Ya habíamos pasado el ecuador del viaje y, aunque preocupados por el problema con los frenos, nos despertamos ilusionados con lo que estaba por llegar: Etosha!!
Era sin duda el objetivo principal del viaje por la cantidad y variedad de fauna salvaje que allí habita aunque eso era un arma de doble filo, porque a veces cuando esperas mucho de un lugar es cuando más te decepciona. El desierto del Namib o Spitzkoppe nos habían sorprendido muy para bien y estábamos impacientes por ver si sucedería igual con este parque nacional del que tanto habíamos oído hablar.
Nos levantamos muy pronto porque teníamos casi 600 kilómetros hasta nuestro camping de esa noche en Etosha y ahí sí o sí teníamos que llegar antes del atardecer porque cerraban sus puertas. Además, estábamos pendientes de que nos avisarán por el tema de los frenos y no sabíamos lo que nos retrasaría. Aunque el madrugón mereció la pena.
Si las luces del atardecer nos habían enamorado las del amanecer no se quedaban atrás y las vistas desde el camping eran impresionantes.


