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viernes, 26 de febrero de 2016

Lunde Turiststasjon, cabaña en el corazón de Sogn og Fjordane


El alojamiento de nuestra octava noche en Noruega fue Lunde Turiststasjon, en la comarca de Sogn og Fjordane. No es un pueblo en sí, sino un complejo turístico formado por cabañas, apartamentos y habitaciones en el edificio principal en el que se encuentra además la recepción.



Nosotros habíamos reservado a través de Booking una cabaña con cocina y baño compartido por 450 NOK (se puede pagar allí con tarjeta). Aunque era muy sencilla el entorno era espectacular y el precio bastante bueno dentro de lo que es Noruega.



La cabaña consta de una habitación con 4 literas y un salón/cocina. Hay televisión y wifi gratis pero no hay utensilios de cocina ni fregadero. Éstos están disponibles en la cocina comunitaria, que se encuentra en el mismo edificio que los baños, a poca distancia de las cabañas (edificio que se ve al fondo en la foto anterior). En la cocina común también hay una mesa para comer, de hecho nosotros cenamos allí. La cocina estaba bastante bien pero los baños son pocos y no estaban demasiado cuidados.




Uno de los elementos destacados es un jacuzzi al aire libre que se puede utilizar por 100 NOK por persona y hora. Asimismo disponen de lavadoras por 30 NOK.



En resumen es un alojamiento sencillo pero recomendable para aquellos a los que les guste la tranquilidad y no les importe estar lejos de la civilización. Tienen distintas opciones de alojamiento para todos los gustos, con mayores comodidades pagando más o algo básico a un precio ajustado.


jueves, 28 de enero de 2016

Stordal Camping, pequeña cabaña en Stordal


El Stordal Camping es el lugar donde pasamos la séptima noche del viaje, en una pequeña cabaña o bungalow para 2 personas. El camping se encuentra a las afueras de la pequeña localidad del mismo nombre, junto a la bahía Stordalsvika perteneciente al Storfjorden. En el pueblo hay un supermercado Coop que abre de 9 a 20 horas, además de gasolinera, oficina de correos y banco.



Siguiendo las señalizaciones de camping que hay en la carretera 650 llegamos hasta la recepción, donde nos entregaron las llaves de la cabaña y nos dieron indicaciones sobre las instalaciones. La cabaña la habíamos reservado a través de Booking e indicaban que la entrada había que hacerla obligatoriamente entre las 15 y las 21 horas, lo cual para nosotros ese día no era un problema y llegamos con tiempo de sobra.



El camping ocupa una gran explanada verde, en la que comparten espacio tiendas de campaña, bungalows, caravanas y cabañas, algunas ocupadas como segunda residencia. 



Habíamos reservado la cabaña más barata que había, 350 NOK (de hecho fue el alojamiento más barato del viaje) y no incluía baño privado, pero tuvimos suerte y se encontraba bastante cerca del edificio de servicios en el que se encontraban los baños, un cuarto de lavandería (de pago) y una cocina. Utilizar las duchas costaba 10 NOK por uso.





Nuestro hogar para esa noche era un pequeño bungalow de madera de un único espacio interior con porche, sencillo pero bastante apañado y en buenas condiciones, bastante nuevo y limpio.




Dentro había dos camas individuales, que aunque estaban separadas se podían mover y poner una al lado de la otra, una nevera, una pequeña mesa, una cocina eléctrica y un pequeño armario con los utensilios de cocina básicos. Lo peor es que no tenía fregadero, por lo que había que ir a lavar los platos al edificio común, aunque al tenerlo cerca no fue mucho problema y además estaba bastante nuevo y cuidado.




En conjunto el alojamiento estaba bastante bien, en especial en relación calidad / precio. Uno de los defectos que tenía es que aunque había wifi llegaba un poco justa la señal a la cabaña, pero el precio y el buen estado de las instalaciones lo compensaban. Sin duda lo recomendaríamos si se está por la zona y se busca un alojamiento barato en buenas condiciones.



sábado, 2 de enero de 2016

Kvila Turistheim, cabañita en Garmo (Lom)


La sexta noche del viaje la pasamos en Lom, era una de las pocas que tuvimos claras desde el principio por el recorrido que pensábamos hacer. Buscando por la zona encontramos las cabañas de Kvila Turistheim que no tenían mala pinta y a bastante buen precio. Reservamos a través de Booking una cabaña para dos con cocina sin baño por 376 NOK, que pagamos una vez allí con tarjeta de crédito. 



Junto a la carretera se encuentra el edificio principal que además de recepción y cafetería cuenta con varias habitaciones para huéspedes. Allí hay también wifi gratis, pero éste no llega hasta las cabañas, aunque nos dijeron que podíamos estar ahí usándolo todo el tiempo que quisiéramos.




En el terreno situado detrás de el edificio están las cabañas de distintos tamaños. La nuestra era una de las cuatro disponibles para dos personas que no disponen de WC en su interior. Los baños compartidos (uno para hombres y otro para mujeres) se encuentran en el sótano del edificio principal, accediendo a ellos por la parte de atrás.



Nuestra cabaña destacaba por ser la única con tejado de turba, tal y como las hacían antes, ya que, por lo que nos comentó el dueño, era la más antigua de las que tenían. Cuando le dijimos que éramos españoles nos empezó a hablar de Alicante y de pueblos del interior ya que él y su mujer pasaban largas temporadas en España, escapando del rigor del invierno noruego y eran fans del estilo de vida en nuestro país, con largas sobremesas después de las comidas y mucha vida en la calle con familia y amigos.



Su interior era básico pero aceptable, con 4 camas individuales divididas en dos literas, una cocina pequeña y una mesa con sillas. Como en otras cabañas, proporcionan los edredones nórdicos y las almohadas pero la ropa de cama hay que llevarla. Además no dispone de fregadero, por lo que hay que lavar los platos en el baño o en la calle con una manguera que hay junto a ellos. Esto y el no demasiado buen estado de los baños era lo peor del alojamiento, aunque el precio y la amabilidad de los dueños lo compensaban.



En conjunto resulta bastante aceptable, sobre todo si se busca algo económico, de hecho fue el segundo más barato de todos nuestros alojamientos del viaje. También es cierto que fue probablemente el más austero, aunque al ser la cabaña más antigua no sabemos si ocurría lo mismo con el resto.


viernes, 18 de diciembre de 2015

Viki Fjordcamping, cabaña cerca de Gaupne


El camping Viki está situado en un enclave privilegiado, junto a la carretera 55 a unos 300 metros del pueblo de Hoyheimsvik, a orillas del fiordo Lustrafjorden, ramal del Sognefjorden en la parte final del mismo.

La mayoría de las cabañas se encuentran a escasos metros del agua. Desde ellas se puede ver el embarcadero del camping, otros pueblos y el fiordo casi al completo, incluida la espectacular cascada Feigefossen de 218 metros de altura justo enfrente.






El camping dispone en total de 13 cabañas de distintos tamaños y características, además de zona de acampada con toma de electricidad para unos 15 campistas. Los precios de las cabañas varían según las fechas, su tamaño o en función de si cuentan con cocina y baño o no, y es posible pagar con tarjeta de crédito.

Para reservar en el camping hay que enviarles un e-mail, ya que no disponen de reserva on-line, y en verano conviene no dejarlo para última hora ya que es bastante conocido y puede llenarse fácilmente. Nosotros escribimos unas 3 semanas antes preguntando si tenían alguna cabaña disponible con cocina para 2 personas en esa fecha y nos respondieron ese mismo día que contaban con una con baño y ducha por 650 NOK la noche. Lo escogimos porque nos iba bien esa zona según el recorrido que llevábamos preparado y porque habíamos visto en otros blogs que la gente lo ponía muy bien y la verdad es que fue de los mejores en los que estuvimos, aunque también el más caro (salvo por el hotel de Bergen claro).



Aunque las camas son dos literas, la de abajo es bastante ancha por lo que entran perfectamente dos personas. De hecho en la web del camping la anuncian como cabaña para 3, por lo que es perfecta para una familia con un niño. Las sábanas, como es habitual en los países nórdicos, no están incluidas pero se pueden alquilar en la recepción, mientras que el edredón nórdico y la almohada sí están disponibles gratis en la cabaña. Nosotros llevábamos nuestros prácticos sacos sábanas que compramos para la travesía de Cavalls de Vent, que no abultan nada y nos vinieron muy bien.



En la recepción hay wifi que llega a las cabañas un poco justo, al menos a la nuestra no llegaba con mucha intensidad y tampoco estaba demasiado lejos.

Además se pueden alquilar botes, canoas y lanchas a motor para navegar por el fiordo, así como material de pesca para probar suerte.

En conjunto se trata de un lugar altamente recomendable, tanto por las instalaciones como por su espectacular entorno.




domingo, 27 de septiembre de 2015

Eidfjord Hytter, cabaña a las afueras de Eidfjord


Nuestra primera noche en los Fiordos la pasamos en la zona de Eidfjord. Con la idea de hacer el presupuesto lo más ajustado posible, habíamos reservado los alojamientos con bastante antelación, todos ellos cabañas por ser lo más barato que encontramos.

Eidfjord Hytter son 6 cabañas que pertenecen a Eidfjord Gjestgiveri, un bed & breakfast a 6 km de Eidfjord, en la población de Ovre Eidjford. Se trata de un edificio blanco de madera junto a la carretera que cuenta con 8 habitaciones dobles y ofrece desayunos.



Nosotros nos quedamos en una de las cabañas, todas ellas para 2 personas y que se encuentran junto al edificio principal, con un precio de 480 NOK la noche (apox. 54 €). Aparte se puede reservar el desayuno por 90 NOK/persona o alquilar sábanas y toallas por 75 NOK el juego.



Cada cabaña cuenta con dos camas (se pueden juntar) con almohadas y nórdicos, cocina eléctrica de dos placas con fregadero y nevera y una mesa con dos sillas. Además dispone de utensilios de cocina, lo que era importante para nosotros que llevábamos comida para cocinar allí pero nada para hacerlo. Los baños están bajo el edificio principal, con varias duchas y retretes para ambos sexos. No estaban mal aunque tampoco especialmente cuidados.




La recepción está en el edificio principal, un lugar curioso con decoración algo recargada pero que llama la atención. La entrada está indicada entre las 15 y las 21 horas. Hay wifi pero la señal no es muy buena y apenas llega a las cabañas, aunque el dueño nos comentó que podíamos estar en el edificio el tiempo que necesitáramos.



En conjunto la experiencia fue buena para ser la primera noche, a lo largo del viaje encontramos alojamientos mejores y peores. El mayor inconveniente era que los baños estuviesen algo lejos, pero se llevaba bien. Sitio sencillo pero aceptable y de lo más barato de la zona, por lo que probablemente repetiríamos.


domingo, 21 de diciembre de 2014

Cabaña a las afueras de Húsavík


La séptima noche del viaje la pasamos en las cabañas Kaldbaks-kot, que se encuentran a unos 500 metros al sur de Húsavík, entre la carretera 85 y la bahía de Skjálfandi.



Los precios del alojamiento en Islandia son algo prohibitivos, especialmente fuera de Reykjavik, siendo difícil encontrar algo para 2 personas por menos de 100 € la noche, aún fuera de temporada alta. Por eso entre otras cosas optamos por la campervan, aunque quisimos darnos el capricho de pasar una noche bajo techo a mitad del viaje para que no se hiciera tan pesado. Tras mucho buscar encontramos estas cabañas por 95 € (o 49 € sólo habitación, sin cocina ni baño) y las reservamos por internet, tras mandarles algún e-mail preguntando por las condiciones.

Para reservar te dan la opción de enviar el número de la tarjeta por e-mail para hacer el cargo en caso de no aparecer o no cancelar al menos 7 días antes, o realizar un depósito on-line a través de una web de reservas con el importe de una noche, que luego te devuelven menos 15 € de tasa si cancelas antes de una semana. Nosotros escogimos la segunda opción porque, aunque nos arriesgábamos a perder los 15 euros en caso de tener que cancelar, nos parecía más seguro que enviar nuestro número de tarjeta por e-mail.



La cabaña en la que nos quedamos, de unos 20 metros cuadrados, disponía de baño con ducha, una habitación con cama doble y un salón - cocina como espacio principal. Están completamente equipadas, con televisor, radio, nevera, tostador, cafetera, horno - microondas, wifi y calefacción. Como es habitual en Islandia, las toallas y sábanas no están incluidas, suelen contar sólo con un edredón nórdico, y se pueden alquilar por 13 € por persona. En estos alojamientos además te daban la opción de cobrarte 19 € por la limpieza final o que lo dejásemos todo limpio y recogido para evitar pagarlo.


En general la cabaña estaba bastante bien y estuvimos muy a gusto. Hay que contar con que en Islandia el agua caliente tiene como origen las fuentes geotermales de la zona, por lo que tiene un cierto olor a azufre que para los no acostumbrados resulta un poco extraño pero es cuestión de hacerse a ello.

Las cabañas también tienen un porche con buenas vistas a la bahía y a un pequeño lago próximo, que tiene que ser una maravilla para el verano y hacer comidas fuera.



Entre las cabañas hay caminos que permiten recorrer la zona, pudiendo encontrar entre ellos alguna barbacoa y pequeños jacuzzi.





Como llegamos casi de noche no pudimos disfrutar mucho de todo ello, pero al día siguiente antes de irnos bajamos hasta el lago junto a la bahía y la verdad es que nos gustó mucho el lugar, ojalá algún día podamos volver y pasar allí un tiempo de relax.




sábado, 20 de diciembre de 2014

Día 7 en Islandia (15/09): Alrededores de Mývatn y ballenas en Húsavík


Aunque el cansancio se empezaba a acumular ya, el séptimo día nos levantamos ilusionados porque al final del día realizaríamos la salida en barco desde Húsavík para intentar ver ballenas. La mañana la íbamos a dedicar a recorrer los alrededores del lago Mývatn de unos 30 km de perímetro. 




Ese día no madrugamos demasiado porque llevábamos sueño acumulado y teníamos tiempo suficiente en principio para lo que pensábamos ver. Tras recoger todo y desayunar en el camping de Reykjahlíð nos dirigimos a la primera parada del día, la fuente termal de Grjótagjá. En las cercanías de la cueva, podíamos hacernos una idea en superficie de lo que bullía en el interior...

Grjótagjá es una fuente de agua caliente en el interior de una cavidad que durante años ha sido utilizada por la población de la zona como lugar de baño. Sin embargo, tras la última erupción del Krafla hace unos 30 años, la temperatura del agua subió hasta los 60 ºC por lo que éste fue prohibido, si bien en la actualidad ha descendido algo y hay gente que se atreve a meterse pese a la prohibición. Se puede acceder a ella, bien desde la Ring Road nada más pasar Reykjahlíð por una carretera asfaltada y señalizada o desde la 848 por una pista de gravilla.



La entrada a la cueva está algo complicada, es posible acceder desde 2 puntos pero luego resulta difícil moverse por dentro de la cavidad ya que apenas hay espacio y grandes bloques de piedra se amontonan unos con otros. En la superficie lo que se observa es una gran fisura que recorre toda la zona, por la que se puede pasear con precaución. Por allí se desarrolla también la ruta 29 de la guía Rother (1ª edición), que se puede combinar con la ascensión al cercano cráter Hverfjall.



Esa ruta pasa también por otra fuente termal de la zona famosa, Stóragjá, pero no teníamos demasiado tiempo para hacer la ruta y no veíamos claro como llegar en coche hasta allí ya que no habíamos visto ninguna señal, por lo que nos quedamos con el recuerdo de Grjótagjá y continuamos con el recorrido por los alrededores de Mývatn.




Como habíamos accedido a ella por la carretera asfaltada desde la Ring Road, continuamos por la pista de gravilla hasta conectar con la carretera 848 que bordea el lago Mývatn por la zona Este - Sur. Esta pista no estaba en malas condiciones por lo que pudimos disfrutar del colorido paisaje tan espectacular en esta época del año.




Aproximadamente un kilómetro y medio después de salir a la carretera 848 la abandonamos de nuevo rumbo a Dimmuborgir. El acceso está señalizado y se trata de una carretera asfaltada que acaba en el propio aparcamiento, donde hay además una cafetería.



Dimmuborgir significa "castillo oscuro" en relación a las curiosas formaciones rocosas negras que lo componen, consecuencia de la solidificación de la lava en su camino hacia Mývatn.





El acceso a esta zona es gratuito y se puede recorrer mediante varios caminos, todos ellos señalizados. Al entrar hay un mapa donde aparecen todas las variantes. Nosotros optamos por la versión larga, de alrededor de 1 hora, que lo rodea casi por completo.




El contraste de la lava negra con los distintos colores otoñales de la vegetación que la rodeaba era increíble, cada poco teníamos que parar a hacer fotos para inmortalizarlo.




Durante todo el recorrido se van encontrando distintas formaciones curiosas...




... aunque probablemente la más famosa sea el arco conocido como Kirkja (iglesia en islandés) que forma una pequeña cueva a la que se puede entrar.



Continuamos con nuestro recorrido circular por Dimmuborgir, dirigiéndonos ahora hacia otra de sus formaciones características, un agujero en la roca que es posible atravesar. De hecho, siguiendo por el camino que lo cruza se puede llegar hasta el cráter de Hverfjall (ruta 26 en la 1ª edición guía Rother), otro de los lugares de interés junto al lago Mývatn y que visitamos también ese día.








Al estar en un alto, desde esta formación rocosa a la que podríamos denominar "el agujero" (aunque seguro que muchas mentes ocurrentes le encuentran nombres mejores...), se tienen buenas vistas de Dimmuborgir.








En lugar de continuar por el camino que permitía llegar hasta Hverfjall andando desde allí, preferimos regresar al coche y acercarnos al cráter por carretera, para evitar alargarnos en exceso. Luego descubriríamos que acertamos con la decisión ya que la subida al cráter por ese camino es bastante más dura que desde el parking junto a la carretera.

Durante el camino de vuelta nos despedimos de este paraje tan peculiar que con sus colores y formas curiosas había conseguido cautivarnos.



Incluso desde el propio aparcamiento, las vistas son espectaculares, por lo que no pudimos evitar dedicarle unos minutos a hacer alguna foto del entorno.






Para acceder al cráter Hverfjall hay que retroceder hasta la carretera 848 y tomar una desviación anterior señalizada, a aproximadamente 1 km, por una pista sin asfaltar pero en buenas condiciones. En caso de rodear el lago en el sentido de las agujas del reloj y querer visitar Hverfjall con el coche, convendría acceder a él antes que a Dimmuborgir. En nuestro caso lo de este día fue un poco improvisado, porque no teníamos claro si ir andando desde Dimmuborgir o en coche y fuimos cambiando de planes sobre la marcha.




Hverfjall es un cráter de 140 metros de alto y 1 km de diámetro, desde el que se tienen buenas vistas del lago Mývatn.


Al fondo se puede distinguir el monte Vindbelgur, de 529 metros y otro de los puntos importantes para obtener unas excelentes vistas del lago. La ruta 28 de la guía Rother describe el ascenso hasta él, de 1 hora de duración y 260 metros de desnivel.




Donde acaba la pista hay un aparcamiento donde se puede dejar el coche y desde el que en unos 30 minutos se llega a la cima del cráter por un camino de piedras algo empinado, aunque se puede subir bien.





Ese día hacía algo de viento y en una zona como esa tan expuesta resultaba muy molesto, con momentos en los que el aire incluso levantaba piedrecillas del suelo que nos golpeaban, por lo que recorrimos una parte de su perímetro y enseguida volvimos hacia el coche. Sin embargo, merece mucho la pena subir aunque sea un momento, ya que tanto el propio cráter como las vistas del entorno son magníficas.






Avanzamos hasta donde llegaba el camino que venía desde Dimmuborgir, por el que se veía llegar a algunas personas, y pudimos comprobar que entre la fuerte pendiente y el viento era sin duda un acceso mucho más complicado. Nosotros emprendimos rápidamente la bajada, deseando librarnos del molesto viento. pero disfrutando aún de los alrededores.



Nuestra siguiente parada iba a ser en teoría el bosque de la península de Höfði, pero al pasar la primera vez no vimos el desvío, por lo que continuamos hasta los pseudocráteres de Skútustaðir, al sur del lago. 

De camino paramos en un mirador junto a la carretera y muy próximo al agua, desde el que se veían también curiosas formaciones. 



Mývatn (cuya traducción literal es lago de los mosquitos por la abundancia de estos en su entorno), es el cuarto lago de Islandia en extensión con un área de 37 kilómetros cuadrados y cuenta con alrededor de 50 islas e islotes. Sin embargo es muy poco profundo, oscilando entre 1 y 4 metros.
Su entorno es famoso por su belleza pero especialmente por su avifauna, albergando una de las mayores poblaciones mundiales de ánades.
Al estar situado sobre la dorsal oceánica esta región es una de las zonas con mayor actividad volcánica del planeta, con una gran cámara de magma incandescente bajo su superficie, en algunos puntos a tan sólo 3 km de profundidad. Podéis encontrar más información de la región en esta web.




Continuamos por la carretera 848 hasta llegar a los pseudocráteres de Skútustaðir, en la zona sur del lago. Hay varios aparcamientos en la zona así como hostales y restaurantes. 




La zona más al oeste, donde está la mayor concetración de estas formaciones, se puede recorrer en una media hora por unos caminos bien delimitados (ruta 27 guía Rother). Si se quiere se puede prolongar el recorrido alrededor de todo el lago Stakhólstjörn empleando casi una hora más. 



Estas curiosas formaciones se denominan así por su parecido al cráter de un volcán, si bien su origen está en las explosiones que se produjeron al entrar en contacto la lava con el agua del lago. 






Por la zona había, como no podía ser de otra manera, montones de ovejas pastando a sus anchas...




Ese día ya sólo nos quedaba como cita ineludible la salida en barco desde el puerto de Húsavík para intentar ver ballenas. Como aún era pronto y puesto que el día anterior habíamos recorrido la parte Oeste del lago y no teníamos nada de interés que ver por allí, decidimos regresar de nuevo sobre nuestros pasos por la carretera 848 y así buscar el boque de Höfði que se nos había despistado.


De camino volvimos a parar en el mirador junto a la carretera, para esta vez dedicarle un poco más de tiempo. Se puede andar por los alrededores descubriendo las formas caprichosas que la lava a ido dejando a su paso.








Estuvimos un ratillo recorriendo la zona y haciendo fotos por los alrededores de la granja Kálfaströnd, y aunque el día no era muy bueno y no hacía nada de calor, al menos no llovía lo que era de agradecer.





De vuelta en el aparcamiento cogimos la furgoneta para continuar rumbo al Norte, esta vez fijándonos bien en todos los caminos que pudiesen llevarnos a la península de Höfði que se adentra en el lago. No tuvimos que esperar mucho y unos kilómetros después vimos el cartel que marcaba el desvío. Se debe dejar el coche en un parking que cuenta con baños. Tras pasar una verja, parecía que hubiesemos entrado en otro mundo, todo lleno de árboles a ambos lados del camino.  Esto, que en cualquier otro lugar sería de lo más normal, en Islandia es algo especial porque apenas hay bosques en todo el país.





Esta zona por supuesto no es una excepción y la abundancia de abedules y abetos son consecuencia de una cuidada repoblación. Además cuenta con algunos rincones preciosos como este pequeño jardín.



Recorriendo la península se puede acceder casi a la orilla del lago, desde la que se pueden ver los klasar, curiosas formaciones volcánicas como las que habíamos visto en el mirador junto a la carretera, pero que al estar dentro del agua resultan aún más bonitas.






Tras recorrer la península casi por completo regresamos al coche y pusimos rumbo a Húsavík. Allí habíamos visto el día anterior un restaurante junto a las oficinas de las empresas de avistamiento de ballenas que tenía buena pinta y ya nos tocaba comer a mesa puesta.

El Salka Restaurant resultó estar bastante bien, el local era agradable y comimos un plato principal bastante grande y muy rico con bebida por algo más de 15 euros cada uno, que para ser Islandia no está nada mal.




Antes de comer habíamos entrado a comprar los tickets para la salida en barco. Nosotros elegimos la empresa North Sailing porque hacía una salida por la tarde que nos venía mejor y de precio las dos que había allí eran parecidas. Además, teníamos un folleto con vales descuento, que no sabemos muy bien dónde lo conseguimos pero que probablemente se pueda encontrar en oficinas de turismo o incluso en el propio aeropuerto, con el que nos salían un 10 % más barato los tickets de esta compañía. En total nos salió por 111 € los 2 las 3 horas en barco por la bahía. Por lo que vimos, la otra empresa, Gentle giants, ofrece también salidas en zodiac para los más aventureros.

Como aun era pronto cuando acabamos de comer, dimos un paseo por el centro de Húsavík y por su puerto. Lo cierto es que la ciudad no tiene mucho que ver, es una de las más grandes del Norte de Islandia con más de 2.000 habitantes pero es más una ciudad de servicios que turística. Su nombre significa "casa de la bahía" y es considerada el asentamiento más antiguo del país, entorno al año 870 por vikingos suecos, pero su fama viene por ser habitualmente conocida como la capital europea del avistamiento de ballenas, ya que en la bahía de Skjálfandi se realizan multitud de salidas para ver estos cetáceos. En el centro de la ciudad hay un museo dedicado a ellas.

La iglesia blanca de 1907 junto a la carretera llama la atención, así como las casas de madera junto al puerto. Cuando se sale de la ciudad se aprecia también el entorno tan privilegiado en el que se encuentra, a los pies de la bahía y rodeada de montañas que pasan prácticamente todo el año con algo de nieve.




Finalmente llegó el momento tan esperado y pudimos subir al barco desde el que esperábamos cumplir otro de nuestros sueños, ver ballenas. 


En el barco te proporcionan ropa de abrigo e impermeable, hay buzos bastante gorditos para no pasar nada de frío y chubasqueros impermeables con los que es imposible pasar desapercibido...


La tripulación del barco la formaban el capitán y "Sigui" (no estamos seguros de que se escriba así). un chico muy majo que se encargaba de informarnos de todo, tanto medidas de seguridad, como curiosidades de la zona o características de las ballenas que se suelen ver. También se encargaba de repartir hacia el final de la travesía chocolate caliente y un bollo de canela para reanimar un poco el cuerpo. Éramos unas 15 personas, por lo que había espacio de sobra y nos colocamos en la zona delantera para intentar ver a ambos lados del barco.

Sin embargo ese día no tuvimos nada de suerte. Sigui había comentado al poco de salir que llevaban un par de días que apenas veían ballenas y esa tarde no fue diferente, por más que miramos a un lado y a otro no pudimos ver ninguna y la verdad es que el tiempo no acompañaba mucho. Lo máximo que conseguimos, y no todos lo vimos, fue ver un chorro de los que expulsan al respirar pero a bastante distancia. Nos dijeron que esto era muy poco habitual y que prácticamente siempre veían alguna, por lo que nos ofrecieron repetir la salida al día siguiente gratis si queríamos volver a intentarlo. Nuestra idea era continuar viaje por la mañana, ya que teníamos muchos kilómetros hacia nuestro próximo destino, la península de Snaefellsnes, pero cogimos el ticket que nos ofrecían para consultarlo con la almohada y decidirlo por la mañana.

Al salir del barco nos encontramos con una pareja de españoles que nos preguntaron qué tal había ido y si era recomendable o no. Les contamos nuestra experiencia y ellos nos dijeron que lo pensarían, ya que tenían que quedarse por la zona un par de días porque habían llamado para reservar un vuelo en helicóptero para ver desde el aire la fisura de Holohraun y no tenían hueco hasta entonces. Pese al precio elevado, entorno a 250 € por persona, parece que la iniciativa tenía mucho éxito. Supongo que como decían ellos, aunque era bastante dinero era una experiencia que probablemente no podrían volver a vivir.

Nosotros tuvimos que conformarnos con pasar esa noche bajo techo, lo que para nosotros ya era todo un lujo ya que era la única de todo el viaje (tras el fiasco del primer día con el retraso del avión) que teníamos reservado alojamiento. Se trataba de unas cabañas a las afueras de Húsavík que habíamos encontrado en Internet a relativamente buen precio para ser Islandia. Allí nos recibieron amablemente, nos dieron indicaciones sobre las cabañas y la salida del día siguiente y nos fuimos a descansar y disfrutar del maravilloso atardecer junto a la bahía.



En la próxima entrada un poco más de información sobre este alojamiento que tanto nos gustó.