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martes, 15 de diciembre de 2015

Día 5 en Noruega (18/08): De Eidfjord a Gaupne, bordeando el Sognefjord


Nuestro segundo día en los fiordos amaneció espectacular, con el cielo completamente azul y muy buena temperatura, empezábamos a creer que íbamos a tener suerte con el tiempo...

Tras desayunar en nuestra humilde cabañita, recoger las cosas y dejar la llave en recepción mientras otros huéspedes disfrutaban de un suculento desayuno, iniciamos poco después de las 9 nuestro camino hacia el Sognefjord, el protagonista del día, sin saber aún las sorpresas que por desgracia nos iba a deparar.


Los primeros 30 kilómetros nos tocaba deshacer parte del recorrido del día anterior (ver sobre el mapa aquí), lo que incluía volver a cruzar el macropuente y los dos túneles con rotondas en su interior.





Aprovechamos que esta parte ya la teníamos controlada para disfrutar de las hermosas vistas sobre el fiordo Hardangerfjorden, al que pronto íbamos a decir adiós.




Tras atravesar el puente y los 2 túneles, con el consiguiente pago del peaje de 150 NOK, continuamos bordeando el lago Granvinsvatnet por la carretera 13. Poco antes del Tunsbergtunnelen nos desviamos por una carretera a mano derecha, que nos permite, evitando el túnel, disfrutar de la cascada Skjervsfossen.




Esta bonita cascada, de unos 150 metros de altura, cae en dos partes, una a cada lado de la carretera, siendo la principal de alrededor de 70 metros. La zona se encontraba en obras, por lo que estaba un poco complicado dejar el coche y dar un paseo por allí, si bien un caminito permitía llegar hasta la base de la cascada.



Siguiendo por la misma carretera se llega de nuevo a la carretera 13 principal. Por lo que habíamos leído, antes era posible aparcar el coche junto a la parte superior de la cascada, donde había incluso un merendero, pero con las obras actuales era imposible acercarse.

Nuestra siguiente parada era otra cascada, la de Tvindefossen, unos 12 kilómetros después de pasar Vossevangen, ciudad principal de la zona a orillas del lago Vangsvatnet, a la que habitualmente se refieren como Voss, y en la que no paramos para que no se nos hiciera tarde. De camino pasamos por otro peaje automático de 43 NOK.

La cascada se encuentra junto a la carretera E16, cerca del camping Tvinde. A sus pies hay un amplio aparcamiento y una pequeña tienda con baño desde donde parte un camino en buenas condiciones que facilita el acceso hasta ella. En lugar de ser vertical como la mayoría, va cayendo en varios tramos, a lo largo de sus 152 metros de altura. Siguiendo por la carretera después del camping hay una senda que permite subir hasta su parte más alta aunque se recomienda precaución ya que puede no estar en buen estado. Nosotros disfrutamos un rato del entorno tranquilo alrededor de su base para seguir poco después dirección a Gudvangen.




Continuamos por la E16 y con ella rodeamos el lago Oppheimsvatnet. Pocos minutos después tomamos una desviación a mano izquierda que nos permite llegar al Hotel Stalheim, un magnífico mirador del Naeroydalen, valle que se encontraba a nuestros pies y al final del cual están el pequeño pueblo de Gudvangen y uno de los fiordos más famosos de Noruega, el Naeroyfjord, que junto con el Geirangerfjord son Patrimonio de la Humanidad. Entre los dos fiordos ocupan un área de 1227 kilómetros cuadrados de los cuales 107 son mar.





Para acceder al mirador hay que entrar en el edificio del hotel y atravesar el hall en dirección a la terraza, pasando junto a una tienda de souvernirs y el comedor/cafetería. Al principio nos dio un poco de cosa pero luego en la terraza vimos que había más turistas y los empleados del hotel que nos cruzamos parecían acostumbrados.




Como no estábamos seguros si los no clientes teníamos permitido aparcar en el aparcamiento del hotel, dejamos el coche algo más adelante. De camino nos sorprendió una pequeña cabaña que nos recordó a un hórreo en miniatura.



La zona no tiene mucho más que el propio hotel y un par de cabañas, pero las vistas merecen la pena e incluso el hotel resulta espectacular, tiene que ser increíble pasar una noche en él y despertarse con semejante panorámica.



Junto al hotel encontramos un panel sobre las rutas a pie que se podían realizar con la zona. Había varías con muy buena pinta, lástima no disponer de más tiempo para disfrutar del entorno.



Seguimos nuestro camino bajando por Stalheimskleiva, una de las carreteras de mayor pendiente del norte de Europa con un valor medio del 18 %. Fue construida en 1842 y está abierta todo el año salvo en invierno por nieve y hielo. Es de un sólo sentido, descendente, y tiene 13 curvas de herradura. Hasta que no estás en ella no se ven Stalheimfossen y Sivlefossen, dos cascadas espectaculares de 126 y 142 metros respectivamente, una a cada lado de la carretera. Está complicado parar ya que la carretera no es muy ancha y no hay mucha visibilidad para los coches que bajan, pero conseguimos hacer alguna foto y disfrutar de las impresionantes vistas del valle.



En el fondo del valle retomamos la carretera principal E16 que sortea este desnivel gracias un túnel de algo más de un kilómetro. Unos 10 kilómetros más tarde llegamos a Gudvangen donde aprovechamos para comer junto a su puerto, enclave fundamental de este pequeñísimo pueblo.



Justo antes de entrar nos quedamos perplejos con la cascada Kjelfossen, un conjunto de varias saltos de agua que se encuentra entre las más altas del mundo con unos 800 metros de caída total. La principal son 149 metros ininterrumpidos.



Aunque en parte lo que más llamó nuestra atención fue la cortina de agua que se levantaba a media altura, formando lo que parecía una nube y que le daba un aspecto especial.



El fiordo Naeroyfjord tiene un tamaño de 17 kilómetros de largo y tan sólo 250 metros de ancho en su punto más estrecho. Se encuentra rodeado por montañas de casi 1800 metros, por lo que las paredes resultan impresionantes. En la actualidad quedan pequeños asentamientos en los alrededores del fiordo situados en zonas a salvo de avalanchas que se dedican fundamentalmente a la agricultura.



Por desgracia, estábamos a punto de recibir una inesperada y nada agradable noticia que trastocaría nuestros planes. Después de comer los bocatas junto al puerto pusimos rápidamente rumbo a Flam con intención de hacer antes una breve parada en el pequeño pueblo de Undredal. Sin embargo, a la salida de Gudvangen, donde comienza el Gudvangentunnelen que permite llegar hasta allí en menos de media hora, nos encontramos unas vallas que prohibían el paso y un hombre informando de que el túnel estaba cerrado y que iba a seguir así durante las siguientes 4 semanas. El bajón fue inevitable, ya teníamos planificado todo con ese recorrido y además era una zona que teníamos ganas de visitar, al ser uno de los fiordos más famosos de Noruega. Casualmente coincidimos en ese momento con una familia de españoles que tampoco daban crédito a la mala suerte que habíamos tenido. El hombre que estaba informando de la situación nos explicó amablemente las formas que teníamos de llegar hasta Flam con el coche: por barco, pero el precio era desorbitado y teníamos que esperar bastante ya que sólo uno de los barcos que quedaban ese día admitía coches (billetes anticipados en la web de Visit Flam), o bien dando toda la vuelta por carretera, lo que suponía más de 4 horas y 2 ferrys.

En nuestro caso sin embargo no teníamos muchas opciones: teníamos reservada una cabaña para esa noche en el Viki Fjordcamping cerca de Gaupne  y cualquiera de las dos propuestas hacían imposible ir hasta Flam y llegar al camping a una hora decente, además de la paliza y gasto que suponía, por lo que resignados descartamos conocer Flam, el Aurlandsfjord y la stavkirkje de Borgund y pusimos rumbo a Gaupne intentando disfrutar de lo que nos quedaba de día. Una de las cosas que más rabia nos dio al pensar en ello después fue que de haberlo sabido también podíamos haber llegado a Flam desde Eidfjord donde habíamos pasado la noche anterior por la carretera 7, en algo más de tiempo porque son casi 100 kilómetros más pero atravesando una zona espectacular de montañas y glaciares, probablemente de las más inalteradas del sur del país. Por desgracia no habíamos visto ningún aviso ni en las carreteras ni por internet y tuvimos que conformarnos con la inesperada situación.

Para llegar hasta nuestro alojamiento de esa noche seguimos la ruta que teníamos pensado hacer de vuelta a Bergen el último día del viaje, vía Vangsnes. Deshicimos el camino andado esa mañana hasta pasar el Oppheimsvatnet, donde cogimos la carretera 13 para ir remontando el río Myrkdal. Lo cierto es que los paisajes que encontramos, aunque diferentes a los fiordos, seguían siendo espectaculares y conseguían dejarnos con la boca abierta igualmente, lo que ayudó a mitigar la desazón que se nos había quedado tras el chasco del túnel cerrado.


Entre los lugares más sorprendentes que encontramos había una zona con varias curvas de herradura que permitían salvar un gran desnivel al inicio del cual había varias cabañas de pastores, con decenas de ovejas en la los prados y en la propia carretera y varias cascadas confluyendo en el curso del río que seguía valle abajo. Paramos a hacer unas fotos y las ovejas se acercaban rápidamente a los coches, lamían las ruedas y no tenían nada de miedo de las personas, más bien todo lo contrario...



Desde la parte alta las vistas del valle Myrkdalen también resultaban impresionantes.





Al otro lado nos esperaba un cambio radical, donde los intensos tonos verdes de las praderías daban paso a marrones y ocres de zonas más rocosas con menos vegetación y al blanco de la nieve que llegaba hasta la propia carretera y cubría algunos lagos como el Skjelingavatnet.




Por esta zona no encontramos prácticamente poblaciones, tan sólo algunas cabañas diseminadas probablemente destinadas al turismo o residencia vacacional.



Continuamos tranquilamente disfrutando del paisaje hasta el pueblo de Vik, donde teníamos anotado que había dos iglesias destacadas: la Hove steinkirke (de piedra) y la Hopperstad stavkirke (de madera), ambas del siglo XII. Sólo nos acercamos a ver la segunda de ellas, ya que la primera se veía un poco desde la carretera y al ser de piedra se parecía más a lo que estamos acostumbrados.

Realmente Hopperstad merece una parada, está a menos de 1 km de la carretera principal, en un desvío señalizado y aunque su visita es de pago (60 NOK), desde los alrededores se aprecia ya su relevancia, encontrándose además en un entorno incomparable. Se trata de hecho de una de las stavkirke más grandes y antiguas de Noruega, aunque fue reconstruida en el s. XIX por las malas condiciones en las que se encontraba.






Desde allí ya sólo nos quedaban unos pocos kilómetros hasta Vangsnes donde cogíamos uno de los ferrys que cruzan el Sognefjord, con 205 km el segundo fiordo más largo del mundo. Se puede encontrar información sobre precios y horarios en la web de Fjord1, una de las empresas encargadas del transporte marítimo en los fiordos. No es necesario comprar los billetes con antelación ya que hay con bastante frecuencia, más o menos cada hora, y nos costó menos de 115 NOK (unos 13 €) un coche y dos adultos (con el coche va incluido ya un pasajero). Los billetes los venden a la entrada del barco, mientras se espera para entrar a él en el parking habilitado para ello. Se puede coger con destino a Dragsvik o Hella, nosotros nos decantamos por este último ya que íbamos a continuar por la carretera 55 hacia Gaupne. El trayecto es muy corto, de unos 10 minutos, pero da tiempo a disfrutar de las preciosas vistas desde la cubierta y hacer algunas fotos. Habíamos descartado acercarnos a Balestrand como teníamos previsto para la vuelta porque implicaba ir y volver en el barco para ver sólo el pueblo y pensamos que no merecería la pena y se nos haría un poco tarde.




Saliendo directos del barco se coge la carretera 55, donde nuestra primera parada es la cascada Kvinnafossen, de unos 120 metros de altura. Hay un pequeño espacio junto a la carretera con una mesa de picnic donde parar el coche unos metros antes de la cascada. En primavera en época de deshielo baja tanta agua que sobrepasa la carretera y hay que atravesar una cortina de agua si se conduce por allí. El nombre (kvinne es mujer en noruego) no está claro si tiene su origen en una mujer que murió allí tras caer a la cascada o por una supuesta formación rocosa con apariencia de mujer que se observa cuando no hay demasiada agua. También existe una tercera versión que nada tiene que ver con mujeres sino que lo relaciona con los sonidos chillones emitidos por la fuerza del agua al caer.



La siguiente población importante que encontramos es Hermansverk, una pequeña ciudad donde paramos a comprar en un supermercado de la cadena Kiwi. Poco antes de llegar, en Leikanger, nos detuvimos unos minutos a ver una especie de menhir, el Baldersteiner o piedra Balder, cerca de la carretera.



Se puede acceder a él por un camino de tierra que va hacia una casa particular, está señalizado y se trata de una piedra de unos 8 metros de altura situada sobre un túmulo funerario y que es considerada uno de los menhires más altos del país. En sus alrededores se encontró la tumba de un hombre de época vikinga o incluso anterior, por lo que se trata de un memorial aunque se desconoce en honor a quién. Además se han hallado otras tumbas en las proximidades que permiten saber que la zona era un campo funerario utilizado en la Edad de Hierro, durante unos 1500 años en total.



Como eran poco más de las cuatro de la tarde y estábamos a tan sólo una hora del camping decidimos desviarnos unos 10 km a Kaupanger, por la carretera 5, para ver su stavkyrkje. 



Dicen que es la más grande de la región y una de las mejor conservadas, en especial su interior. Fue restaurada en los años 60 según su aspecto del siglo XVII, aunque existen pruebas de su existencia desde el siglo XII y su nombre deriva de kaupang, lugar de comercio. En la actualidad aún es utilizada por los feligreses de la zona. Visitarla cuesta 60 NOK pero cuando llegamos ya habían cerrado (indicaba el horario hasta las 16.30 h).





Dimos un paseo por el pequeño puerto de Kaupanger, donde había gente disfrutando del buen día que hacía. Allí se encuentra además el museo gratuito Sogn Fjord Museum sobre la vida en los fiordos, con muestras de pequeñas embarcaciones y material de pesca, pero que estaba ya cerrado (abría hasta las 17 h).




Decidimos ir yendo hacia el Viki Fjordcamping, ya que al hacer la reserva nos habían pedido que avisáramos si íbamos a llegar más tarde de las 18. Como no estábamos seguros de si llegaríamos para esa hora mandamos un SMS y nos contestaron que no había problema y que nos dejaban la llave bajo el felpudo de la cabaña que nos habían asignado. De camino fuimos disfrutando del entorno, repleto de cascadas, prados verdes y pequeñas iglesias, como la de madera blanca de Nes, del siglo XIX, que sustituyó a una stavkyrkje derribada en esos años.



Cuando llegamos al camping, junto a la carretera en el pueblo de Hoyhimsvik, quedamos maravillados con el lugar, justo al borde del agua, con unas vistas preciosas de la cascada Feigefossen de 218 metros, en la otra orilla del fiordo.






Nos acercamos a la recepción un par de ocasiones para pagar pero no había nadie y como aún era pronto pensamos que estaría bien dar una vuelta por los alrededores. Teníamos anotado que había una iglesia bonita en el pueblo cercano de Luster y para allá que fuimos.

El pueblo de Luster está a unos 10 minutos del camping Viki adentrándose en el fiordo, lo que permite también recorrer en parte la estrecha carretera 55 que lo bordea hasta el final. Allí se encuentra la iglesia de Dale, del siglo XIII y de piedra, a diferencia de la mayoría de las que habíamos visto hasta entonces. Pero en su favor hay que decir que merece la pena visitarla, ya que además de estar en un bonito entorno se puede visitar gratis su interior hasta las 20 horas.




Esta iglesia fue construida entorno al año 1250, si bien el porche y la torre son de principios del siglo XVII. Sus muros son de 1,5 metros de grosor y se pueden ver inscripciones rúnicas en los marcos de piedra de puertas y ventanas. El interior, realizado por gente de la zona, es espectacular, con mezcla de madera y piedra, realmente acogedor.



















Ya de vuelta en nuestra cabañita al borde del fiordo estuvimos disfrutando de las vistas y la tranquilidad que allí había y viendo como otros huéspedes aprovechaban para dar un paseo en una pequeña barca. Casi cuando íbamos a cenar vinieron a avisarnos que ya podíamos pasar por recepción a pagar. Allí tenían colocado un papel informando de lo sucedido en el túnel de Gudvangen y comprobamos que había más gente afectada en el camping. Resultó que esa misma semana se había producido una explosión en un camión al poco de entrar al túnel sin causas aparentes, y aunque no había habido víctimas, ya era la segunda vez que pasaba en unos meses y tenían que revisarlo a fondo porque podía haber gases inflamables que lo hacían muy peligroso. Lo cierto es que el poder relajarnos y disfrutar del buen tiempo en la cabaña con sus maravillosas vistas compensaron el día con creces.









martes, 22 de septiembre de 2015

Día 4 en Noruega (17/08): De Bergen a Eidfjord


Este día iniciamos nuestro recorrido por los fiordos, y tras desayunar y dejar el hotel, nos dirigimos a recoger el coche que habíamos alquilado con Hertz. La oficina estaba en las afueras de Bergen (c/ Kanalveien 48) y por lo que habíamos visto en la web de transporte público de la ciudad, la línea 83 de autobús nos dejaba justo allí. La parada de esta línea más cercana al hotel era Torget Q, junto al mercado de pescado. En esa zona hay varias paradas con el mismo nombre, Torget, y en cada una paran distintas líneas, por lo que para diferenciarse unas de otras junto al nombre de la parada va una letra mayúscula, de ahí la letra Q. En cada marquesina hay carteles con los horarios de las líneas que paran allí y un mapa de la zona con los nombres de cada parada.

El autobús de la línea 83 pasaba cada media hora y como teníamos que estar en la oficina para las 10 cogimos el bus de las 9:14. Fuimos con algo de tiempo ya que íbamos cargados con las maletas (a la más grande se le había roto el asa el día anterior y resultaba bastante incómoda de llevar) y además queríamos comprar antes el billete, ya que si se coge en el autobús son 50 NOK/persona en lugar de 35 NOK que cuesta si se coge previamente en una máquina o kiosko.


Nosotros los compramos en una de las máquinas que hay junto a algunas paradas, son fáciles de utilizar y se puede pagar con tarjeta de crédito o monedas (no con billetes). El único problema es que no encontré la forma de sacar dos tickets juntos y tuve que repetir el proceso dos veces para conseguir los dos billetes.



El autobús pasó puntual, al entrar validamos los tickets y sobre las 9.30 estábamos en la oficina de Hertz. En el bus hay una pantalla donde van saliendo los nombres de las siguiente paradas por lo que no tiene pérdida. Inicialmente nos dijeron que como lo habíamos reservado para las 10 aun lo estaban acabando de limpiar y que teníamos que esperar. Poco después nos pusimos con el papeleo y al poco nos entregaron las llaves del coche, un Toyota Auris híbrido. La sorpresa llegó cuando al entrar al coche descubrimos que era automático. Nunca habíamos conducido ninguno y aunque podíamos habernos acabado acostumbrando, al tener especificado en la reserva un coche manual pedimos si nos lo podían cambiar por ir más tranquilos. Nos dijeron que para ello teníamos que esperar porque el que tenían manual también estaban acabando de limpiarlo. Al poco nos entregaron un Hyundai i20 que aunque era de tamaño inferior a lo que teníamos reservado y el precio no nos lo modificaban, preferimos no dar más vueltas para no alargarnos mucho, ya que nos imaginábamos que la respuesta para otro coche iba a ser esperar más y al fin y al cabo para lo que necesitábamos era suficiente.

El día había amanecido cubierto aunque no llovía mucho, algunas gotas a ratos pero poca cosa. Pusimos el GPS para salir de Bergen hacia el sur sin coger peajes, lo que no es del todo sencillo, pero enseguida dejamos atrás los primeros kilómetros de transitadas carreteras interurbanas para meternos de lleno en los espectaculares fiordos. Aunque deberíamos haber empezado a acostumbrarnos, lo cierto es que no podíamos evitar estar los dos con la boca abierta señalando todo a nuestro alrededor: bosques, fiordos, casitas de madera, lagos, cascadas...

De hecho una de éstas fue nuestra primera parada del día, la cascada de Fossenbratte de 80 metros de altura, justo antes del túnel del mismo nombre, a unos 50 kilómetros de Bergen. Poco antes de llegar, el arcén derecho se ensancha bastante haciendo las veces de aparcamiento. Como tantos otros, dejamos el coche y nos acercamos un poco a disfrutar del entorno. Lo malo es que el sol quedaba justo encima de la cascada, por lo que las fotos dejaban bastante que desear.






Se puede seguir un sendero junto a la entrada del túnel que lleva hasta la cascada, pero nosotros optamos por seguir avanzando con el coche para no retrasarnos mucho. Por lo que he visto después, no se tarda mucho en llegar hasta ella, en unos 10 minutos se está en su base o si se sigue la antigua carretera se puede llegar a su parte superior.











Continuamos viaje y atravesamos nuestro primer peaje automático de 43 NOK. En Noruega, o al menos en esta zona, los peajes no son como en España, sino que tras señalarlo con un cartel con el precio, hay un poste en el que al pasar junto a él se enciende una cruz verde, lo que indica que han registrado tu paso para proceder al cargo. El coche llevaba en el parabrisas debajo del espejo retrovisor un pequeño aparato blanco para el Autopass, de manera que tras el viaje Hertz nos enviaba una factura con los gastos totales de peaje y nos los cobraban de la tarjeta de crédito que habíamos utilizado para pagar.



Unos 20 kilómetros más adelante volvimos a parar en otra cascada, la Steinsdalsfossen, muy popular ya que se puede pasar por detrás de ella. Junto a la cascada hay algunas casas, una cafetería y una tienda de recuerdos, pero para dejar el coche hay un gran aparcamiento con baños y oficina de turismo unos metros más adelante.




Subimos al mirador que hay al otro lado de la cascada, el camino está en buenas condiciones y no se tarda mucho en recorrer. Además resulta curioso pasar por detrás de la cascada, algo que ya habíamos vivido en la Seljalandsfoss en Islandia.




Desde el pequeño mirador se tienen buenas vistas del valle con predominio de los distintos tonos de verdes...



... y de la potente cascada que según cómo sople el viento te deja un poco pasado por agua.



Tras las fotos de rigor, emprendimos el regreso hacia el coche. Aunque había gente viendo la cascada no resultaba nada agobiante. Una vez de vuelta en el parking, entramos en la oficina de turismo a preguntar por rutas en la zona, ya que parecía que el día iba mejorando y llevábamos algunas pensadas pero no terminábamos de decidirnos. Nos atendieron muy bien y nos dieron varios folletos con mapas de la zona y distintas opciones.



Además de la ruta de las cuatro cascadas de Husedalen que sale desde Kinsarvik, nos recomendaron varios paseos por la zona de Fykse, o ya pasando Eidfjord,varias rutas más de alta montaña que conectan distintos refugios (ver mapa aquí).

Nosotros nos decantamos por decidir más adelante sobre la marcha y seguimos avanzando bordeando el Hardangerfjord por la carretera 7, que desde este punto es Carretera turística nacional y ofrece unas vistas preciosas. Entre Alvik y Kvanndal hay otro peaje automático de 43 NOK.




Poco antes de llegar a Lussand nos encontramos con un obstáculo: habían cortado la carretera temporalmente por obras y debíamos esperar media hora para poder seguir. Como ya era cerca de la una y media aprovechamos este rato para comer unos bocadillos y hacer alguna foto por la zona. Tuvimos la "suerte" de que junto a donde estábamos parados había una pequeña cascada que pasaba bajo la carretera y gracias a eso nos pudimos entretener algo más.





Una vez pudimos continuar, seguimos por la misma carretera hasta la bifurcación hacia Voss o Eidfjord. De camino nos seguían asombrando las vistas, tanto del fiordo y las altas montañas que lo rodeaban como de los pequeños pueblos que íbamos encontrando junto a la carretera, como el de Eide.






En la bifurcación nosotros teníamos que continuar hacia la derecha por la carretera 7 dirección Eidfjord, lo que implicaba atravesar un túnel, pero justo a la entrada de éste nos volvieron a parar por obras, aunque esta vez no llegó a 10 minutos.






El túnel de Vallavik, de 7,5 kilómetros, nos sorprendió por tener una rotonda en su interior, algo que habíamos visto en fotos pero no sabíamos que era aquí uno de los sitios donde se podían ver.






Pero aún nos quedaban más sorpresas. Esta rotonda permite desviarse hacia Ulvik por la carretera 572 pero nosotros continuamos por la 7 y nos encontramos con el Hardangerbrua o puente de Hardanger, el puente colgante más largo de Noruega con casi 1400 metros de longitud. Se construyó en 2009 para sustituir la conexión en ferry entre Bruravik y Brimnes y su elevado coste explica los altos peajes de la zona, ya que tras atravesarlo se entra obligatoriamente en otro túnel, también con rotonda en su interior, en el que hay que pagar un peaje de 150 NOK (cerca de 20 €), ya que sufragan el 63 % del coste del puente con estas tasas.

La rotonda permite elegir entre seguir por la carretera 7 hacia Eidfjord o coger la 13 dirección Kinsarvik y el PN Hardangervidda. Nosotros, algo cansados ya de obras y peajes, continuamos hacia Eidfjord con idea de aprovechar el tiempo por allí.





Pasado el pueblo de Eidfjord encontramos el Centro de visitantes a unos 7 km, abierto en verano de 9 a 19 horas, con exposiciones en 3 plantas, zonas interactivas y una película panorámica. El precio de la entrada para adultos es de 120 NOK. Nosotros simplemente preguntamos por rutas por la zona y nos dieron el mismo folleto que nos habían dado por la mañana.

Al otro lado de la carretera hay un gran edificio con una tienda de recuerdos, baños y cafetería. Allí vimos las cálidas pieles de reno y una muestra del Bunad, traje típico de Noruega, que varía de una zona a otra y que es una versión reciente del traje folclórico regional.






Continuamos por la carretera 7 a través del valle de Mabodalen hasta la cascada de Voringsfossen. Este valle es bastante estrecho y la carretera con el fin de superar fuertes desniveles atraviesa varios túneles, algunos de ellos con forma de sacacorchos dentro de la propia montaña, lo que se hace realmente curioso. Para visitar la cascada se puede dejar el coche en un aparcamiento cercano un par de kilómetros antes de llegar a ella, o en el parking del Hotel Fossli señalizado algo más adelante.





Nosotros optamos por la primera opción. Se trata de un aparcamiento creado específicamente para las cascadas con cafetería y miradores.








El primero de los miradores se encuentra junto a la carretera, a menos de 5 minutos a pie del parking y desde él tenemos una primera perspectiva espectacular de la cascada, con el Hotel Fossli sobre ella.



Desde ahí nos dirigimos al mirador principal junto a la parte superior de la cascada, a unos 20 - 30 minutos andando del aparcamiento. El camino no está señalizado y aunque de inicio es claro, ya que hay que seguir la pista principal que pasa junto a los baños, tras pasar el puente de piedra bajo el que se encuentra la cascada, hay que tomar un sendero a mano izquierda junto a una piedra que nos indica el nombre del puente, Voringsfos bro, y el año de su construcción, 1915.




A partir de ahí se trata de una senda entre árboles la mayor parte del camino, hasta llegar al mirador. Esos días se encontraban en obras, como medio país, y parte de él estaba vallado. Aún así pudimos disfrutar de unas vistas increíbles tanto de las cascadas como del valle de Mabodalen.







La cascada de Voringsfossen se encuentra en un extremo del Parque Nacional Hardangervidda, en el altiplano del mismo nombre y a unos 10 kilómetros del glaciar Hardangerjokulen. Esta enorme meseta, una de las mayores del norte de Europa con altitudes entre 1000 y 1300 metros, estuvo en sus orígenes cubierta de hielo. Cuando el hielo comenzó a retroceder, los ríos fueron excavando profundas gargantas en las rocas que dieron lugar a cascadas como esta o la cercana de Valurfossen. Tiene 182 metros de altura, 145 de caída libre, lo que no la permite entrar en el ranking de las más altas del país pero si en el de las más espectaculares. El río Bjoreio que la origina se reguló en 1980 para obtener energía hidroeléctrica, lo que provocó una disminución del caudal de la cascada, garantizándose un mínimo de 12 metros cúbicos por segundo en los meses de verano. Durante la primavera aun se alcanzan gracias al deshielo máximos de caudal de 150 metros cúbicos por segundo como en épocas previas al proyecto.





Tras disfrutar un rato de las vistas volvimos hacia el coche ya más ligeros que durante la subida y disfrutando más del entorno. A la base de Voringsfossen se puede acceder andando en una ruta de hora y media (ida y vuelta), a través de una senda que sale de Storegjel, junto a la salida superior del túnel de Mabodalen.




Antes de marcharnos nos acercamos al único de los miradores señalizados que nos quedaba por ver. Desde ahí las vistas son buenas de las cascadas del otro lado del valle pero no de la Voringfossen, de la que sólo se ve su parte inferior, aunque no nos arrepentimos para nada de ir hasta allí ya que el arcoiris hizo acto de presencia y nos dejó unas imágenes preciosas.





















Como ya era algo tarde para hacer una ruta pero pronto para irnos al alojamiento decidimos seguir avanzando por la carretera 7 viendo qué nos deparaba. Llegamos hasta Sysendammen, una de las presas de escollera más largas del país con 1160 metros de longitud, con buenas vistas de las montañas nevadas de alrededor y que cuenta con paneles explicativos sobre su construcción.



Aunque no habíamos hecho muchos kilómetros estábamos algo cansados en nuestro primer día recorriendo los fiordos, por lo que decidimos dar la vuelta y poner rumbo a Eidfjord. Paramos un momento en nuestro alojamiento para esa noche, las cabañas de Eidfjord Gjestgiveri, para hacer el check-in y estar descuidados, ya que nos quedaba de paso.




Después nos dirigimos hasta Eidfjord, donde compramos en el supermercado algunas cosas que nos faltaban y buscamos su iglesia del siglo XIV de piedra, pero no tenía nada de especial, era un edificio blanco encalado que se encuentra próximo la iglesia actual de madera y que destaca por no estar hecho de ese material como la mayoría de iglesias antiguas en Noruega.


Para alargar un poco más la jornada cogimos la carretera Fv103 que recorre el valle de Simadalen durante unos 9 kilómetros hasta que deja de estar asfaltada. Se pasa cerca de la estación hidroeléctrica Sima al final del fiordo de Eifjorden, una de las mayores de Europa y en la que se realizan visitas guiadas en verano y para grupos bajo petición todo el año.













Sobre las 19:30 volvíamos al alojamiento para disfrutar de nuestra pequeña cabaña, hacer la cena y descansar para coger fuerzas para el resto del viaje.