






Abandonamos el bosque a la vez que iniciamos un progresivo descenso hacia la cabaña de La Campona, desde donde ascendiendo unos metros se alcanza enseguida la cascada.



Este salto de agua, formado por las aguas del Regueru ‘l Mongallu al precipitarse desde el Cuetu Negru, siguen hacia el Ríu l’ Ablanosa, afluente del Nalón.



Aunque no lleva demasiado caudal es muy bonita y más con la guinda de la nieve recién caída sobre el paisaje otoñal. Además desde ella tenemos buenas vistas de las montañas del otro lado del valle llegando incluso a ver en algunos momentos la cumbre nevada del Tiatordos.





















A los pies de la cascada, cuando ésta se convierte en río, encontramos otro rincón de cuento, en especial en esta época del año con todo cubierto de hojas.



Aunque desde aquí una opción habitual es regresar a Tarna por el mismo camino, nosotros decidimos completar el recorrido circular. 



Regresando al claro de La Campona continuamos río abajo hasta coger otro camino bastante ancho a la altura de las cabañas del Rebollau. 






Mientras avanzamos encontramos multitud de rincones mágicos, desde troncos plagados de hongos y pequeñas zonas de pasto con ganado y vistas de las vecinas cumbres rocosas...



... hasta rápidos y saltos de agua formados por el río, pasando todo el tiempo por un bosque de hayas impresionante y en la mejor época del año.




Alcanzamos el curso del Nalón algo más arriba de donde desemboca en el Ablanosa y lo cruzamos por un puente para llegar a la carretera remontando algunos metros. Sin embargo son tan sólo unos pasos por asfalto ya que al poco cogemos una senda que a mano derecha para ascender paralelos al río hasta cerrar en Tarna este bonito recorrido circular. 







Llegamos al coche con hambre y nuestra idea era rematar el día con una buena fabada en el restaurante del puerto de Tarna, situado a 1.492 metros de altitud y donde nace el río Nalón (Fuente la Nalona), pero cuando llegamos lo encontramos cerrado y tocó continuar viaje y buscar algo ya en la zona de León. Nos habían recomendado acercarnos al Puerto de Señales, a poca distancia del de Tarna y que destaca por sus vistas, pero la carretera hacía él estaba nevada y lo dejamos para otra ocasión. 



Comimos en Lario, en el restaurante La Era, menú del día con cocido de garbanzo muy rico por 10 € cada uno. Aunque seguía haciendo frío por esta parte el tiempo estaba mejor y se abrían algunos claros, lo que permitía disfrutar de la bonita estampa nevada.



El regreso a Santander lo hicimos por Riaño y San Glorio. El embalse apenas tenía agua y daba mucha pena verlo así de vacío pero disfrutamos mucho del recorrido con todo nevado.





Por supuesto San Glorio, a 1.609 metros, no iba a ser menos y estaba completamente cubierto de blanco, aunque la carretera estaba limpia.




Unos metros más abajo del puerto está el mirador del Corzo, una guinda perfecta a esta breve pero intensa escapada que nos abría el apetito del incipiente invierno.



No hay comentarios:

Publicar un comentario