Murano y Burano, con sus nombres similares que a veces nos hacen confundirlas, son las dos islas más famosas entre las próximas a Venecia. No en vano la primera de ellas es símbolo de la fabricación artesanal de vidrio mientras que la segunda, aunque ahora se la conozca más por sus casas de colores, tiene una tradición de encaje centenaria.

Un día es suficiente para visitar ambas e incluso hay gente que incluye una tercera como Torcello o Mazzorbo. Nosotras con un peque preferimos ser conservadoras y nos centramos en ver las dos islas con calma.
Cómo llegar
Para llegar a Murano desde Venecia hay varias
líneas (4.1, 4.2, 12 y 13) pero sólo la línea 12 nos conecta también con Burano y ésta sólo tiene una parada en Venecia,
Fondamente Nove, en la parte noreste de la isla, lo que nos supone salir o volver de ahí obligatoriamente.
En nuestro caso fuimos andando desde nuestro alojamiento (teníamos unos 20 minutos) y allí cogimos el vaporetto a Burano directos y así hacer primero el trayecto más largo y parar en Murano a la vuelta.
El recorrido es casi 1 hora y la frecuencia aproximadamente cada 30 minutos (horarios
aquí).
Desde el barco podemos disfrutar de las vistas, primero de la costa norte de Venecia (preferible para ello situarse en la parte de atrás) y después se pasa junto a la Isla de San Michele que acoge el cementerio con los restos, entre otros, del compositor ruso Igor Stravinsky. Tras parar en Murano continúa hasta Mazzorbo y la siguiente parada ya es Burano.
Con la misma línea 12 podemos volver a Venecia haciendo parada en Murano (en la parada Murano faro) o, una vez en ésta, regresar cogiendo otra como la 4 que nos deje más cerca de nuestro alojamiento, lo que nos sea más cómodo. El recorrido entre ambas es de unos 30 minutos y todas estas líneas están incluidas en la Tarjeta de transporte.