martes, 18 de febrero de 2025

Día 6 (07/06): Castillo de Orava, Cicmany y castillo de Bojnice

 

El último día de nuestro viaje fue de regreso a Viena desde Zakopane para al día siguiente coger el avión de vuelta a mediodía, pero aprovechamos para hacerlo por la parte oeste del país y visitar algunos lugares de interés que nos pillaban de paso. 



El primero de ellos era el Castillo de Orava, aunque de camino pasamos por la localidad de Chocholów, todavía en tierras polacas que, aunque famosa por sus aguas termales, a nosotros nos llamó la atención por sus impresionantes casas de madera al estilo polaco. 



Cuenta como lugares de interés con el Museo del levantamiento de Chocholów y la iglesia de San Jacinto.



El Castillo de Orava u Oravský hrad es uno de los castillos más grandes de Eslovaquia (tiene 754 escaleras y 154 habitaciones) y una de sus mayores atracciones turísticas. 



La forma actual del castillo, conformado por varios edificios adaptados a la forma de una colina, se originó después de constantes ampliaciones desde el s. XIII hasta el s. XX en distintos estilos arquitectónicos desde el románico al gótico pasando por el renacentista o el barroco.



Para aparcar hay un aparcamiento de pago a los pies del castillo. Tiene un coste de 5 € para turismos y está abierto diariamente de 9 a 17 horas, aunque puede variar según los horarios de apertura del castillo.

 



La primera mención conocida del castillo es del año 1267 pero en el año 1800 se incendió y quedó en ruinas. 



Finalmente en el año 1906 empezó lentamente la reconstrucción que le ha llevado al estado actual.

 


Antes de iniciar la subida al castillo a través de un pequeño bosque encontramos el Centro de Información donde está la taquilla para comprar las entradas, aunque también se pueden comprar online si queremos asegurar el acceso en temporada alta. 



El horario de apertura varía según el mes del año (en junio es de 9 a 16 horas de lunes a viernes y hasta las 17 horas los fines de semana) y hay diferentes precios en función de lo que se vaya a visitar: el recorrido principal por el castillo, disponible todo el año y de aproximadamente una hora de duración, tenía un precio de 9 € por adulto (niños < 6 años gratis). Y entre el 1 de mayo y el 31 de octubre hay opción de visitar también el Palacio Thurzo, con una duración estimada de unos 30 minutos y 7 € el precio de la entrada. Si se quieren combinar ambas visitas hay entrada conjunta por 13 €.




Una vez pagada la entrada se puede recorrer libremente (con la ayuda de una audioguía a través de una app) o mediante visitas guiadas en eslovaco o inglés (por 20 €). 

  


Y una cosa que nos llamó la atención es que indicaban que grabar en el interior del castillo tenía un precio (3€ para fotos durante el tour y 5 € para video) aunque nosotros en la visita por libre no tuvimos que pagar nada.  


Ya sólo el acceso al mismo resulta imponente, está en muy buen estado y la combinación de piedra y madera nos hace retroceder en el tiempo. 


 


En este castillo se fundó uno de los primeros museos de Eslovaquia y en la actualidad alberga exposiciones de historia, etnografía y ciencias naturales, entre otras, aunque la exposición más valiosa es el propio castillo, con sus interiores y exteriores que presentan la forma de vida en la antigüedad. 





Hay incluso una pequeña muestra de vehículos antiguos en la entrada del recinto. 



A los peques les encanta precisamente esa variedad de objetos expuestos y la propia arquitectura del castillo, pasando por túneles para acceder al patio del mismo y pudiendo recorrerlo desde los pies de la colina hasta las torres más altas. 




También la muestra de fauna de la región, con numerosos ejemplares disecados, les llama mucho la atención.




Por su parte la exposición etnográfica muestra vestidos típicos de la región de Orava y otras cuestiones culturales y de forma de vida de la gente de la zona. 




El museo está repleto de armas, arte popular y muebles antiguos. 







Lo cierto es que nos gustó mucho la visita, uno de los castillos más completos que hemos conocido y con muchos atractivos para los niños.


En la zona hay otros muchos alicientes como hacer alguna ruta en bicicleta o coger el tren del Bosque Orava que algunos días está conducido por una locomotora de vapor (más info en su web)



Unos kilómetros al sur está la Leštiny drevený artikulárny kostol, una iglesia articulada de madera de culto protestante como otras que habíamos visto por el país, construida en 1688 y situada en el pueblo de Leštiny. Por desgracia no hay apenas sitio para aparcar y coincidió con un rato de lluvia por lo que decidimos no detenernos a visitarla. 




Cerca de aquí encontramos otro de los Parques nacionales más populares del país, Malá Fatra, y en particular el Valle de Vrátna, dicen que la zona más atractiva. La carretera que recorre este valle sale del pueblo de Terchová, donde se encuentra la estatua de Juraj Jánošík, el Robin Hood eslovaco que según la tradición robaba a los ricos para dárselo a los pobres.


Esta carretera pasa a través del cañón del Tiesňavy, una impresionante entrada al valle Vrátna formada por el río Vrátňanka con formaciones rocosas bordeando las cascadas del arroyo. Después de Tiesňavy el valle de Vrátna se bifurca en los valles de Stará y Nova dolina. Al fondo del valle de Stará dolina está el refugio Chata Vrátna que sirve de base para realizar excursiones a la cordillera principal. De hecho hay un teleférico desde el valle hasta Snilovské sedlo (1.524 m), bajo los picos Chleb (1.647 m) y Veľký Kriváň (1.709 m).

Otro de los atractivos aquí es recorrer el cañón Diery mediante una ruta de senderismo fácil adecuada también para niños. Se inicia en el Diery hotel y el recorrido básico dura aproximadamente 2 horas, caminando por el fondo del cañón a través de pasarelas y pequeñas escaleras que ayudan a avanzar por el camino. También hay paneles informativos con descripciones en inglés sobre el lugar.


Si preferimos las visitas más culturales en la localidad de Martin está el Museo del Pueblo Eslovaco con la exposición etnográfica al aire libre más grande de Eslovaquia. La entrada cuesta 6 € por adulto y se representa una imagen de la arquitectura popular tradicional, la vivienda y el modo de vida de los habitantes del noroeste de Eslovaquia en la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX diferenciado por regiones. 



Nosotros no pudimos dedicarle más tiempo a esta zona que nos hubiera gustado conocer en profundidad pero lo que sí visitamos en nuestro camino de regreso a Viena fue el pueblo de Cicmany.


En este pueblo sus casas han sido decoradas durante los últimos 200 años con formas geométricas blancas pintadas con cal (recuerdan a casitas de galletas de jenjibre) lo que resulta muy curioso. 




En 1921 un incendio destruyó gran parte del pueblo pero sus habitantes lo reconstruyeron fielmente. En la actualidad el pueblo está habitado por unas 250 personas, pero en tiempos pasados llegaron a vivir aquí hasta 1200. 




Hay un museo etnográfico y algún alojamiento aunque nosotros lo encontramos bastante desértico, quizá por ser un día laborable al mediodía. 



El centro de información turística abre de 10 a 12 y de 12:30 a 16 horas y cuenta con mesas de madera para picnic. Delante hay una zona de aparcamiento con un cartel indicando precios a pagar por SMS pero no había nadie ni visitando ni controlando el pago.

 


Otro de los grandes atractivos de esta zona es el Castillo de Bojnice, aunque aquí nos quedamos con las ganas porque como era tarde fuimos a comer primero y cuando llegamos ya no nos dejaron pasar con el siguiente grupo que era el último (aunque aún estaban allí esperando).


Nos conformarnos con verlo por fuera ya que merece la pena por ser uno de los castillos más bellos y antiguos (en origen) de Eslovaquia. 



El original de madera fue construido en el lugar de una construcción aún anterior y hay referencias a él en el año 1113. En el s. XIII la familia Poznaò se construyó un castillo de piedra. Sufrió varias ampliaciones y reformas hasta que en el siglo XIX lo adquiere el noble Jan František Palfy, gran viajero y coleccionista de arte, que lo transforma en un castillo de estilo romántico usando como modelos los del Valle del Loira.  Al morir dejó en su testamento el deseo que sus propiedades fueran abiertas al público y que las obras de arte se mantuvieran en su lugar original.


Finalmente se abrió como museo en el año 1950 y exhibe una exquisita colección compuesta por el mobiliario original y piezas exclusivas de arte de los siglos XIX y XX. También destaca el Salón de oro, con sus techos dorados, y un pequeño sistema de cuevas, algunas a 26 metros bajo el patio, así como su propio pozo.

Sus horarios de apertura varían según el mes del año pero en verano abren diariamente de 9 a 17 horas (más información en su web). Hasta enero de 2025 el acceso era gratuito el primer miércoles de mes pero no sabemos porqué lo han suspendido. El precio de la entrada general son 15 € por adulto.




También se puede pasear libremente por sus jardines con algunas especies de árboles exóticos o de grandes dimensiones, aunque la zona de la entrada la tienen quizá demasiado explotada con puestos de souvenirs y una especie de atracciones para los niños.



Para aparcar hay aparcamiento de pago junto al castillo y nosotros lo dejamos un poco más lejos en una zona de aparcamiento gratuita cerca del cementerio.

 


Si se quiere comer por la zona nosotros recomendamos el restaurante italiano Casa Mia, especialmente viajando con peques, ya que tiene una zona con juguetes que hace las delicias de los más pequeños (y de los padres al tenerlos entretenidos). La comida está rica y de precio es normal, pagamos 23 € por una pizza, un plato de pasta y 2 bebidas. 


Por último para los amantes de los castillos no muy lejos de allí encontramos otro muy conocido: el Castillo de Trenčín. Nosotros no pudimos visitarlo por falta de tiempo pero por lo que hemos leído tiene buena pinta.

El Castillo tiene construcciones del s. XI, cuando era usado como castillo fronterizo con el reino checo aunque fue reconstruido y ampliado en varias ocasiones. La reconstrucción en los años 1540 y 1560 convirtió al castillo, junto con los de Devin y Spiš, en uno de los más grandes de Europa (el 3º de Eslovaquia). El castillo es sede del museo de historia de Trenčín donde se muestra la historia de la región y del propio castillo y en su recinto se realizan diferentes espectáculos como representaciones de batallas medievales, etc. Además las vistas desde su torre son impresionantes.



El precio de la entrada es de 9 € para el recorrido corto de 1 hora y 12 € el largo de 90 min. Si solo se quiere ver el exterior son 3 € y el horario de verano es de 9:00 a 18:45. Se puede hacer visita guiada a las horas en punto pero solo del recorrido largo. Toda la info en su web

Esa noche la pasamos en un apartamento en Pretja, a las afueras de Trencín. 



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