En nuestro viaje por Eslovaquia los grandes protagonistas eran los Tatras y para conocerlos más a fondo no podíamos irnos sin visitar su parte norte, aunque eso implicara cambiar de país y cruzar la frontera con Polonia. Así que durante la organización del viaje decidimos pasar 2 noches en Zakopane y aprovechar para visitar también esta popular población polaca.
El camino entre Poprad y Zakopane nos lleva a bordear la cordillera por su parte este, una zona que cuenta con numerosos atractivos, especialmente históricos y culturales.

Empezando por el propio Poprad que no debemos abandonar sin visitar su origen, el casco antiguo de Spisska Sobota ubicado a pocos minutos de donde nos habíamos alojado esas 2 noches.
Con registros anteriores al año 1256, Spisská Sobota destaca por su iglesia católica de San Jorge del siglo XIII que cuenta con altares de madera únicos del gótico tardío.
Aunque la zona no es muy grande, apenas va más allá de una plaza empedrada, hay varios edificios destacados como los archivos, la biblioteca, el teatro, un museo o la casa de cultura, que cuentan en su mayoría con diversas exposiciones permanentes y temporales.
Y por supuesto las numerosas viviendas con fachadas de colores pastel y estilo aburguesado que rodean toda la plaza.
En el centro, junto a la iglesia, encontramos la columna mariana de la Inmaculada del siglo XVII y el curioso campanario con 4 campanas en su interior, la más antigua de la segunda mitad del siglo XIV.
Entre las numerosas localidades de la zona que también merecen una visita están
Levoca o Spis. La primera, patrimonio de la Humanidad, es la antigua capital de la región con un casco histórico muy bien conservado compuesto por más de 50 casas aburguesadas y patricias rodeando la plaza principal, muchas de las cuales aún llevan el nombre de sus antiguos propietarios. El ayuntamiento y la torre, originariamente góticos, recibieron un rebozo renacentista en 1551, convirtiéndose en uno de los edificios más bonitos de Levoča. En su interior se encuentra el museo de la región, en donde se exponen trajes típicos y objetos diversos de la ciudad en salas forradas de madera. Las murallas, que se empezaron a construir en el s. XIII, rodean todo el centro histórico de la ciudad.

En cuanto a
Spis es famoso por su castillo,
Spišský hrad, también Patrimonio de la Humanidad de la Unesco junto a
Spisská kapitula (conjunto medival que comprende la catedral, un monasterio y una calle amurallada) y es uno de los castillos más grandes de Europa central con un área de 41.426 metros cuadrados. El castillo se incendió en 1780 y desde esa fecha se mantuvo en ruinas hasta hace un par de décadas que se está reconstruyendo. Habíamos leído que desde la carretera 547 ya se tienen bonitas vistas del castillo y del pueblo y que hay 2 aparcamientos para dejar el coche: uno pequeño gratuito en Spišské Podhradie con vistas del castillo interesantes pero mayor desnivel a superar y otro a unos 10 minutos de la entrada principal que además es más recomendable en caso de lluvias. Toda la información actualizada sobre precios y horarios la encontramos en su
web.
En nuestro caso viajando con un peque no teníamos tiempo de visitarlo todo y teníamos que renunciar a algo así que finalmente nos decantamos por Kezmarok, con un pequeño casco antiguo, numerosas iglesias y un castillo de 1463. Su origen parece estar en el siglo XIII como lugar de asentamiento de pescadores.
La iglesia luterana nueva, del siglo pasado, llama la atención por su aspecto de fortaleza pseudo-morisca en colores verde y rojo. En su interior se halla el mausoleo de Imre Thököly, conde húngaro héroe de las insurrecciones contra los Habsburgo.
A su lado está la antigua iglesia evangélica de madera, Drevený kostol, construida sin utilizar ni un solo tornillo en 1717. Su interior con forma de cruz de madera tallada y pintada destaca por su rico altar mayor, un púlpito tallado y una pila bautismal de 1690, lo que le llevó a entrar en la lista Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en el año 2008.
Y frente a ellas una iglesia ortodoxa, mucho más modera pero para nosotros llamativa porque es algo que no estamos acostumbrados a ver.
Quedan algunos restos de las antiguas murallas de la ciudad, como la Puerta Baja (nizna brána). En la esquina sur del casco antiguo, por Priekopa, se pueden ver fragmentos de la muralla de la ciudad y un baluarte, ambos reconstrucciones del siglo XIV.
La ciudad estaba situada en una importante ruta comercial entre Oriente y el norte de Europa y por eso se desarrolló rápido.
El ayuntamiento, en el centro del casco histórico y de estilo neoclásico, es uno de los edificios emblemáticos de la ciudad.
Además esta calle principal, al ser semipeatonal, tiene bastantes cafeterías, terrazas y ambiente de gente paseando, algo que se pierde cuando nos salimos a calles aledañas.
Para aparcar nosotros optamos por el aparcamiento de un supermercado a las afueras aprovechando que teníamos que hacer compra pero vimos carteles informativos sobre las zonas permitidas con sus precios.
No es demasiado grande así que se puede ver tranquilamente en una mañana o incluso menos.
El castillo, construido en 1462, se quemó en numerosas ocasiones y en el siglo 20 se hizo la última adaptación romántica por la familia Thököly.


En 1931 se estableció aquí el museo de la ciudad que acoge diferentes exposiciones como una de vehículos históricos, además de obras de teatro en las noches veraniegas. Toda la información para visitarlo como horarios o tarifas en su
página web.
Cerca del castillo encontramos una zona de casas donde se ubicaban antiguamente el mercado y los artesanos de la ciudad.
Aunque se pueden visitar otros pueblos como Zdiar, fundado en el s. XVII y que conserva casas de madera montañesas decoradas que han sido restauradas, nosotros optamos por no parar y disponer de más tiempo para conocer el lago de Morskie Oko, ya al otro lado de la frontera polaca.
En cualquier caso ya sólo el paisaje en estas carreteras merece la pena.
Al cruzar la frontera no hay que hacer ningún trámite especial, en la empresa de alquiler de coches ya habíamos consultado y pagando la tasa correspondiente por cambio de país (49€) no se pedía nada más.
Morskie Oko se encuentra dentro del Parque Nacional de los Tatras y sólo se puede llegar a él caminando desde un aparcamiento de pago al que se accede por carretera secundaria.
Este aparcamiento se puede reservar
online con antelación y de hecho es conveniente porque se puede llenar y además el precio varía. Suele costar entorno a 36 zl y esto también influye a la hora de comprarlo, al hacerlo online podemos utilizar una tarjeta como
Revolut donde no nos cobran comisiones por el cambio de divisa.
Aunque recomiendan ir a primera hora a nosotros nos cuadró en el itinerario por la tarde y lo hicimos después de comer pero no tuvimos mucho problema, encontramos algo de cola al llegar pero pudimos aparcar bien, aunque es claramente un sitio turístico donde vas a encontrar mucha gente a cualquier hora del día.
Esto se debe a que es el lago más grande y famoso de los Tatras. De hecho, llegó a aparecer en los billetes de 20 zlotys a principios del siglo XX.
Su nombre actual significa "ojo de mar" porque según una antigua leyenda estaría conectado con éste por una galería subterránea pero antiguamente era conocido como el Lago de los peces por ser uno de los pocos de la zona con abundancia de truchas. Es además el cuarto más profundo de los Tatras y está ubicado a casi 1.400 metros de altitud.
Para llegar hasta él desde el aparcamiento hay que caminar por un camino asfaltado en un recorrido que suponen 7,5 km ida y vuelta y 400 metros de desnivel pero son llevaderos porque la pendiente es bastante suave en general (track en
Wikiloc)
Se puede hacer con niños, pudiendo llevar incluso carrito, aunque una vez en el lago habría que dejarlo arriba porque el acceso al agua sí es por escaleras y piedras.
Aquí encontramos además un par de edificios históricos que hoy día actúan como
refugio y en el más grande sirven comida y hay baños. De camino encontramos otros 3 puntos con WC y un bar o
chata.
Si vamos con niños hay que tener en cuenta que el recorrido lleva más tiempo por lo que conviene contar con al menos 3 horas en cada sentido.
Se puede hacer un poco pesado al ser por asfalto todo el rato y mayormente entre bosque pero en algunos puntos que se abren las vistas podremos disfrutar del entorno espectacular. Junto al lago de hecho se encuentra la cumbre más alta de los Tatras polacos, el pico Rysy, de casi 2500 metros de altitud.
También encontramos pequeños "atajos", caminos empedrados algo incómodos ya que acortan las curvas de la carretera pero con ello aumenta también la pendiente y el suelo es más irregular, aunque se puede agradecer si se camina bien para no alargar en exceso la ruta.
Lo que no recomendamos es subir en los carros que ofrecen tirados por caballos, están los pobres animales allí todo el día amarrados y es una forma de explotación animal totalmente innecesaria.
Por el camino encontramos alguna cascada impresionante y varios saltos de agua.
Y es que la mayor parte del recorrido es paralelo al río Bialka que recoge las aguas provenientes del lago hasta formar la frontera natural entre Polonia y Eslovaquia.
Una vez en el lago éste se puede rodear o se puede continuar y alargar la ruta subiendo por ejemplo hasta un lago próximo, Czarny Staw pod Rysami, aunque nosotros no lo hicimos por falta de tiempo.
El regreso se hace por el mismo camino, ahora ya de bajada por lo que es algo más rápido, aunque al ser ya conocido se hace un poco más pesado.
Como enlaces útiles en relación a esta excursión dejamos a continuación un par de blogs que a nosotros nos ayudaron a llegar allí con más información, ya que aunque es una zona turística no es tan conocida entre nuestras fronteras:
Para dormir habíamos reservado una habitación en un alojamiento a las afueras de Zakopane para esa noche y la siguiente, aunque fue el que menos nos gustó del viaje y no lo recomendamos.
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